Un cultivo. Foto: Cuartoscuro.

A todos, sin distinción. Ante tu cara en el espejo, ante las fotografías que muestran a los tuyos y otros en risas de mesa copiosa, enmelados dentro del cuerno de la abundancia, y parecía nunca irían a caer. Bajo el techo de tu casa vuelve a brotar, como en tus cimientos, la dura plaga de la pobreza. Bajo el cielo y los árboles que cuidaron de ti mismo mientras no pensabas en nada por tu corazón de jovenzuelo: no hay ni habrá más jauja. ¿Cabe ahora pensar en el otro? Piensa. Con la mano en el pecho pero también en la sesera: ¿cómo piensas que sobrevivirá la gente? ¿Sabes, no te mientas frente al espejo, la diferencia entre un logro y un privilegio? Contra de todo aquello que hiere habrá que trabajar porque no todo tiene que ver con el nivel de tu pura flotación. Hay que hacer de nuevo chinampas, hacerse de ahuejotes y plantar, hacer escultura social: no todo es la manicura de tu ego, señorito, hacer de las tuyas en la televisión cultural que es lo mismo que el raudo supermercado de camionetas blancas y su vulgaridad.  De sangre somos: de carne y hueso y entre ellos sangre, pura sangre que se duerme, levanta y trabaja cada día. Desde que naciste y ahora más. Río de sangre que te sabe en el buche., sabedora que no sólo deberá aprender a vivir en la incertidumbre sino también dar, darnos al otro, porque dar es al mismo tiempo recuperarse a uno mismo, dar la cara, caber en el justo traje. Durante tu vida en estos futuros calendarios podrías pensar en dar, donar pese a todo: pese a los felones, los inanes dar, dar al otro en forma no de lo que quieras sino lo que la confesión del otro te confíe. Dar cobijo, calzado, dar comida al otro más olvidado: hazlo. En casa o donde esté, búscalo. Hagan migas de nuevo, déjense ver con las tripas de fuera, rellenas de aire, a la espera de vivir mañana. Entre los que viven en tu barrio o saldrás a buscarlos. Hacia el norte donde hay montañas de casas sin pintar o bien hacia el sur, donde andará todo un poquito más verde pero sabemos las cosas andan meramente igual. Hasta que en verdad no puedas irá la consigna de abandonarte. Colmarte de dar sin vaciarte. Te brindarás. Rías de dar darás porque no hay que seguir a los reyes y menos a los magos, no existen ni reyes ni magos, y hay que servir la cena a como dé lugar, picatostes y aceite y sal acaso que será pero será, lo que tenga que ser siempre será, sin descuidarnos, claro, porque las huestes, gente entre la cual eres te necesita completo, que no te caigas tú primero porque se nos vendrían los castillos encima, los bancos románicos encima, los pagarés encima de lo que hay que cuidar. Mediante la luz de la familia tuya, la sanguínea y la decidida, la elegida para hacer otra, irás de bien a mejor siempre que te des. Para matar a los asesinos, matar a los mentirosos, metafóricamente, se entiende, sacarlos de los mapas, nunca más para ellos alguna algarabía. Por pura cosa de salir las mañanas a dar la cara en calma, vivirás. Sin miedos, sin demoras. Sobre de todas las cosas habrá que dar. Y dejarse dar. Compartir el techo y el cobijo. ¡Carajo! ¡El pan! Tras tanto duelo, tras el otro, por todos. Porque irá por todos o no irá.  Versus la refractaria válvula del no querer. Vía la sangre, vía el soplido de la garganta que viene de nuestra historia. So pretexto de tu calma no dejarás de ser piadoso, y nada que ver con tema católico, sino en el tenor de piedad como darse y no acomodarse, dar y no en Dadá sino en perfecto español a decir verdad. La gente piensa que si no tiene dinero va a vivir menos, va a vivir menso. Pero cuando llegue el punto, sin cachondeos, todos moriremos. Cumplir como un hombre o una mujer no pasa ni pasará más por ese poderoso caballero que es Don Dinero. Lo importante no está ahí. No está ahí. No seas recabrón. Reparte. Deja pasar. Haz equilibrio del dar. Permuta. Cambia, ayuda a otros a ayudar. La de cosas que se pueden hacer soñando que des. La cantidad de cascada que vendrá, en forma de tapicera poesía, armadura de poesía la que vendría para tomar el cuadro de honor, poesía que abrirá la puerta de todas las luces, de todas las purísimas verdades, sabiendo que la verdad sabe sólo a agua limpia, trigo limpio, sabiduría de vida, y la única dictadura providencial será de amor: date y ya verás.