El equipo de Greenpeace capturó evidencia de los incendios. Foto: Christian Braga/Greenpeace

Ha pasado ya un año desde aquellas noticias que estremecieron al mundo: los terribles incendios en la selva amazónica. ¿Recuerdas lo impactantes que eran las imágenes? Tomando en cuenta los daños del año pasado, se estima que más de un millón de hectáreas fueron quemadas, pero en la actualidad los bosques no han dejado de arder a pesar de que el Gobierno brasileño recientemente emitiera un comunicado en donde estaría prohibida la quema durante 120 días. Claramente esta táctica no fue exitosa, el gobierno desea eliminar toda ley y agencia ambiental para seguir con estas prácticas y seguir enriqueciéndose. Tan solo durante las primeras dos semanas de agosto de este año, se presentaron más de 15 mil incendios.

El equipo de Greenpeace capturó evidencia de los incendios el pasado 9 de julio en una zona de bosque en el estado de Mato Grosso, justo cuando comenzaba la estación seca en el sur del Amazonas. Otras imágenes mostraban áreas cerca de otras ciudades que ya habían sido convertidas en zonas de pastoreo. Según especialistas, todo indica que este año habrá muchos más incendios.

Imágenes captadas entre el 7 y 10 de julio. Foto: Christian Braga/Greenpeace

A nivel mundial, la elaboración de productos lácteos y cárnicos utiliza el 83 por ciento de las tierras agrícolas (Science, 2018). En el Amazonas se trata de “liberar” espacio para poder criar animales para consumo y también para crecer su alimento. Casi dos tercios de todos los cultivos de soya, maíz y cebada y aproximadamente un tercio de todos los cultivos de granos se utilizan para alimentar a los animales (Lancet, 2019).

Estas prácticas también vulneran a las comunidades indígenas del área, los incendios en las zonas donde habitan se han incrementado en un 8 por ciento comparado con el año pasado, esto amenaza la supervivencia de estas comunidades, ya que dependen de los bosques. También el aire está repleto de humo y hollín, lo cual no solo hace que las comunidades estén más propensas a enfermedades respiratorias, sino que también les hace más vulnerables ante la pandemia que estamos enfrentando.

Al igual que el cambio climático y la pandemia, la quema de la selva amazónica es una de las varias crisis mundiales causadas por la demanda de carne y otros productos de origen animal. Estamos terminando con los bosques que nos dan vida y esto también acabará con nosotras y nosotros si no actuamos. Un estudio de la Universidad de Oxford planteó el siguiente supuesto: si todas las personas dejaran de comer animales y productos lácteos, el uso de las tierras agrícolas a escala global podría reducirse en un 75 por ciento, el área equivalente al tamaño de EU, China, Australia y la Unión Europea, combinados.

Afortunadamente, después de las protestas y demandas hechas por la sociedad el año pasado, hay una presión mayor sobre el gobierno brasileño y sobre las empresas, muchas de estas han dejado de hacer negocios con quienes destruyen los bosques. Debemos seguir exigiendo a los gobiernos que trabajen y financien a las agencias ambientales, exigir que se refuercen y se cumplan las leyes. También seguir motivando a las compañías a dejar de ser parte de esta problemática y, a nivel personal, cuestionar nuestros hábitos de consumo y comenzar a tomar acción.

No permitamos que el mundo siga cayéndose a pedazos por un trozo de carne.