La disrupción que el COVID-19 ha provocado en la economía global hace que la acción climática esté en riesgo. Foto: Magdalena Montiel, Cuartoscuro

Angelica Simón*

En los últimos días, casi con la misma viralidad del Coronavirus, se ha propagado en las redes sociales ese poema escrito en 1800 durante la epidemia de la peste que entre otra frases, dice:

Y la gente se quedó en casa….
Y leyó libros y escuchó…
Y aprendió nuevas formas de ser…
Y la gente empezó a pensar de forma diferente…
Y la gente se curó….
Y en ausencia de personas que viven de manera ignorante, peligrosos, sin sentido y sin corazón…
Incluso la tierra comenzó a sanar…
Y cuando el peligro terminó.
Y la gente se encontró de nuevo…
Y tomaron nuevas decisiones…
Y crearon nuevas formas de vida…
Y sanaron la tierra completamente…

E irremediablemente debemos reflexionar en los paralelismos entre una crisis y otra y en la necesidad de que despertemos, y cambiemos y actuemos distinto y nos salvemos, y hablamos del Coronavirus y también de la crisis climática.

No, la crisis climática y la crisis del COVID-19 no están relacionadas directamente, porque el surgimiento del nuevo virus no tiene nada que ver con modificaciones en los patrones climáticos o las implicaciones que éstas pueden tener en el tiempo atmosférico como han aclarado ya los expertos.

Pero aunque son hechos independientes existen paralelismos muy marcados entre ambas crisis: ambas han cobrado la vida de miles de personas, en ambos casos, particularmente de la población en situación vulnerable, en ambos casos ha habido una alerta desde los organismos internacionales sobre la inacción y la reacción tardía de las autoridades en tomar medidas contundentes, ambas han de tener impactos severos en la economía mundial y ambas nos están mostrando el camino equivocado que nuestras economías han decidido tomar hace ya muchas décadas atrás, en el caso climático hacia la economía basada en la quema de combustibles fósiles que nos tiene al borde de un colapso climático, en el caso sanitario hacia el menosprecio por los servicios de salud públicos que fueron dejados bajo la regulación del libre mercado.

Entonces por qué las medidas agresivas y contundentes que están tomando países con respecto al COVID-19 no están siendo tomadas para la crisis climática cuando se trata de los mismos países con grandes emisiones de gases de efecto invernadero.

Aquí es donde el paralelismo se rompe. Los seres humanos no somos buenos preocupándonos por el futuro, estamos diseñados para hacer frente a los riesgos que vemos aquí y ahora.

Gernot Wagner, economista climático de la NYU, dice que “es sorprendente ver como el coronavirus es la crisis climática pero a la velocidad de la luz”. Por un lado, la crisis climática ha estado en la opinión pública durante décadas, prometiendo un riesgo que hasta hace poco tiempo no era visibilizado y por el otro, el COVID-19 ha evolucionado de un problema aislado en países lejanos hasta llegar a ser una pandemia global en cuestión de semanas.

Pero esto puede servirnos como una lección de lo que está por venir cuando hablamos de una crisis climática, lo que los analistas económicos han llamado el “Cisne Verde”.

La crisis sanitaria del COVID-19 ha dejado en evidencia la vulnerabilidad de nuestro sistema económico, y en particular el mercado internacional del petróleo, ante disrupciones críticas. Esto hace aún más relevante la transición energética hacia energías renovables en todo el mundo con el objetivo de dejar de agudizar una crisis climática que tiene el potencial de provocar una crisis económica de proporciones enormes. Una muestra más de que como país estamos tomando las decisiones equivocadas.

La disrupción que el COVID-19 ha provocado en la economía global hace que la acción climática esté en riesgo. Es muy importante que los esfuerzos que se han realizado hasta el momento para mitigar la crisis climática no se frenen con la intención de acelerar la economía. Al contrario, esta crisis tiene que ser aprovechada como un quiebre en el sistema económico y el modelo de producción que han exacerbado la crisis ambiental, es momento de apuntar hacia un modelo que no ponga en riesgo nuestra supervivencia, porque de eso es de lo que estamos hablando, sobrevivir o no.

Como dice el poema, es tiempo de tomar nuevas decisiones… y crear nuevas formas de vida y sanar la tierra completamente…y frenar el cambio climático y la crisis que nos ha venido anunciando.

*Angelica Simón es coordinadora de medios de Greenpeace México