En la Ciudad de México hay personas a las que ni para un taco les alcanza. Por eso en la Central de Antojos, restaurante fundado en 2019, decidieron comenzar a ayudar durante la pandemia de COVID-19. Hoy lo que hacen cambia el semblante de los beneficiados. Un hombre, por ejemplo, toma su vaso con fideo y la sonrisa alcanza a notársele a pesar de que lleva puesto un cubrebocas. Es, probablemente, lo único que podrá llevarse al estómago durante esa jornada. 

Ciudad de México, 22 de julio (SinEmbargo).- Cinco minutos antes de las 18:00 horas, de lunes a domingo, decenas de personas se levantan de las bancas y banquetas para forman una línea con sana distancia frente a la Central de Antojos en la Avenida Revolución de la Ciudad de México. Hay adultos mayores, mujeres, hombres y hasta menores de edad. Algunos no tienen hogar, otros han perdido sus empleos. Todos reciben una porción de comida, agradecen y continúan la ruta. Fue durante la pandemia de COVID-19 que en el restaurante se puso el objetivo de ayudar a los que no tenían ni para un taco.

Los fines de semana se sirve pozole y chilaquiles. Entre semana hay sopa de fideo, quesadillas de papa con longaniza, salchichas a la mexicana, chicharrón en salsa verde, arroz, frijoles. Los platillos son del día, recién hechos. El vapor que desprenden delata que están frescos. Cuando la Central de Antojos comenzó a ayudar se puso como meta alimentar a 25 personas al día. Hoy, unos meses después, reciben a todo el que alcance a llegar entre las 18:00 y 19:00 horas. No importa si son 50 o 100.

“Los menús de ayuda empezaron después de la contingencia. Esto nos afectó a todos. Nosotros en algún momento también sentimos las bolsas vacías. Nuestras ventas bajaron y los gastos fijos se mantuvieron. Ya que tuvimos ese golpe, pensamos: ‘¿Qué será de la gente que tiene menos que nosotros?’. Nosotros por lo menos tenemos una casa donde llegar, alguien que nos espera, algo para comer. Pero hay gente que está en situación de calle que, de plano, no tiene nada. No tiene ni qué comer, ni para un taco alcanza”, dice Ovidio Huerta, encargado del restaurante.

 “Lo que se está haciendo es bueno. De por sí cuando hay, la gente anda batallando, ahorita que menos hay, pues está más complicado. Es una ayuda del dueño y clientes que aportan. Hay una señora que viene a dejar pan el fin semana y ese pan se les da a ellos. Están los menús de ayuda. Todos contribuyen”, agrega David, uno de los trabajadores del negocio.

La Central de Antojos se fundó en abril de 2019. Es un restaurante en el que se prepara comida mexicana. La especialidad es el pozole. Los fines de semana hay birria y pancita. También venden enchiladas, flautas, sopes, tostadas, chilaquiles. Se encuentra ubicado en el número 50 de Avenida Revolución en la colonia Escandón I Sección, Alcaldía Miguel Hidalgo.

Cinco minutos antes de las 18:00 horas, de lunes a domingo, decenas de personas se levantan de las bancas y banquetas para forman una línea con sana distancia frente a la Central de Antojos en la Avenida Revolución de la Ciudad de México. Foto: Carlos Vargas, SinEmbargo.

Hay adultos mayores, mujeres, hombres y hasta menores de edad. Algunos no tienen hogar, otros han perdido sus empleos. Foto: Carlos Vargas, SinEmbargo.

Cientos han sido ayudados por la Central de Antojos durante la pandemia. Foto: Carlos Vargas, SinEmbargo.

Durante las diez semanas de Jornada Nacional de Sana Distancia, el mes de semáforo rojo y los días de color naranja, el restaurante ha ayudado a cientos de personas. La voz se fue corriendo y hoy arriba gente de varios rincones de la Ciudad de México. De acuerdo con los datos del Observatorio del Trabajo Digno del Colectivo Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, más de 21 millones de personas no tienen empleo en el país. Tan sólo en la capital mexicana, miles no tienen hogar.

“Gracias a Dios el restaurante nunca se cerró. Se siguió trabajando con las plataformas y se mantuvo. Estuvo difícil. Hay mucha gente que sigue parada. Estuvo muy difícil la pandemia. Hay muchos negocios que quebraron y ya no abrieron. Mucha gente sale a las calles a buscar trabajo, pero no hay nada para llevar a casa. Aunque sea aquí pasan a comer un taco. Sale para todos”, dice David detrás del cubrebocas y la mascarilla que utiliza para evitar la propagación de la COVID-19.

Lo que hacen en la Central de Antojos cambia el semblante a las personas. Un hombre, por ejemplo, toma su vaso con fideo y la sonrisa alcanza a notársele a pesar de que lleva puesto un cubrebocas. Es, probablemente, lo único que podrá llevarse al estómago durante esa jornada. Lo mismo ocurre con una mujer que se apresura a sentarse en una banca para comenzar a degustar la sopa caliente.

“Nosotros que preparamos comida quisimos ofrecer algo, aunque sea muy básico, pero dar algo a toda esta gente que lo necesita. Hay gente que está en situación de calle, gente que perdió sus empleos. Aquí no juzgamos a nadie. Es para la gente que lo necesita. Empezamos con 25 comidas y vimos que podíamos dar más, subimos a 40, luego 50, y luego dijimos que, si podíamos dar hasta 80, pues va. Si llegan 100, no se les va a negar. El chiste es que nadie se vaya con el estómago vacío”, dice Ovidio, el encargado de la Central de Antojos.

“Me han preguntado de dónde salen los fondos, pero no es tanto del dinero, sino de lo poco o mucho que podemos dar. No es el tema económico, sino la satisfacción de ayudar a alguien. Todos servimos, nos vamos rolando, y es gente muy agradecida. Es gente que desde que llega guarda su distancia, usa su cubrebocas. Sabe el problema que vivimos y agradece la comida. Se siente bien poder ayudar”, añade el joven.

La Central de Antojo invita a los clientes que quieran apoyar a la causa a sumarse. Se puede donar en especie o al momento de pagar sus alimentos en la sucursal o en las plataformas que se usan para entregar comida a domicilio. “Juntos somos más fuertes”, señala el restaurante.

“Nos va a costar mucho trabajo recuperarnos, pero tenemos que mirar siempre hacia adelante. Nosotros nunca dejamos de abrir, tuvimos que modificar algunas cosas de higiene y seguridad para no propagar el virus. De que va a costar trabajo, va a costar. Va a ser muy difícil volver a como estábamos antes de esto”, dice Ovidio. Frente a él la fila comienza a reducirse poco a poco, pero todavía habrá quien llegue corriendo para llevarse un poco del alimento.