No toda la migración por motivos económicos tiene como característica la ausencia de un permiso. Cada año tanto el gobierno como de Estados Unidos como el de México, expiden visas de trabajo temporal legal en el país vecino.

El perfil de las personas que se emplean con esas visas es variado: son hombres y mujeres que se enlistan para trabajar en el sector agrícola y también profesionistas.

A pesar de que se trata de un trabajo legal y de que es, en teoría, vigilado por autoridades de ambos países, sí comparte elementos similares con la otra migración: la violación a los derechos humanos.

SinEmbargo publicará una serie de entrevistas en las que se explica este fenómeno, acompañado de los relatos de dos mujeres que abandonaron México, también en la búsqueda de mejores oportunidades de trabajo.

PRIMERA DE UNA SERIE

Ciudad de México, 22 de julio (SinEmbargo).– En mayo pasado, Hoopers Island, una comunidad de Maryland, Estados Unidos, que votó abrumadoramente por Donald Trump, fue víctima de un golpe certero a su economía local, dado además por su polémico Presidente: los empresarios no pudieron contratar más a mujeres mexicanas para trabajar temporalmente la industria del cangrejo.

Esa localidad ha contratado durante décadas, basado en el programa federal de trabajo estacional –conocido como visas H-2B–, para mantener sus negocios a flote. La opción les ha permitido a empleadores tener mano de obra extranjera, en su mayoría mexicana, para temporalmente a recoger carne de cangrejo, labor que es base  del sustento económico de esta comunidad costera.

Luego de que Trump puso un límite a las visas H-2B, las empresas comenzaron a cerrar.

“No podemos operar de la manera en que vamos, he tenido que dejar que los camioneros se vayan. No necesito camioneros si no tengo el producto. Nos va a afectar hasta el punto de tener que cerrar por completo” dijo Morgan Tolley, gerente de AE ​​Phillips and Sons Seafood en entrevista con NBC News.

“No tengo estadounidenses que quieran hacer este trabajo”, dijo Brian Hall, el dueño de la empresa mariscos GW Hall & Sons, una de las pocas instalaciones en la isla que pudo asegurar suficientes visas H-2B este año.

Trabajadoras mexicanas en la planta procesadora de cangrejos GW Hall & Sons, en la Hoopers Island, en el estado de Maryland, EU. Foto: Captura de pantalla, Telemundo

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El próximo enero se cumplirán dos años de Donald Trump al frente de la presidencia de Estados Unidos y las acciones que su gobierno ha efectuado en materia migratoria le han resultado poco favorecedoras y han sido criticadas por la mayoría las estancias internacionales defensoras de derechos humanos.

Eso ha sido, sobre todo, en el ámbito de la migración sin papeles. Pero hay otra migración, una que es legal pero en ambas, las personas viven “un infierno”.

El trabajo temporal legal hacia Estados Unidos no es una práctica nueva. Año con año aquel país emite un número determinado de visas para cierto tipo de trabajos en los que tiene pruebas de que no hay gente en Estados Unidos para realizar esos trabajos, entonces contratan a mexicanos.

Sin embargo, ambos gobiernos, empleadores y reclutadores, le han generado a este tipo de contratación una serie de vicios que provocan que las mujeres y los hombres que se van se enfrenten a explotación, maltrato, acoso sexual, condiciones de hacinamiento y hasta inicios de trata de personas.

De acuerdo con el Centro de los Derechos del Migrante (CDM), organización que apoya a trabajadores migrantes, son las visas categoría H2 [que son para trabajos agrícolas y para la construcción, jardinería, procesando mariscos] son las que más emplean a mexicanos temporalmente. Tienen en común que todas son industrias de bajos salarios.

Para la organización, la persistencia de este método de contratación tan poco regulado se debe a una cuestión de la política de ambos países y a que claramente hay una demanda de trabajo: el gobierno de México sabe que muchos trabajadores dependen de esas ganancias y Estados Unidos, sobre todo por influencia de grandes empresas, quieren mano de obra barata, fácil de explotar.

“La teoría de estos programas es que existen para apoyar los intereses de estas empresas sin hacer daño al trabajador americano”, comentó Ben Botts, director Jurídico del CDM.

PROBLEMAS DESDE EL INICIO

En este tipo de contratación se ha detectado que los problemas para las y los trabajadores inician desde la búsqueda del empleo, es decir, en territorio mexicano.

En entrevista con SinEmbargo, Botts explicó que en la reclutación se detectan abusos. La organización recibe casos de personas que están buscando trabajo en Estados Unidos y que reciben ofertas de trabajo, pero en el camino se complica verificar si son ofertas reales o es toda una estafa, ya que en todo el país se ofrecen ofertas de trabajo que no existen, e incluso se cobra dinero por la oportunidad de trabajar en EU.

Muchas veces paga hasta 30 mil pesos y al final, se da cuenta que no existe ningún trabajo.

“Nos hemos dado cuenta que es un problema de Ley mexicana, porque si no existe un trabajo no es un problema de violaciones de las leyes de Estados Unidos, y en México hablamos de un robo de dinero. Ocurre también en el caso de las ofertas reales […] el problema es que en muchos casos no hay otra vía para conseguir el trabajo, porque el reclutador es como la fuente exclusiva de estos trabajos en la mayoría de los casos”, comentó Botts.

Hay casos en que las personas tienen que sacar préstamos para pagar el cobro, entonces llegan a trabajar a EU con una deuda, lo que ha implicado que las personas, aunque estén sufriendo violaciones, “aguanten” porque tienen que pagar el dinero que pidieron prestado.

Ben Botts, director Jurídico del CDM, dice que su organización recibe casos de personas que están buscando trabajo en EU y que reciben ofertas de trabajo, pero en el camino se complica verificar si son ofertas reales o es una estafa, ya que en todo el país se ofrecen ofertas de trabajo que no existen. Foto: La Opinión

¿Qué es aguantar? Es recibir ocho dólares por hora de trabajo cuando les habían ofrecido 15 y “no tener de otra”, porque regresar a México es regresar a ofertas de empleo mal pagado.

Estos cobros son la base de muchas otras violaciones. De ahí se desprenden casos de discriminación de género porque públicamente los reclutadores en sus anuncios ponen, explícitamente, que sólo aceptan hombres, cuando no es un requisito verdadero para un trabajo como el de pizca de fresa, por ejemplo.

“La idea de que las personas tengan que pagar para trabajar siempre impacta. Es una idea muy extraña. Son personas de bajos recursos que van a trabajar muchas horas en trabajos difíciles, que se hacen en condiciones de mucho calor, sin descansos, desde la madrugada hasta muy tarde… ¿y tener que pagar? Es una idea totalmente rara”.

EL TRABAJO EN EU

Parte de los requisitos que exigen estos programas es que un empleador que solicita trabajadores extranjeros, debe tener un permiso al Departamento de Trabajo de Estados Unidos con el que se verifica que no hay suficientes trabajadores dentro de su país para hacer lo que necesitan hacer, como cosechar jitomates o construir edificios.

CDM ha documentado que los empleadores ejercen diversos tipos de violencia contra sus empleados con una impunidad casi garantizada. La práctica más común registrada es el robo de salarios, pagan menos de lo que prometieron o que regresen una parte del dinero que les pagaron.

También hay casos en los que no se pagan las horas extras, que según la Ley Federal, por más de 40 horas a la semana se debe pagar 50 por ciento más por hora.

Luego están las condiciones de vivienda. En el programa de visas H2A, los empleadores tienen que dar vivienda gratuita, pero muchas veces cobran por ella hasta 300 dólares, a pesar de ese requisito. Es muy común que los trabajadores vivan en espacios reducidos; que 20 personas vivan en una casa de tres recámaras con un baño, una cocina y un refrigerador.

CDM documentó un caso donde trabajadores agrícolas dormían en autobuses escolares en medio del campo.

Ha ocurrido que a veces se trabaja trabajan poco o llegan y no hay trabajo y a veces lo contrario, hay más de lo que esperaban y trabajan 80 horas a la semana o más.

“Se han registrado casos de trata, pues vemos casos en los que el empleador se queda con los pasaportes de todos los trabajadores. Son maneras de controlarlos, de asegurar que no se quejen, que no vayan con autoridades y con abogados laborales. Es muy difícil que autoridades o abogados que apoyen a trabajadores se den cuenta [de estas prácticas], porque las personas tienen miedo de quejarse”, agregó Botts.

Otro factor que poco ayuda a que un trabajador pueda defenderse a través de una denuncia de estas prácticas, es que la visa está conectada con el empleador, es decir, si un trabajador se da cuenta que lo están explotando, tiene tres opciones: quedarse y aguantar; irse, regresar a su país; o trabajar sin permiso, porque legalmente no puede trabajar con otra empresa.

“Ese es el punto fundamental, es un mal diseño. Todos los otros trabajadores cuando experimentan abusos en el trabajo, en teoría tienen la opción de ir a conseguir otro trabajo, pero es muy difícil si eres una persona sin papeles. En ese caso, si quieres mantener el estatus legal en EU tienes que quedarte con ese mismo empleador”, señaló el legista.

En 2017 se aprobaron para el programa de visas H2A, 200 mil empleos y el 95 por ciento o más de quienes se emplean ahí son de origen mexicano. Este tipo de visa no tiene límite. En el caso de las visas H2B, sólo se podían expedir 65 mil, pero el Departamento de Seguridad Interna aprobó 15 mil visas provisionales, entonces ya son 80 mil en 2018.

El porcentaje de mexicanos es de 80 por ciento, en su mayoría provenientes de Michoacán, Oaxaca, Querétaro y el Estado de México.

Las denuncias se concentran en el sector agrícola, en hotelería, construcción, en ferias y trabajo con mariscos –donde sobre todo mujeres van a procesar jaiba en el este de EU–.

Además de que la visa encadena al trabajador con una sola empresa, también hay casos de represalias de parte de los empleadores cuando los trabajadores quieren juntarse para mejorar sus condiciones de trabajo o quieren hablar con autoridades porque son víctimas de abuso.

De acuerdo con Botts, lo más común son las amenazas de regresarlos a México o en contra de sus familias, entonces los trabajadores optan por no arriesgarse. La llegada de Trump a la Presidencia de EU impactó de manera negativa en la forma en cómo tratan los empleadores a los migrantes.

“Las fuerzas antiinmigrantes se sienten muy empoderadas por todo el discurso de Trump […] Un problema que trae Trump es que con todo su discurso ha provocado miedo en comunidades de personas inmigrantes; es legítimo el miedo porque ha habido casos en los que han arrestado a personas con papeles y empleadores han tomado represalias en contra de sus empleados, con el mismo lenguaje que viene del mismo presidente. Esas fuerzas se sienten muy empoderadas y es una situación muy peligrosa”, concluyó Botts.

–Con información de La Opinión