Las vacas tienen increíbles instintos maternales y el vínculo que generan con sus crías es de los más fuertes del reino animal. Foto: Igualdad Animal México

La producción industrial de leche es un ciclo que involucra mucho sufrimiento y dolor. Se estima que cada vaca en nuestro país produce en promedio 25 litros de leche al día y, al igual que nuestra especie, las vacas solo pueden producirla cuando existe un embarazo. Es importante mencionar que a nivel industrial la monta nunca sucede, aquí es donde comienza todo. Las vacas son inseminadas artificialmente año con año hasta que su producción de leche desciende y son enviadas directo al matadero.

Quizá no lo sepas, pero las vacas tienen increíbles instintos maternales y el vínculo que generan con sus crías es de los más fuertes del reino animal. Ya que conoces acerca de este vínculo, la realidad se vuelve aún más difícil de procesar cuando descubres que después de gestar durante nueve meses y poco después de dar a luz, los terneros son separados de sus madres y nunca se volverán a ver, no importa cuánto intenten impedirlo. Esta separación les provoca mucha angustia, pueden pasar días llorando, tratando de llamarse, incluso hay videos en donde se ve a las madres corriendo detrás de los empleados que se están llevando a sus bebés, tratando de recuperarlos para alimentarlos y cuidarlos. La separación ocurre debido a que la leche que producen para sus bebés será destinada para consumo nuestro.

¿Y qué sucede con las crías? Si nace siendo macho, será enviado a la industria cárnica, lo alimentarán con una fórmula de leche artificial para luego asesinarlo y venderlo como carne de ternera. Si nacen siendo hembras, también serán alimentadas con leche artificial y eventualmente sufrirán el mismo destino que sus madres una y otra vez hasta que deje de ser rentable mantenerlas con vida.

Hembra de una granja mexicana (2016).
Fotografía: Katia Rodríguez

Por si fuera poco, después de todo el sufrimiento que la separación les causa a las vacas, también son sometidas a otras dolorosas prácticas, una de ellas es el descorne, que se realiza sin ningún tipo de anestesia, el fin de esta práctica es dejarlas indefensas para que no se lastimen entre ellas y para evitar que lastimen a quienes trabajan en las granjas. Muchas también son marcadas con hierro caliente e incluso se les llega a cortar las colas.

Como se mencionó antes, la leche que producen para sus bebés va destinada a nuestro consumo y la producción de tanta leche provoca el engrandecimiento y ruptura de las ubres, algo que les causa mucho dolor. Son ordeñadas dos veces al día con máquinas, sus ubres son tan sensibles que sangran y sufren heridas que nunca son tratadas. Después de aproximadamente 4 años siendo explotadas y separadas de sus crías en repetidas ocasiones, finalmente son enviadas al matadero, donde morirán acuchilladas y desangradas. Se estima que el 20 por ciento de la llamada “carne de res” en el mercado es de vacas previamente explotadas y descartadas por la industria láctea.

La producción industrial de leche es un ciclo que involucra mucho sufrimiento y dolor. Foto: Igualdad Animal México

¿Conoces la esperanza de vida de una vaca? ¡Es de entre 20 y 25 años! La explotación acorta su vida drásticamente y la llena de dolor. Si toda esta información te impactó, por favor considera dejar de ser cómplice. Recuerda que esto está detrás de ese vaso de leche, detrás de esa rebanada de queso, detrás de cada cucharada de yogurt, de cada pedazo de carne… Sigamos cuestionando y actuando.

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