La lista de incongruencias de AMLO crece cada día y todos lo notan. Foto: Cuartoscuro

Quienes son más diplomáticos, en estos días califican a Andrés Manuel López Obrador (AMLO) “de personalidad dual”. Quienes lo quieren poco o nada, ya lo apodan Don Ramón: así como dice una cosa dice la otra.

Sus contradicciones han inflamado las conversaciones en las redes sociales. Como cuando defendió a la morenista Layda Sansores, señalada por operaciones económicas poco transparentes, cuando él ha hecho de la lucha contra la corrupción su eje de acción. O cuando nombró a Manuel Bartlett como titular de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), expriista de pura cepa que ha sido acusado, desde siempre, de haber organizado el fraude electoral que le dio la Presidencia a Carlos Salinas de Gortari.

La lista de incongruencias de AMLO crece cada día y todos lo notan. Todos menos la “inteligencia artificial” de IBM: su programa Watson, que hace algunos días ocupó los titulares mediáticos que destacaron el análisis que ese programa hizo acerca del carácter de Andrés Manuel: “Una personalidad activa, persistente y cuyas acciones están impulsadas por el deseo de pertenecer”.

La nota chabacana, de clic rápido, sólo pone en evidencia la puerilidad de Watson. El hecho sería tan intrascendente como ese análisis que no anota ni una incongruencia en AMLO, si no fuera por el hecho de que se trata del programa-insignia con el que IBM ha luchado, los últimos cinco años, por mantener a flote su negocio.

Pero la verdad es que, hasta el momento, la tecnológica y su IA no han logrado posicionarse en ningún campo productivo serio.

Veamos que, por ejemplo, en enero de este año presumieron a Watson en la organización de los Premios Grammy: sus algoritmos ayudarían a la generación instantánea de galerías fotográficas de la ceremonia de reconocimiento al talento musical pop, así como a identificar temáticas de conversación de las redes sociales y cruzarlas con los contenidos del Grammy que pudieran retroalimentarlas. Es decir, un clasificador con tintes de analítica, que pasó por ahí, sin pena ni gloria.

Fuera del campo del entretenimiento hay un desalentador desempeño de este programa. A finales de 2017, Watson recibió duras críticas por parte de oncólogos de un hospital danés, en donde se le usaba, bajo una prueba piloto, para analizar los expedientes y data de pacientes con cáncer. No funcionó. Los médicos señalaron que la plataforma cometía serios y constantes errores.

Más allá, doctores de 50 hospitales, en 13 países, que cursaron el programa Watson Oncology lo calificaron como una tecnología que todavía no es confiable.

En México los casos son incipientes. Watson participó el año pasado en una exposición de dioses prehispánicos, en el Museo de Antropología e Historia, en donde interactuaba con los visitantes, asumiendo los papeles de las deidades representadas. Si no sabe de lo que le estoy hablando, no se preocupe, los demás tampoco: la exhibición tuvo un bajísimo nivel de asistencia.

Watson, de IBM, se llama así en honor a Thomas Watson, el consejero de la tecnológica que la llevó a su mejor fase de negocios. Cuando lo lanzaron al mercado, lo presentaron como el contrincante invencible en Jeopardy! Quién lo diría: en sus orígenes ya estaba delimitada su figura para el entretenimiento, no así el de una IA profunda.

Este programa ya evaluó, también, la personalidad de AMLO por la carta que el futuro presidente de México envió al mandatario Donald Trump. Los adjetivos fueron igual de luminosos, acríticos e irreales. Equivale al estudio grafológico o la carta astral.

No cabe duda que, a veces, las siglas IA también pueden significar “Imbecilidad Artificial”.

Javier Murillo Acuña
Fundador y Presidente del Consejo de Metrics
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