Seguro que el Gobierno federal es el que menos quiere traer tantas pelotas en el aire, como las que se le han sumado en las últimas 11 días a partir de la fuga de Joaquín Guzmán Loera y nuevos casos que implican al Ejército con el asesinato de civiles. Sin embargo, ¿cómo explicar la decisión de intervenir en Oaxaca contra los profesores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE)), a riesgo de tener una respuesta virulenta de ese grupo, para dizque recuperar la rectoría educativa en esa entidad?

El martes pasado, muy temprano, Gabino Cué Monteagudo, Gobernador de Oaxaca, acompañado de Emilio Chuayffet Chemor, titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP), y de Eduardo Sánchez Hernández, coordinador general de Comunicación y Vocero de la Presidencia de la República, anunció la modernización del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO), a través de un decreto con el que se creará un nuevo Instituto como organismo descentralizado de la administración pública estatal, con personalidad jurídica, patrimonio propio y autonomía de gestión.

Es decir, los gobiernos federal y local le quitan a la Sección 22 de la CNTE el control de esa dependencia, donde además de poder político tenía también influencia en decisiones administrativas y presupuestales.

La historia de denuncias contra la CNTE no es nueva y en sus protestas ha generado crisis políticas y sociales crispantes, como la que provocó en 2013 en la Ciudad de México con sus plantones en el Zócalo y, luego, en el Monumento a la Revolución, sólo por mencionar uno de tantos momentos álgidos.

Entonces, ¿por qué el Gobierno federal no actuó antes?, ¿por qué hasta el martes?, ¿por qué ocupar tiempo de la cadena nacional para anunciar desde Los Pinos, además, esta decisión que se había postergado por muchos años y que debió tomar de tajo si lo que quería era realmente priorizar la educación frente a la violencia y el chantaje?

La respuesta de los analistas es que el Gobierno federal apostó por abrir otro frente de problemas con un enemigo que no goza de la simpatía ciudadana, como es la CNTE. Azuzar a una organización, calificada por muchos de “violenta”, en tiempos en que al Presidente Enrique Peña Nieto y a su gabinete de seguridad se les reclama un día sí y el otro también el “imperdonable” error de la fuga de “El Chapo” y los excesos de los militares mexicanos, podría ser la respuesta de ese anuncio tan relevante para la educación en Oaxaca e impensable hasta hace unos días.

La apuesta, dicen algunos especialistas del tema, es que la CNTE aumente sus protestas y las lleve a la Ciudad de México para así tener todavía más exposición en los medios de comunicación, y concentrar las baterías de la crítica en esa organización.

Y la teoría no suena tan descabellada cuando se revisa los medios independientes mexicanos y, en particular, los del extranjero y da cuenta que Peña Nieto es hoy por hoy el Presidente que más críticas recibe.

La teoría de la “caja china”, de un distractor urgente de los grandes temas nacionales que se le reclaman al actual Gobierno federal –incluido el de la dimisión de varios de los integrantes del gabinete–, suena fuerte luego del anuncio de la reestructuración de la IEEPO en Oaxaca.

Hay urgencia de que las críticas se dirijan hacia otro lado y que no se acumulen en Los Pinos. Pero la respuesta no es tapar un frente y abrir otro. Esa técnica ya no da resultado en una sociedad cada día más informada y más indignada.