Las cuevas de Veracruz encierran secretos que se cuentan en leyendas, sus habitantes prefieren alejarse de ellas, en especial el 24 de junio. Una de esas historias es la del campesino Cirilo la cual, compartimos en esta ocasión.

Ciudad de México, 23 de octubre (SinEmbargo).- México es un país con mucha historia, mitos y leyendas que forman parte del folclor y la riqueza cultural que caracterizan al país. Veracruz tiene muchas leyendas famosas que han pasado de generación en generación, como La Condesa de Malibrán, El callejón del diamante, el Perro negro o la Mulata de Córdoba; en esta ocasión hablaremos de una de las leyendas de las cuevas encantadas de Veracruz.

Veracruz es un lugar con una vegetación abundante, con cerros, montañas y por supuesto, cuevas con muchos secretos que, según cuentan, pocos o nadie se atreve a conocer. Entre los veracruzanos, se tiene muy presente que el 24 de junio en la fiesta de San Juan, las personas
deben alejarse de las cuevas y ni por equivocación deben poner un pie en alguna.

Una de las leyendas cuenta que, un campesino de nombre Cirilo tuvo un día arduo de trabajo en su milpa, tras regresar a su casa, vio a lo lejos en la montaña, una cueva con una luz encendida. Siguiendo su curiosidad, Cirilo fue a la cueva, siguió la luz y encontró un lago de aguas cristalinas y cisnes que se transformaban en mujeres.

La experiencia hizo que el campesino se sintiera maravillado y permaneció un día en el lugar observando a las mujeres. Su esposa preocupada, pidió ayuda y un grupo de hombres fueron en su búsqueda, pero sólo encontraron sus herramientas en la entrada de la cueva. Para Cirilo había pasado un día, pero para todos ya había pasado un año, así que lo dieron por desaparecido.

Cirilo pensó que ya era tarde y ese 24 de junio decidió salir para recoger su herramienta e ir a casa. Al salir no encontró la herramienta, pues un año atrás los hombres que lo buscaban se la habían llevado, así que decidió caminar a casa sin saber realmente el tiempo que estuvo fuera de su hogar.

El campesino caminaba y las personas se acercaban a él con sorpresa intentando saber dónde había estado, él sólo contestaba que en la milpa, pero al llegar a su casa, encontró a su mujer vestida de negro, ella sorprendida y con lagrimas en los ojos le preguntó dónde había estado. Cirilo se dio cuenta que pasó un año completo en la cueva pero que para él, sólo fue un día.