Helga Prignitz-Poda, la curadora, ante la prensa italiana. Foto: Palazzo Ducale

Helga Prignitz-Poda, la curadora, ante la prensa italiana. Foto: Palazzo Ducale

Ciudad de México, 23 de septiembre (SinEmbargo).- Se conocieron en 1922,  bajo el andamiaje de la Escuela Nacional Preparatoria. Él era el pintor más famoso del México revolucionario y ella sólo una joven alegre y poco tímida. A los siete años de ese encuentro, se casaron y comenzaron a vivir un amor tormentoso, lleno de traiciones mutuas, destinado a convertirse en leyenda.

El Palazzo Ducale en Génova recibió el sábado pasado la muestra Frida Kahlo y Diego Rivera, que estará abierta hasta el 8 de febrero próximo, para celebrar la unión personal y artística de dos figuras monumentales de la cultura mexicana.

Luego de que la muestra íntegramente dedicada a Frida marcara récords de visita en el Quirinale de Roma, con más de 300 mil visitantes en cinco meses, llega a Génova la exposición de ambos, con la curaduría de Helga Prignitz-Poda y la colaboración de Christina Kahlo (bisnieta de Frida) y Juan Coronel Rivera (sobrino de Diego).

Lo que se conoce como “la unión de un elefante con una paloma” se expresa en la muestra mediante 120 pinturas, dibujos y fotografías que confluyen para narrar una historia que fue más allá del amor, probablemente para tocar el fuego del odio y la competencia artística entre dos seres con personalidad de locomotora.

Moisés o Núcleo solar. Foto: Palazzo Ducale

Moisés o Núcleo solar. Foto: Palazzo Ducale

Son 66 pinturas de Frida, 88 de Diego Rivera y 80 fotografías en un recorrido de 12 salas divididas por temas.

“Mientras en la exposición de Roma presentamos a Frida como un ícono del vanguardismo y la comparamos con otros artistas vanguardistas de Francia y Alemania, la exposición del Palazzo sirve para explicar a Frida en el contexto interior del arte mexicano, comparando su trabajo con el de Diego Rivera”, dijo Helga Prignitz-Poda en una entrevista difundida por el CONACULTA.

De las pinturas de Frida destacan sus autorretratos “Diego en mi mente”, “Autorretrato llevaba un vestido de terciopelo”, “Diego y yo” y “Autorretrato en una flor del sol”, pintado unos días antes de su muerte, así como el famoso corsé de yeso sobre el que Kahlo grabó la hoz y el martillo.

Diego Rivera, en tanto, se vislumbra en pinturas al óleo, especialmente los grandes retratos    “Retrato de Oaxaca Señora” y “Retrato de Natasha Gelman”, entre otros, reflejo de una obra basada en la fe en la humanidad, opuesta a la fantasía que su mujer usó como antídoto contra la soledad y el dolor físico.

Mientras que la revolución del gran muralista mexicano se concreta en el afuera, es la revolución interior de Kahlo lo que se manifiesta en sus cuadros muchas veces visto como un antecedente visual de lo que en la literatura se llamó “realismo mágico”.

Lupe Rivera Marín, hija de Diego Rivera, en Génova, durante la inauguración de la muestra en el Palazzo Ducale. Foto. Palazzo Ducale

Lupe Rivera Marín, hija de Diego Rivera, en Génova, durante la inauguración de la muestra en el Palazzo Ducale. Foto. Palazzo Ducale

Rivera nació en Guanajuato en 1886, en momentos en que la cultura mexicana todavía estaba profundamente basada en modelos europeos. Fue un niño prodigio que sobresalió en el dibujo, se fue a Europa con una beca en 1907, donde estudió las obras de la escuela española (Velázquez, El Greco, Goya).

Más tarde, en París, se centró en la pintura francesa (Cézanne, Signac y Seurat, puntillismo). Entre 1913 y 1914, se centró en el cubismo. Durante estos años, artistas como Modigliani, Picasso, Braque y Gris ejercieron una fuerte influencia sobre un artista incipiente que absorbía todo como una esponja.

De vuelta en México, Rivera comenzó a planear su trabajo en la Escuela Nacional Preparatoria, donde Frida Kahlo era un estudiante que había nacido en 1907 en Coyoacán. En 1925, a los 19 años, fue víctima de un terrible accidente de coche, resultado de una colisión entre un autobús y un tranvía, en la que una barandilla de hierro entra en su costado y la obliga a una atención a largo plazo y a un gran sufrimiento físico durante toda su vida.

Uno de los autorretratos de Frida que pueblan la muestra en Génova. Foto: Palazzo Ducale

Uno de los autorretratos de Frida que pueblan la muestra en Génova. Foto: Palazzo Ducale

Quiso estudiar medicina pero tuvo que abandonar la escuela. La pintura fue su gran refugio existencial y sin duda su gran motor de vida. Tenía 22 años y Diego, 43, cuando se casaron. Vivieron un matrimonio tormentoso, al final del cual cada uno tenía por lo menos una docena de amantes.

Sin embargo, jamás pudieron separarse espiritualmente y todavía está impreso con gran fuerza en la memoria mexicana el rostro doliente de Rivera, cuando despedía a su mujer en el magno funeral llevado a cabo en el Palacio de Bellas Artes.

UNA CINTA ALREDEDOR DE UNA BOMBA

El poeta francés Andre Breton fue el primero en organizar una muestra de las pinturas de Frida Kahlo en París. Las había descubierto sorpresivamente en la casa de Diego y al verlas las definió como “una cinta alrededor de una bomba”.

Rivera fue capaz de dar voz a los desprotegidos y describir con su pintura las tragedias sociales de su contemporaneidad. Frida, en cambio, trató los sentimientos universales como la compasión, la empatía, el deseo de amar y ser amado, en una obra menos prodigiosa que la de su marido y de la que se rescatado sobre todo su inocencia y su fragilidad.

Autorretrato con trenzas. Foto: Palazzo Ducale

Autorretrato con trenzas. Foto: Palazzo Ducale

Helga Prignitz Poda, quien además de ser la autora del Catálogo razonado de la pintura de Frida Kahlo, ha sido curadora de exposiciones de Frida en Berlín y Roma, entre otras ciudades, destacó la presencia en la muestra de “dos cuadernos de Diego Rivera que él realizó durante su viaje a Italia. En ellos hay numerosos bocetos de la gente que vio, pero sobre todo él hacía algunos ejercicios registrando características de piezas de arte que conoció aquí.

En esos cuadernos se puede seguir la manera como sus ojos se fueron sorprendiendo con hallazgos de detalles del arte italiano que posteriormente se convirtieron en influencias para su propia obra”, dijo.

“Además de las pinturas, para poder explicar algunos aspectos del muralismo en México, tendremos el apoyo de pantallas  en muros donde reproduciremos algunos de los murales realizados en los ’30 y ‘40. Esto tiene como propósito mostrar lo diferente que era la circunstancia pública y política de Diego y Frida, independientemente de sus técnicas de creación”,  afirmó la historiadora del arte.