El padre Alejandro Solalinde Guerra afirma que los sacerdotes en México, principalmente aquellos que trabajan en las comunidades más pobres, están en la “mira” de los criminales. En entrevista con SinEmbargo el también activista expresa su preocupación por los dos crímenes recientes en Veracruz y la desaparición de un cura en Michoacán, y pide a los jerarcas de la Iglesia Católica que actúen ya.

Ciudad de México, 23 de septiembre (SinEmbargo).– Consternado y preocupado, el padre Alejandro Solalinde Guerra afirmó que los criminales traen en “la mira” a los sacerdotes más comprometidos con los pobres, mientras la jerarquía de la Iglesia católica se mantiene una actitud pasiva.

Ayer, luego de conocer la noticia oficial del secuestro del sacerdote José Alfredo López Guillén, quien el lunes pasado fue sacado de su casa parroquial en Morelia, Michoacán, el Solalinde Guerra dijo a SinEmbargo que la violencia y la injusticia en México llegaron a niveles bárbaros y que el clero, hasta el momento, ha mostrado una actitud débil.

“Estamos muy consternados y preocupados. Antes al menos nos respetaban, ahora vemos que en unos cuantos días, mira los que van. La Iglesia, la jerarquía católica, tiene que reaccionar, tiene que ver qué hacer. Yo estoy enviando cartas, haciendo nuestra parte, hablando en medios, estoy muy preocupado”, dijo el también activista en defensa de los migrantes y de los derechos humanos.

Solalinde Guerra lamentó y condenó que el Fiscal de Veracruz Luis Ángel Bravo Contreras declarara que los dos curas asesinados en Veracruz, apenas hace tres días, estaban en estado de ebriedad.

“¡Es que ya no es borrachos o no borrachos! Nos traen en la mira, porque se ve que ya estamos respondiendo con la gente, que estamos más comprometidos abajo, pero por otra parte que pena que no respeten a un representante de Dios”, dijo.

EL ASESINATO DE SACERDOTES EN CIFRAS

De acuerdo con el Centro Católico Multimedial en su reporte anual 2015: “¡25 años de sacerdocio en la línea de fuego!”, durante el último cuarto de siglo el asesinato de miembros de la Iglesia católica se incrementó 257 por ciento, es decir se han dado 52 atentados: 50 asesinatos y dos desaparecidos.

La mayoría, 38, son sacerdotes. En lo que va del sexenio del Presidente Enrique Peña Nieto han asesinado a 14 curas, dos laicos y dos presbíteros desaparecidos. El análisis de la organización dice que al cierre de 2015 hay un incremento de 67 por ciento, respecto al tercer año de Gobierno del ex Presidente Felipe Calderón Hinojosa.

Los estados más peligrosos para los curas son: Chiapas, Tabasco, Ciudad de México, Puebla, Tlaxcala, Hidalgo, Estado de México, Jalisco, Nayarit, Veracruz, San Luis Potosí, Colima, Culiacán, Tabasco, Michoacán, Guerrero y Tamaulipas.

El padre Solalinde afirmó que los sacerdotes atacados son los que están más cerca de los pobres, en comunidades indígenas y marginadas de Guerrero, Veracruz, Michoacán.

“Son sacerdotes que están muy abajo con la gente, comprometidos. No están atacando a un Obispo, no a un Monseñor; no, están atacando a personas comprometidas con los derechos humanos. Yo pienso que por ahí va el asunto. Por más que quiera desvirtuarlo el Fiscal de Veracruz no puede hacerlo. El padre Goyo [Gregorio López Gorostieta, asesinado en diciembre de 2014], ¿se acuerda de él? De Altamirano, Guerrero. Sucede que él era un padre bastante tranquilo; daba clases en la Universidad Pontificia de México, no le podían achacar que estuviera en nada y ahora estos padres de Veracruz que están criminalizado. Dice el Fiscal que les pasó eso por borrachos; también lo dijo del periodista Rubén Espinosa [Becerril, asesinado junto a cuatro mujeres en la colonia Narvarte en la Ciudad de México], que los mataron porque estaban pisteando [bebiendo], como si el crimen en sí no fuera algo bárbaro que se tiene que perseguir”, dijo.

Alejandro Solalinde agregó que los jerarcas católicos han sido débiles ante la violencia y que debe tener una “actitud más enérgica”.

etidos con los pobres con los pòaen en “ndro Solalinde Guerra afirmes un glppe mo con la gente, se ha metido con todos, con las “Sí se ha manifestado, pero contra los matrimonios igualitarios. No se ha manifestado por la justicia, por las personas desaparecidas, secuestradas y asesinadas, y ya que nos llega a nosotros, a los sacerdotes, tiene pronunciamientos pero débiles, debe tener una actitud más enérgica”.

Solalinde Guerra agregó que los jerarcas católicos deben presionar a las autoridades mexicanas para frenar los crímenes en contra de los sacerdotes.

“Ahorita nos preocupa la vida del padre [José Alfredo López Guillén], porque desaparecen y aparecen, pero muertos. A veces no aparecen ni siquiera muertos; es una barbarie total esto. Ya se han metido con todos: con las mujeres, los campesinos, los indígenas, ya no respetan a nadie. Ahora con los sacerdotes, es un golpe moral más para el pueblo de Dios”, dijo el padre.

MÉXICO NO RESPETA LA VIDA: PADRE MARIO CAMPOS

El sacerdote Mario Campos Hernández, fundador en 1995 de la Policía Comunitaria, hoy Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC) de Guerrero, dijo que en México ya no se respeta la vida.

Campos nació en una de esas comunidades pobres de Guerrero y fue en 1988 cuando se involucró en los proyectos de su comunidad, más allá de oficiar misas, motivado por las injusticias y los crímenes en contra de la población.

“La pérdida de respeto a la vida habla de una sociedad degrada en sus valores. Es una sociedad que comete todo tipo de anomalías. No se centra solamente en el crimen, sino en el atentado contra la vida. Cuando una sociedad está sin valores, aumenta el crimen, crece la corrupción, la impunidad. Estamos hablando de una crisis moral, de valores. Si no se respeta la vida del sacerdote, imagínese la los demás”, consideró el padre Campos Hernández.

El sacerdote es el párroco de Tlapa de Comonfort, Guerrero, una de las comunidades más pobres de la región. Desde hace años trabaja de cerca en el proyecto comunitario y en más de una ocasión ha sido amenazado de muerte.

Para él su ministerio no ha sido fácil: “Implica mucho trabajo y por supuesto que tuve crisis difíciles, persecuciones. Lo importante es que gracias a Dios nos han permitido vivir y somos consientes de que este trabajo no es bien entendido por personas e instituciones. Pero tiene una finalidad sana, no queremos invadir espacios, ni protagonizar, pero sí desde el Evangelio”, dijo.