En el sector empresarial también hay dudas sobre cómo llevar a buen puerto las relaciones laborales durante la pandemia de COVID-19 y la clave es hablar con transparencia y ética.

Ciudad de México, 22 de abril (SinEmbargo).- A la invitación del Consultorio Laboral de SinEmbargo llegó el correo de Karla, una microempresaria que siente desde ya las repercusiones económicas del coronavirus.

De su caso extrajimos dos preguntas concretas: ¿es legal que cierren mi negocio en la Ciudad de México a pesar de estar en la categoría de indispensable? y ¿cómo negociar con las y los trabajadores si no habrá dinero para seguir pagando ni a los proveedores?

Karla es la encargada del departamento de Recursos Humanos de una empresa familiar de la que dependen aproximadamente 80 empleados.

Su giro es nuestro giro es la refrigeración y aires acondicionados así como sus refacciones; tienen distintas sucursales en el país y la principal está en el centro de la Ciudad de México.

“Nos preocupa pues la sucursal principal en Ciudad de México desde hace meses tiene problemas de venta pues la calle en la que se encuentran los locales estaba en obras y dicha obra duró aproximadamente seis meses, debido a esa obra no podían pasar por ahí ningún automóvil, únicamente peatones que por obvias razones de abstenían de pasar por la tierra que había en la calle. Nuestros ingresos como empresa disminuyeron aproximadamente un 60 por ciento y estábamos medio recuperándonos cuando comenzó todo esto de la pandemia”, contó Karla en un correo electrónico a SinEmbargo.

Dice que hubo confusión porque en la gaceta que publicó recientemente Claudia Sheinbaum, la empresa entra en la categoría de indispensables, pero policías de la Ciudad de México pidiendo que se cerraran porque “únicamente podían vender con las cortinas cerradas y pasando sólo una persona por persona”.

La otra duda de Karla es sobre el futuro de sus empleados: “si nosotros somos una empresa pequeña, y de nosotros dependen aproximadamente 80 personas, ¿cómo seguir pagando salarios si no tenemos entrada de dinero? Y ahora estamos al borde de la quiebra? Definitivamente no tenemos dinero para pagar a nuestros proveedores, pagamos a los que podemos y aun así tenemos muchas deudas, ahora se nos complicará pagar también la nómina pues todo el dinero que entra ahora se destina a ello. ¿Qué se puede hacer en este caso? Si nos cierran definitivamente, ¿cómo seguir pagando nuestra nómina?

SOBRE EL CIERRE DEL LOCAL 

El abogado Job Noel Romero atendió el llamado del Consultorio Laboral con las dudas de Karla y explicó con base en la experiencia que se está generando en el día a día, con la aplicación de medidas o más o menos estrictas y de acuerdo a la evolución que va teniendo la pandemia.

En el caso de Karla, es importante identificar si el giro de la Pyme cae efectivamente en trabajadores indispensables, que son los que tienen venta de alimentos, abarrotes, servicios médicos, odontología, ortopedia. Todos los servicios de salud que tienen que ver con situaciones de emergencia.

También las empresas que se dedican a las telecomunicaciones en cualquiera de sus sentidos, por ejemplo, un negocio que tiene un local con apertura a crédito a público en general y que vende teléfonos celulares, podría considerarse tal vez, como indispensable, dependiendo el criterio de la autoridad, pero como el protocolo general a disposición habla de telecomunicaciones, pues bien podría quedar.

En el caso de los abarrotes es lo mismo. Por ejemplo, si es una tienda que vende en su mayoría vinos y licores, pudiera ser que la autoridad considere que no es indispensable y que por lo tanto debería cerrar, pero si en la mezcla de productos que tiene, están incluidos bienes para consumo de primera necesidad que están dentro de la canasta básica, no hay razón para hacerlo.

No hay una situación jurídica determinada que diga que solamente pueden vender productos alimenticios y no alcohol, tabaco, etcétera. No hay una restricción tajante.

 También en los indispensables entra el transporte público. Las indicaciones dicen que se tiene que reducir el flujo hasta un 50 por ciento en el ánimo de contribuir a que las personas dejen de tener movimiento, que se queden en casa y que las opciones de contagio sean menos frecuentes.

En lo personal, si hubiera la misma densidad de transporte, pero menos personas en la calle, se daría espacio a que las personas no fueran aglomeradas y se mantuviera la distancia de los seis pies que se adoptó a nivel internacional y aquí 1.50 metros.

Ahí se hace un cálculo de costo beneficio y es donde los empresarios deciden hacer algo distinto.

Desde mi punto de vista no es legal si el negocio de la Pyme cae en una de estas categorías, siempre y cuando no haya personas en el lugar consumiendo o que estén aglomeradas o que no estén guardando la distancia recomendada.

Si es un local abierto y hay personas aglomeradas, la autoridad sí va a proceder, cuando menos a recomendar que las personas no estén juntas y que haya separación, pero cerrar no porque no es seguridad para esos fines. En todo caso podría ser por parte del Invea en la Ciudad de México o de la Secretaría de Salud que se establezca un mecanismo con una indicación muy puntual para no dejarlo a subjetividad, pero no la hay en este momento.

Debemos promover que exista una definición así para evitar cuestiones de corrupción o interpretaciones subjetivas.

¿CÓMO NEGOCIAR CON LOS TRABAJADORES? 

Sobre cómo negociar: lo mejor que se puede hacer, y es lo que estamos haciendo con algunos de nuestros clientes, es primero, incitarlos a que durante este primer mes, el de abril que es el que está corriendo sigamos la instrucción que dio la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México y la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), que todos los negocios mantengan a sus trabajadores.

No hay una razón determinada para que las empresas de tajo digan “ya no te pago”, porque existen, o deberían existir, provisiones para esta naturaleza.

El flujo de efectivo que generan las ventas regulares de un negocio debería permitir que se mantuviera la operación durante dos, tres o tal vez cuatro semanas.

 La negociación que nosotros estamos implementando con nuestros clientes, es hacerle llegar no solo a la empresa sino también a los trabajadores, un convenio en el que se diga cuál es la situación de la empresa.

Obviamente el antecedente de esto debe ser la verdad y la ética y una cuestión que eventualmente se pudiera probar para evitar caer en una situación litigiosa y que no se tuvieran los elementos de defensa adecuada.

Pero hacer llegar a los trabajadores, por ejemplo, a través de un sitio web en el que todos los trabajadores puedan acceder y leer de manera personalizada el convenio que se ha elaborado para cada uno de ellos.

Ellos lo deben leer, claro debe ser un documento muy explicativo, no con términos sofisticados y los trabajadores, una vez que lo aceptan responderían a ese formulario haciéndole saber a la empresa si están de acuerdo con el convenio que proponen.

El convenio es un tanto diverso de empresa a empresa; hay unas que tendrán recursos económicos más amplios para poder ofrecer un convenio donde se les pueda pagar a lo mejor el 80 por ciento del salario, o el 70 o el 50.

De qué depende? De la voluntad que tenga el empresario y de la capacidad financiera y de la capacidad económica real. Lo más importante es evitar que haya empresas que por intentar pagar los salarios, caigan en quiebra, porque lo que necesitamos es que las empresas, todas, sigan viviendo. Aunque ralenticen su situación pero que estén latentes, de tal forma que cuando las condiciones económicas cambien, ellos también puedan dar el salto.

Es la situación: llegar a un punto intermedio en que de manera profesional y ética –de preferencia de la mano de un abogado– las empresas propongan un convenio a sus trabajadores, que se haga aprovechando los medios electrónicos que están a la mano de todos, para que se suscriba y que quede una prueba de que el convenio estuvo y que se aceptó.