Los simios también saludan y se despiden en sus interacciones, revela estudio

23/08/2021 - 12:15 am

Luego de analizar mil 242 interacciones en grupos de bonobos y chimpancés, los investigadores notaron que los simios se miraban y se comunicaban entre sí con frecuencia para iniciar y finalizar las interacciones.

Redacción Ciencia, 23 ago (EFE).- Cuando una persona habla con otra, probablemente no se iría sin despedirse; eso sería de mala educación. Los simios parecen hacer algo parecido, según un estudio que constata que estos se comunican para iniciar y finalizar interacciones sociales con señales como tocarse o mirarse fijamente.

En un artículo publicado en la revista iScience, se documenta el uso intencionado de señales por parte de los simios para comenzar y terminar estas interacciones, un comportamiento -dicen los autores- que no se había visto hasta ahora fuera de la especie humana.

Compartir intenciones y trabajar juntos en un objetivo común conduce a un sentido mutuo de obligación, también conocido como compromiso conjunto.

La investigadora Raphaela Heesen, de la Universidad de Durham (Reino Unido), y su equipo están viendo evidencias, en los grandes simios, que podrían desafiar la afirmación de que este compromiso conjunto es exclusivo de los humanos.

En experimentos anteriores sobre este comportamiento, se había documentado cómo los niños humanos protestaban cuando un investigador dejaba de jugar con ellos de forma abrupta. Ofreciendo juguetes o vocalizando, estos intentaban que este volviera a participar en el juego previamente acordado.

Tras presenciar una situación similar entre dos bonobos -que fueron interrumpidos mientras se aseaban y luego utilizaron gestos para reanudar la interacción- los investigadores sintieron curiosidad por saber más.

Para llevar a cabo sus experimentos, propusieron que el compromiso conjunto no se basara únicamente en el sentimiento de obligación entre dos participantes de cumplir una promesa compartida, sino que también implicara el proceso de establecer el acuerdo y decidir mutuamente después que el acuerdo se ha cumplido.

Eso significa que algo tan sencillo como establecer un compromiso de conversación con un contacto visual y un “hola” y luego señalar que una conversación está terminando con la repetición de “vale, suena bien” o un “adiós” podría ser un ejemplo de este proceso.

Así que se propusieron comprobar si los grandes simios tenían un proceso similar de entrada y salida de la interacción, lo que, aseguran, demostraría el proceso de compromiso conjunto.

Tras analizar mil 242 interacciones en grupos de bonobos y chimpancés en zoológicos, descubrieron que los simios se miraban y se comunicaban entre sí con frecuencia para iniciar y finalizar las interacciones.

Los bonobos intercambiaban señales de entrada y miradas mutuas antes de jugar en el 90 por ciento de las veces y los chimpancés en el 69 por ciento.

Las fases de salida eran aún más comunes, ya que el 92 por ciento de las interacciones de los bonobos y el 86 por ciento de las de los chimpancés incluían salidas.

Estas señales comprendían gestos como tocarse, tomarse de las manos o chocar las cabezas, o mirarse fijamente, antes y después de encuentros como el acicalamiento o el juego.

Los investigadores también tuvieron en cuenta factores como la proximidad social entre los simios o quién tenía más poder sobre el otro.

Curiosamente, cuanto más cerca estaban los bonobos entre sí, más corta era la duración de sus fases de entrada y salida, si es que existían.

Estas señales comprendían gestos como tocarse, tomarse de las manos o chocar las cabezas, o mirarse fijamente, antes y después de encuentros como el acicalamiento o el juego. Foto: EFE

Los autores afirman que este patrón es similar a la forma en que nosotros, como humanos, nos comunicamos: “Cuando interactúas con un buen amigo, es menos probable que te esfuerces en comunicarte amablemente”, dice Heesen en un comunicado.

En cuanto a la comprensión del origen y la evolución del compromiso conjunto, este estudio es un paso más, pero la investigadora dice que aún queda mucho por hacer.

“El comportamiento no se fosiliza, no se pueden desenterrar huesos para ver cómo ha evolucionado el comportamiento, pero sí se puede estudiar a nuestros parientes vivos más cercanos: los grandes simios como los chimpancés y los bonobos”, argumenta.

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