En su libro, Joshua Furst cuestiona a la generación de hijos criados en “familias fuera de las normas”. La historia se centra en el activista Abbie Hoffman, uno de los personajes de la contracultura americana, quien irrumpió en el Festival de Woodstock en plena presentación de The Who para dar un concierto.

Por Pilar Martín

Madrid, 23 de octubre (EFE).- La década de los 70 en Estados Unidos fue la de la libertad salvaje, la contracultura, ésa en la que surgieron figuras como la de Abbie Hoffman y en la que bucea el Joshua Furst en Revolucionarios, una historia que cuestiona también a esa generación de hijos criados en familias “fuera de las normas”.

Recién llegado y aún con el olor a tabaco de liar, Furst pide ir a cepillarse los dientes antes de empezar la entrevista. Una solicitud aceptada porque el americano lleva dos días de extremo ajetreo debido al éxito que este libro ha despertado en España después de convertirse en uno de los escritores más aclamados de Estados Unidos.

Un país que retrata en Revolucionarios (Impedimenta), en concreto en sus años 70, pero centrándose en la figura de uno de los personajes de la contracultura americana, aquel que irrumpió en el festival de Woodstock en pleno concierto de The Who para dar un concierto.

Y lo hace a través del personaje de Lenny Synder, el alter ego de Hoffman, y de su hijo Freedom Synder, el auténtico narrador de esta historia.

El porqué de inventarse este personaje para dar vida a Hoffman, según reconoce a Efe, fue una cuestión también de libertad, ya que no quería “estar sujeto” a la vida de esa persona, sino que quería crear.

“Al principio fue muy difícil porque tenía que encontrar ese equilibrio entre ficción y realidad, necesitaba un punto de unión porque en ocasiones quería ajustarme a los hechos históricos y esto hacía que me alejara de la novela”, cuenta Furst (Boulder, Colorado, Estamos Unidos 1971).

Conseguido este objetivo, y así lo atestiguará el lector, en “Revolucionarios” la narración de Freedom no solo se recuerda la vida de este líder que “despertó conciencias” y se recupera la atmósfera de estos años en Estados Unidos, sino que hace una radiografía de los hijos que nacieron en familias donde no existían los límites para conseguir cualquier objetivo.

Una reflexión volcada en estas páginas con pasajes tan duros como en el que narra cómo Synder/Hoffman consiente que su hijo Freedom sufra una pequeña descarga eléctrica en un enchufe para enseñarle que “nunca hay que fiarse de los mayores”.

“Mucho antes de escribir una novela de los radicales de los años 70 pensé en cómo debían ser los hijos criados en estas familias”, unidades familiares que, según “Revolucionarios” se rompen cuando Freedom madura y pasa de amar a su padre a odiarlo, pero con una ausencia de dolor y una resignación pacífica que asombran.

Según recuerda el escritor, la primera vez que conoció a Hoffman fue en un libro que leyó en una de las bibliotecas de los colegios locales a las que acudía habitualmente. Una obra que robó, reconoce entre risas, y que ahora podríamos pensar que este acto juvenil fue una especie de premonición.

Joshua Furst, autor del libro “Revolucionarios”. Foto: EFE

Aunque en la narración de “Revolucionarios” es fácil buscar similitudes a ciertos movimientos populistas actuales, Furst descarta toda tentación que pueda tener el lector porque desde la primera página ya nos marca esta “distancia entre el antes y ahora”. Por eso recuerda que este libro no se escribió en plena época Trump, sino cuando Obama aún gobernaba Estados Unidos y el “ambiente empezaba a caldearse”.

En cuanto al “legado” que esta generación nos ha dejado, Furst lo tiene claro: “Son bastantes cosas; lo más importante es que rompieron la cultura y cambiaron toda la música, la manera de vestir, la manera en la que nos veíamos unos a los otros, aunque también nos dieron muchos desastres”.

Cuestiones negativas aparte, sobre todo el hecho de hacer de los “no límites” el santo y seña de toda acción social y política, Furst concluye esta entrevista con un reclamo: “Necesitamos a más Hoffman”, pero con matices, claro.

“Necesitamos a gente que cautive la atención de la gente para que contrarreste el efecto que tiene el capitalismo en nuestra sociedad”, sostiene este estadounidense capaz de volver a meternos en la piel del que fue uno de los protagonistas de los disturbios de Chicago de 1968.