os elogios continuos de Diego Sinhué Rodríguez a la labor a todas luces deficiente del aparato persecutor de los delitos no hacen sino fortalecer el círculo vicioso que nos ha llevado a donde estamos: la pérdida de la paz en Guanajuato. Foto: Gobierno de Guanajuato.

El Gobernador del Estado de Guanajuato, atrapado en los compromisos originales que se le impusieron junto con su delfinato, se la ha pasado empeñando su capital político para defender al Procurador y luego Fiscal Carlos Zamarripa Aguirre a lo largo de los 30 meses que lleva en el cargo. Debe ser una pesada cruz.

Una y otra vez, Diego Sinhue Rodríguez ha visto cómo se caen las versiones que le vende quien antes era su colaborador y que hoy detenta un espacio autónomo. Una y otra vez debe de pagar con su propio capital de credibilidad los engaños con los que le envuelve el Fiscal.

Hace algunos meses aseguró con todas sus letras que la de Guanajuato era “la mejor Fiscalía de México” y citaba una mínima parte del estudio “Hallazgos 2019”, de la organización México Evalúa.

En realidad, se trata de un estudio complejo que realiza una verdadera radiografía de fondo del sistema de justicia penal en México en todas sus vertientes: prevención, impunidad, calidad de la justicia y privación de la libertad. Tratar de convertir alguno de esos ángulos en una medalla para colgarse, parece demasiada desesperación y mucho oportunismo.

Sin embargo, un nuevo análisis de la misma organización, “Fallas de origen 2020”, revisa un aspecto fundamental del sistema y muy específico: la calidad de la estadística criminal, tal y como se produce y se registra por las fiscalías del país, en el cual Guanajuato sale muy mal parado, como se ha venido divulgando ampliamente.

De acuerdo al estudio de la OSC que encabeza Edna Jaime, la importancia de revisar la calidad de la información que suministran las fiscalías a los sistemas que producen los indicadores estadísticos oficiales, se basa en algo simple, lógico y justo, ante el desolador panorama criminal de México:

¿Qué es lo mínimo que esperamos de las autoridades? Que reconozcan que ocurrió el hecho, investiguen el delito, encuentren al culpable y hagan justicia.

Pero ¿qué pasa si no se investiga el delito? O peor aún: ¿si el homicidio no se registra? ¿O si se registra un accidente en vez de un asesinato? El hecho delictivo quedará impune; la víctima quedará en el olvido y no habrá justicia para sus familiares.

Tras esas preguntas, el estudio resalta que los estados que tuvieron las calificaciones más bajas en el Índice de Confiabilidad de la Estadística Criminal (ICEC) son Tamaulipas, Tabasco, Guanajuato, Puebla y Oaxaca.

En el caso de nuestra entidad, el factor fundamental que rebaja su calificación es la contabilidad de los homicidios. El estudio analiza que en aquellas zonas donde se dan crecimientos notables de los homicidios dolosos surgen incentivos para simular eficiencia a través de las cifras y subraya:

En dicho escenario se sospecha que los homicidios culposos pueden fungir como un vehículo para ocultar homicidios dolosos, que hacen lucir mal a las instituciones y gobiernos estatales. Ésta es la motivación hipotética de la reclasificación de delitos.

El estudio prende un foco rojo, si la información no es la correcta, su consecuencia inmediata es la impunidad y ya se sabe que lo que sigue de la falta de castigo a quien delinque es el crecimiento del fenómeno criminal.

Así, los elogios continuos de Diego Sinhué Rodríguez a la labor a todas luces deficiente del aparato persecutor de los delitos no hacen sino fortalecer el círculo vicioso que nos ha llevado a donde estamos: la pérdida de la paz en Guanajuato y, de paso, hundir el capital político del mandatario, de por sí insuficiente.

No por nada el PAN ha debido recurrir al muy influyente exgobernador Miguel Márquez, quien detenta un poder inédito dos años y medio después de haber dejado el cargo, para que haga campaña junto con los candidatos de ese partido.

Lo que hay que ver en estos días: la reaparición de un maximato regional de la mano del PAN, justo el partido que surgió como antídoto a la proclividad caudillista de la revolución hecha Gobierno.