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Durante todo el capítulo, Baby Yoda hace gala de un voraz apetito y no duda en llevarse a la boca cualquier cosa presuntamente comestible que se cruza en su camino… sin reparar en su procedencia.

Madrid, 22 de noviembre (EuropaPress).– El episodio dos de la segunda temporada de The Mandalorian ha dado especial protagonismo a Baby Yoda presentando algunos de los momentos más asquerosos y divertidos del entrañable personaje. Durante todo el capítulo, el niño hace gala de un voraz apetito y no duda en llevarse a la boca cualquier cosa presuntamente comestible que se cruza en su camino… sin reparar en su procedencia. Un hambre insaciable que conlleva muchos problemas para el intrépido Mando. ¿A qué se debe ese desmedido afán alimenticio?

En el décimo episodio de la serie de Disney+, Din Djarin sigue buscando a otros Mandalorianos para que le ayuden en su misión de llevar a Baby Yoda a un lugar seguro, es decir, con los Jedi. A cambio de nueva información en su búsqueda, acepta la misión de llevar a una mujer rana y su cargamento de huevos sin fecundar hasta otro planeta. Es allí, cuando está encerrado en una nave junto a una urna llena de huevos de rana… cuando el insaciable apetito de Baby Yoda vuelve a dejarse notar.

Los fans recordarán aquellas divertidas secuencia de la temporada uno en la que Baby Yoda se come una rana de un bocado… y en otra lo intenta antes de escupirla. Un momento que dio lugar a innumerables memes y que, en realidad, era un presagio de lo que estaba por venir. Porque el niño no tiene ningún escrúpulo a la hora de robar y devorar los huevos de la mujer rana. De hecho, lo disfruta.

Desde el mismo momento en el que la mecánica Peli Motto le encarga a Mando la misión de transportar a Lady Frog, su joven acompañante centra su atención en los huevos de la pasajera. En cuanto tuvo la oportunidad, empezó a saquear la preciada carga, pese a las regañinas del Mandaloriano, lo que quiere decir que, más allá del hambre, lo hizo por instinto. ¿Por qué?

COMER ANTES QUE OBEDECER   

Pese a que Mando no puede considerarse precisamente el padre del año, si es el protector y figura paterna para Baby Yoda, y el niño actúa en consecuencia obedeciéndole… casi siempre. Porque durante todo el episodio, hasta el último momento, Baby Yoda sigue alimentándose de los dichosos huevos. Algo que, lo más probable, tendrá una explicación en el futuro más allá del apetito voraz de la criatura y de esa cadencia que todos los bebés tienen por llevarse a la boca cualquier cosa que se cruza en su camino.

Y es que, además de los huevos… Baby Yoda tampoco le hace ascos a otros “manjares” y, estos sí, le traen grandes problemas. Así, y tras una nueva reprimenda de Mando, Baby Yoda centra su atención en otras viandas más grandes… y viscosas: se trata de los huevos de una araña gigante de hielo. Sin ningún tipo de reparo, The Child abre uno de esos huevos -en un bonito homenaje a Alien- y devora al arácnido sin formar que hay dentro, con los fluidos del interior de la cáscara incluidos.

Esto, por supuesto, hace enfadar a la “araña reina” y sus asquerosas criaturas y pone en grave peligro no sólo la vida del pequeño glotón, sino también de Mando y la de su acompañante anfibia. Por suerte, logran sobrevivir gracias a dos pilotos de Ala-X que deciden transgredir las leyes y ayudar a Mando tras comprobar que el mandaloriano entregó en el pasado tres peligrosos prisioneros en la temporada 1.

Pero lo más interesante aquí es el motivo que lleva a Baby Yoda primero a desobedecer a Mando y segundo a no parar de comer en todo el episodio. Pese a tener más de 50 años, en su especie sigue siendo un niño. E incluso después de que Lady Frog le salve la vida, decide seguir su instinto y, desobedeciendo de nuevo a Mando y sin tener para nada en cuenta los sentimientos de la anfibia que le acaba de salvar la vida, en el último momento del capítulo se come un último huevo. O, mejor dicho, a uno de los futuros hijos de su compañera de viaje.

La temporada 2 de The Mandalorian se estrena todos los viernes en Disney+.