Proceso “no se porta bien”, dijo el Presidente. Foto: Cuartoscuro

El periodismo de los últimos años en nuestro país aprendió a anteponerse al silencio para seguir informando. A pesar de la violencia a la que se enfrentan todos los días, existen periodistas en las regiones que dan cuenta del día a día, de la arbitrariedad, de la corrupción y de las graves violaciones a derechos humanos.

La semana pasada, tuve la oportunidad de estar en Seyé, un municipio del estado de Yucatán con un grupo de periodistas que todos los días cuentan historias de lo que se vive en sus comunidades, de la forma en la que las autoridades municipales ejercen el poder y abusan de él. En palabras de Bartalomé Canché, periodista de esta comunidad, ellos -los periodistas- se han convertido en “aliados de los desprotegidos y enemigos de los poderosos” solo por contar lo que sucede; porque “ser periodista en contextos como el nuestro es convertirse, eventualmente, en activista”.

Cada periodista decide cuál es la historia que quiere contar pero esto no quiere decir que las historias que cuentan dejen de ser verdad, en el caso de Bartolomé y Edwin Canché, ellos han decidido hablar de la historia de su gente. Podrían hablar de aquella de los policías municipales que encarcelan, sin más, a quien les dice que no están haciendo su trabajo o de los presidentes municipales que han utilizado una campaña de desprestigio para desvincularlos de su comunidad, también las autoridades viven una “verdad” en su realidad, pero los periodistas han decidido dar voz a su pueblo, a quienes no tienen el poder de usar otros medios para alzarla.

Ayer el Presidente, en el marco de la conferencia mañanera, dijo que “todos los buenos periodistas de la historia, siempre han apostado a las transformaciones” que “los buenos periodistas que ha habido… tomaron partido”, que “es muy cómodo decir yo soy independiente o el periodista no tiene por qué tomar partido o apostar a la transformación” indicando además que hoy se editorializa para “evitar las transformaciones, para el conservadurismo” y aludiendo a la Revista Proceso como aquella que “no se portó bien” con su gobierno.

Las afirmaciones vertidas por el Presidente son preocupantes, no solo porque infieren que aquél que toma partido pierde conciencia y capacidad de pensar diferente, sino porque suponen la expectativa de una alineación militar en pos de la transformación y no la posibilidad de caminar en conjunto hacia una meta definida tomando en cuenta la pluralidad, la posibilidad de encontrar el camino reconociendo la diferencia o ¿es que acaso la transformación solamente puede lograrse con una sola estrategia y un solo camino? ¿por qué no habríamos de nutrir el camino con la riqueza que nos da la diferencia, la crítica y la oposición?

Esperar que las y los periodistas pierdan la conciencia es condenarlos a dejar de ser lo que son. Apostar a una alineación radical, sin crítica o escrutinio es frenar la posibilidad de todas y todos a ser verdaderamente libres y participar sin miedo. Esto en estricto sentido tendría que ser la gran apuesta de cualquier movimiento transformador: trasladar el poder y la voz al pueblo.

Pero mientras el Presidente insinúa sin ruborizarse que los periodistas buenos son los que le apuestan a su gobierno y los malos aquellos que “no se portan bien” con él, la realidad continúa atropellando a miles de periodistas que informan desde sus comunidades sin la protección de un Estado cuyo jefe se encarga de desprestigiarlos.

El primer paso para superar el silencio al que se enfrentan periodistas como Edwin y Bartolomé Canché es que la máxima autoridad del Estado rechace y condene sin ambigüedad cualquier agresión en su contra. Aplaudir la consolidación de un discurso oficial maniqueo sobre la prensa nos pone un paso más cerca de condonar ataques contra aquellos que consideramos menos dignos de ser protegidos debido a sus posturas…a no portarse bien.