Es cierto que la política, igual que la vida cotidiana, mantiene frases célebres. Unas por su alto contenido de sabiduría y lección de vida; otras, por el desatino de quien lo dice. Sobre todo cuando estos personajes son los famosos de las noticias, ya sean éstos del mundo deportivo, farandulero o político. Y hoy más que nunca, cualquier desatino se reproduce como noticia de importancia y se transmite y redistribuye de manera viral en redes sociales.

Ninel Conde, Paulina Rubio y Alicia Machado son tan sólo algunas de las artistas que han resbalado por decir alguna barrabasada en sus cuentas de Twitter. Una vez que escriben algo, se redistribuye y hace eco en diversos grupos de la sociedad.

Sin embargo, el tema que más nos puede llamar la atención es el de la política. Las artistas, hablando como lo hacen, no hacen daño, pero en el campo de la administración de gobierno, esto tiene otro cariz.

En este terreno, las frases pueden llevarnos desde la anécdota y la burla, hasta el asombro y el enojo frente a aquellos dicharacheros, esos quienes deberían de ser más diligentes al revisar sus discursos o al elegir a sus grupos de relaciones públicas o propaganda. Anécdotas tenemos varias en estos últimos meses. Ya no voy a insistir en que sepan de tres libros importantes cuando se presentan en un foro donde la gente busca publicaciones y quiere escuchar de boca de sus autores evocaciones a la inspiración o la aspiración.

Célebre fue la presentación del candidato priísta a la  Presidencia de México en la Feria del Libro de Guadalajara. Enrique Peña Nieto no supo mencionar tres libros que lo hubieran marcado en su vida. Confundió autores, pensó en la Biblia y su alocución ni siquiera fue un cantinflismo, –que a la larga, el cómico mexicano siempre daba una lección de moral al terminar sus frases–.  Su presentación parecía material propio de un sketch de Héctor Suárez cuando, parodiando a los políticos, hacía referencia al “melatismo” y la “menoridea”.

Más polémica que célebre fue la continuación del episodio cuando al reclamar las protestas y burlas contra su padre, Paulina, la hija del político, tildó de prole a la ciudadanía que podría emitir su voto por el priísta.

Dos días después, la prensa y las redes sociales propagaron una entrevista del periodista Salvador Camarena a Peña Nieto. Al preguntársele el precio de la tortilla, respondió que no lo sabía y justificó su desconocimiento por no ser “la señora de la casa”.

Tampoco el perredista Andrés Manuel López Obrador o la panista Josefina Vázquez Mota supieron responder en su momento a cuánto ascendía el costo del boleto del Metro.

Y ya que hablamos de Vázquez Mota, ¿qué tal la puntada de decir en el ITAM que no era perfecta porque había estudiado en la Universidad Iberoamericana?  Quiso bromear, pero no resultó así. Y peor aún, unos días después, su equipo de prensa se refería al escritor Mario Vargas Llosa como el Premio Nobel de la Paz, y no de Literatura. Es verdad que después corrigieron, pero esta explicación quedó aplastada entre los escombros de la lluvia de mensajes en redes sociales el día del temblor y sus consecuentes réplicas.

Lo que antes era un dicho famoso o una frase que acuñaba alguna explicación o filosofía sobre la política (no siempre positiva, claro está), pareciera ahora sólo estar plagada de errores comunes. No todas las frases que lanzan los politicos van a tener un eco en la academia, los intelectuales o la ciudadanía engeneral, si en la frase se les va un error.  Todo esto repercute de manera contraria.

En la política nacional tenemos frases célebres como: “El que se mueve no sale en la foto”, “Arriba y adelante”, “Defenderé el peso como un perro”, “No soy ni de izquierda ni de derecha” o “Un político pobre no es más que un pobre político”. Pero hoy la celebridad pasa más bien por el error.

A tan sólo dos meses de dejar la Presidencia de la República, Vicente Fox todavía daba de qué hablar.  Durante su administración, iniciada en el 2000, tuvo varios resbalones. En su momento el ex mandatario comentó en una conferencia en la ciudad de Los Ángeles: “América Latina debe huir de la dictadura perfecta, como lo dijo el premio Nobel colombiano de Literatura, Mario Vargas Llosa”. Pero en realidad sólo fue premonitorio. Vargas Llosa en ese entonces no había ganado el Nobel de Literatura y no es colombiano. Nació en Perú y se nacionalizó español.

Los “foxismos” o  comentarios polémicos del Mandatario fueron célebres. Es recordada su participación en el Congreso de la Lengua Española en Madrid ante el Rey Juan Carlos de España, donde le cambió el nombre al escritor argentino Jorge Luis Borges, por José Luis Borgues.

Es verdad. No son infalibles. Tampoco lo soy yo y de manera científica tampoco lo es el Santo Pontífice, pero esta y otras frases son cada vez más comunes entre nuestros políticos. ¿Dónde está su preparación académica?  No importa la escuela o la universidad de la que hayan salido. No creo que unos sean mejores o peores por el nombre de una institución, muchas veces son los talentos personales y familiares los que prevalecen en una persona profesional.

Pero vuelvo a insistir. ¿Creen que con tener una cuenta de Twitter ya saben usar redes sociales? ¿Creen que participando en foros académicos pueden atraer a los intelectuales o a los profesionistas? Lo primero que necesita un político es entender a los conciudadanos, a aquellos a los que pretende gobernar o ejercer el servicio público administrando sus bienes y recursos para el bien común.

¿Cómo un Presidente ya electo puede tomar una decisión de importancia sobre números en producción de petróleo, reforma energética, laboral o educativa si sobre meras referencias enciclopédicas hay tantos errores?  ¿Entienden ellos mismos lo que nos quieren decir cuando lanzan sus discursos para convencernos sobre el voto?  Más triste todavía es ver que nos enfocamos en esos errores en tono de burla, aun cuando no todos hayamos disfrutado de Borges o de Vargas Llosa sin cuestionar lo que ha detrás de esos errores y los equipos de asesores o su relación con ellos.

Todas estas frases quedan para hacer todo un calendario político y para la anécdota. Sin embargo, como ciudadanos, más allá de señalar el error y reírnos de los papelones que hacen nuestros políticos ahora en campaña, deberíamos cuestionar qué pasa con los niveles educativos. Hemos sacado a la política del plano del análisis, de la comparación de plataformas, de propuestas concretas a problemas añejos y también muy definidos.

Hemos dejado a los políticos y nuestro ejercicio ciudadano en el plano de la teatralidad, de la comedia y lo que tenemos ya en este momento son problemas que nos muestran varias tragedias, entre ellas la de nuestro propio sistema educativo.  Y eso que no he hablado del discurso de la profesora Elba Esther Gordillo ante el presidente Felipe Calderón y su versión médica de la “influencia HLNL” cuando en todos los medios se explicaba lo que era la influenza H1N1.

No más por favor.