De los 59 mil 567 casos de coronavirus en México, 899 casos positivos fueron detectados entre las 68 poblaciones originarias reconocidas oficialmente. Principalmente en Yucatán, Ciudad de México, Estado de México y Oaxaca.

Bogotá, 22 de mayo (EFE).- La pandemia de COVID-19 se está atacando de una forma muy violenta a las comunidades indígenas de América, unas poblaciones que, en muchos casos, viven en el olvido de sus dirigentes, con escaso apoyo de los sistemas sociales de protección y ajenos a los servicios de salud.

El coronavirus SARS-CoV-2 está dejando miles de infectados y muertos en las comunidades nativas del continente, con un especial énfasis en la región amazónica sudamericana, donde la red sanitaria de países como Brasil, Colombia, Ecuador y Perú ya está colapsando por la alta cantidad de pacientes, muchos de ellos de pueblos originarios, que están llegando a sus instalaciones.

AMAZONAS: 20 MIL CASOS

La directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Carissa Etienne, aseguró el pasado 19 de mayo que los casos de COVID-19 en la cuenca del Amazonas ya ascienden a 20 mil, “donde la repercusión tiende a ser el doble de alta”, dado el subregistro imperante en toda la zona.

“Estos grupos viven tanto en aldeas aisladas con acceso mínimo a servicios sanitarios como en ciudades muy pobladas como Manaos (Brasil), Iquitos (Perú) o Leticia (Colombia)”, añadió Etienne, quien remarcó que “de no actuar de inmediato estas comunidades sufrirán un impacto desproporcionado”.

Ciudadanos asisten al funeral del cacique Messías Kokama, de 53 años de edad, víctima de COVID-19, en el Parque de las Tribos. Foto: Raphael Alves, EFE

En la Amazonía brasileña ya se está experimentando parte de este “impacto desproporcionado”. Según la Coordinación de las Organizaciones Indígenas de la Amazonía Brasileña (COIAB), hasta el pasado martes se contabilizaron 145 casos sospechosos, 435 confirmados y 91 muertes de indígenas por el COVID-19 en los territorios de Mãe Maria y Trocará (estado de Pará), Alto Rio Negro y Medio Rio Negro (Amazonas) y Tabalascada (Roraima).

En Amazonas tan solo hay camas de cuidados intensivos (UCI) en Manaos, donde la crisis sanitaria ha puesto en evidencia la deficiencia hospitalaria de la región. “Estamos viviendo esta guerra con mucha dificultad y dolor” y “estamos perdiendo a muchos guerreros y guerreras”, le dijo a Efe el líder Eladio Kokama desde su aldea en Tabatinga, a cuatro días de navegación de Manaos.

Kokama perdió hace pocos días a su primo por coronavirus y ahora es su hermano quien está contagiado e “intubado en el hospital militar de Tabatinga”. “Nuestro país no tiene una salud digna para todos los ciudadanos, sean indios o no” y “nuestra región está muy olvidada”, lamenta.

El Amazonas colombiano es una de las regiones del país suramericano con más incidencia del coronavirus SARS-CoV-2, y allí ya ha contagiado a mil 775 personas y matado (oficialmente) a 73, siendo el departamento del Amazonas (fronterizo con Brasil y Perú) el más afectado con mil 221 casos confirmados y 45 fallecidos.

Para la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) la incidencia de infecciones puede ser peor, ya que estima que se podría estar más allá de los 5 mil 900 casos solo en la región del Trapecio Amazónico , donde al principio de la pandemia no había camas UCI y apenas se contaba con dos respiradores mecánicos para una población de 48 mil 144 habitantes.

En esta imagen, tomada el 21 de abril de 2020, familiares asisten a un entierro múltiple en el cementerio Nossa Senhora Aparecida, en Manaos, en el estado de Amazonas, Brasil. El cementerio realiza entierros en fosas comunes ante el elevado número de decesos por el COVID-19, dijo un funcionario.

En esta imagen, tomada el 21 de abril de 2020, familiares asisten a un entierro múltiple en el cementerio Nossa Senhora Aparecida, en Manaos, en el estado de Amazonas, Brasil. El cementerio realiza entierros en fosas comunes ante el elevado número de decesos por el COVID-19, dijo un funcionario. (AP Foto/Edmar Barros)

Las comunidades indígenas, con una población de un millón 905 mil 617 habitantes, representan el 4.4 por ciento del total de Colombia y están repartidas por todas las regiones del país. Por la pandemia se atrincheraron en sus resguardos para restringir el ingreso de personas ajenas a su entorno y evitar los contagios.

EN ECUADOR ESTÁN EN RIESGO

El caso de contagio de una mujer en estado de gestación de la etnia Waorani puso en estado de alerta a defensores de los derechos de los indígenas en Ecuador, que solicitaron medidas cautelares para proteger a las nacionalidades indígenas Quichua, Achuar, Siecopae, Waorani y Shuar, entre las que se cuentan 73 personas con el COVID-19.

Andrés Tapia, dirigente de los pueblos amazónicos, le aseguró a Efe que hay varios casos con sospecha de la enfermedad y “al menos hay ocho fallecidos: cinco confirmados por coronavirus (…) en la provincias de Napo y Pastaza, y al menos tres con sintomatología”, entre ellos un abuelo de la nacionalidad de waorani y dos de la nacionalidad siecopai.

La paulatina reapertura de algunos cantones de la Amazonía ecuatoriana a la actividad económica representa una preocupación mayúscula para los grupos defensores de los indígenas por la falta de coordinación del Gobierno ecuatoriano.

Residentes, con mascarillas y guantes para protegerse del coronavirus, observan a los reporteros que llegaron a su vecindario para confirmar la muerte de un vecino que supuestamente padecía coronavirus, en San Juan de Conocoto, cerca de Quito, Ecuador, el 1 de mayo de 2020. Foto: Dolores Ochoa, AP

LOS Q’OM: VÍCTIMAS 

El Gran Barrio Toba de Resistencia, capital de la provincia del Chaco (noreste), es un “punto rojo” de la pandemia para los indígenas argentinos. El barrio se encuentra totalmente poblado por integrantes de la comunidad Q’om y está siendo fuertemente impactado por el coronavirus.

Uno de los referentes de los Q’om de Resistencia, Roberto Fernández, precisa a Efe que 112 personas contrajeron el SARS-CoV-2 en el barrio, y de ellos 9 fallecieron, en medio de una compleja situación en la que a los jóvenes les cuesta aceptar las recomendaciones de aislamiento social.

“La gente no quiere ir al hospital porque somos discriminados. El colectivo (autobús) no alza pasajeros de la comunidad y la policía no quiere entrar por miedo a contagiarse. Estamos preocupados y asustados”, relata Fernández.

EN MÉXICO URGE ATENCIÓN

En México, un país en el que el 21.5 por ciento de la población (25.6 millones de personas) se autodefine como indígena, se han identificado hasta el momento 899 casos positivos entre las 68 poblaciones originarias reconocidas oficialmente, con 157 fallecimientos. La mayoría de los contagios entre la población indígena se localizaban en los estados de Yucatán (166), Ciudad de México (129), Estado de México (73) y Oaxaca (69).

Una semana atrás, el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas señaló que la crisis provocada por el COVID-19 presentaba retos importantes en materia de atención a los pueblos indígenas de todo el país.

Personas portando mascarillas caminan en el centro de Tijuana, México, el 20 de mayo de 2020. Foto: Foto: Joebeth Terriquez, Xinhua.

Estos “pueden ser prevenidos y superados si el Estado mexicano adopta mejores acciones dirigidas a esta población en materia de salud, economía, alimentación, agua, saneamiento, sin menoscabo de su libre determinación y autonomía”.

BOLIVIANOS EN ALERTA

A falta de datos oficiales sobre la cantidad de indígenas fallecidos o contagiados en Bolivia, el Centro de Estudios Jurídicos e Investigación Social (Cejis) ha alertado que 38 territorios indígenas en el noreste amazónico, el oriente y sur del país se encuentran en peligro por la presencia del patógeno en 14 municipios cercanos a ellos.

La información oficial sobre la enfermedad en el país no está desagregada según sectores poblacionales, pero sí se conoció de algunos casos concretos, como el del indígena Marcial Fabricano, líder de una emblemática marcha de pueblos amazónicos hacia La Paz en 1990, y que se recuperó de COVID-19.

SHIPIBO-CONIBO EN LA MIRA

La pandemia del coronavirus ha provocado la muerte de 45 indígenas de la etnia shipibo konibo en la región peruana de Ucayali, según denunció la Federación de Comunidades Nativas de Ucayali y Afluentes (Feconau).

El presidente de la Asociación Kokama de Desarrollo y Conservación San Pablo de Tipishca, en Loreto, Alfonso López, explicó que cuando enferman quieren “salir” de su “comunidad”, pero tienen “el problema del traslado, viajando un día o dos” por trochas y ríos. Cuando finalmente llegan a los centros de salud, se encuentran “con médicos que no atienden, no existe medicina, no están capacitados, tienen miedo de atender a las personas con fiebres altísimas y con dolores en el cuerpo”.

El venezolano Luis Zerpa, que trabaja en la funeraria Piedrangel, se dispone a retirar el cadáver de Faustino López, de 68 años de edad y que se cree que se suicidó tras saber que dio positivo al coronavirus, en Lima, Perú. Foto/Rodrigo Abd, AP

Por ese motivo, han decidido ir a curarse en sus comunidades “antes que morirnos en las ciudades de Iquitos o Nauta donde hay médicos y enfermeras contagiados”. López agregó que no están en condiciones de protegerse con las medidas higiene porque “no hay agua apta para el consumo humano, en 50 centros poblados no tenemos agua apta, tenemos que hervir el agua para poder lavarnos”.

SUFRIENDO TANTO COMO EN NY

La ONG Médicos Sin Fronteras atendió urgentemente el llamado de los nativos de la población estadounidense de los Navajo, ya que ha comenzado a tener una incidencia tan alta del COVID-19 como la de Nueva York, y acabó con la vida de 127 personas hasta la semana pasada.

“Nuestra primera labor es hacer una evaluación de la situación e identificar qué áreas y poblaciones son las más vulnerables. La comunidad Navajo ha sido golpeada muy duro a nivel per capita”, explica a Efe la doctora Carolina Batista.

Esta reserva de nativos americanos, que cuenta con autonomía e instituciones de gobierno propias, se extiende por los estados de Nuevo México, Arizona y Utah y es el hogar de 175 mil personas, el 43 por ciento de ellas en situación de pobreza.