Antes del 8 de noviembre, conforme se acercaba el día de la elección presidencial en Estados Unidos, Donald Trump comenzó a sacudir a México, particularmente en el tipo de cambio. Luego, en la madrugada del 9 de noviembre, cuando se confirmó su triunfo, comenzaron a recorrer el país diversos temores: desde la incertidumbre porque desaparezca el TLCAN y el retiro de empresas estadounidenses en el país hasta el impacto social y también económico que causarán su política de deportación de migrantes mexicanos y la construcción del famoso muro en la frontera norte de México.

El magnate neoyorquino será investido Presidente del país más poderoso de la tierra el próximo 20 de enero y la inquietud por sus amenazas aumenta. Sin embargo, el Gobierno federal parece despreocupado y son hombres con poder, como es el caso de Carlos Slim Helú, los que tratan de equilibrar la balanza. En un país que ya de por sí tenía casi cuatro años con una economía pasmada y en crisis de violencia, la llegada del republicano a la Casa Blanca, o a la Torre Trump –donde dice despachará–, confirma un panorama desalentador.

Ciudad de México, 22 de diciembre (SinEmbargo).– Ocurrió en Nueva York, el pasado 11 de septiembre, en la ceremonia por las víctimas de los atentados contra las torres gemelas que albergaban al Centro Mundial de Comercio: una tambaleante Hillary Clinton fue captada en un video mientras casi se colapsa poco antes de ingresar en un vehículo, rodeada por sus guardaespaldas. Tenía neumonía, indicaron sus médicos horas después, en plena recta final de la campaña por la Presidencia de Estados Unidos.

El hecho llegó a este país convertido en noticia viral. Una gráfica del Banco de México (Banxico), sin embargo, lo registró como el momento político previo a que el precio del dólar se ubicara, por primera vez en esta segunda mitad del año, por encima de los 19 pesos.

El anuncio de la Oficina Federal de Investigación (FBI) norteamericana por reabrir una investigación contra Clinton, el 28 de octubre, también fue medido por Banxico. El comportamiento posterior de la paridad: otro pico de aumento; otra vez por encima de los 19 pesos.

Uno de los mejores días que había tenido la moneda nacional en este segundo semestre de 2018 fue precisamente el 8 de noviembre, día de la elección presidencial en Estados Unidos, cuando diferentes medios y encuestas preveían la victoria de la candidata demócrata y el dólar, de acuerdo con el contador de Bloomberg, estaba en 18.3 pesos.

El triunfo de Donald Trump, empresario y representante del Partido Republicano el martes 8 de noviembre, sin embargo, devaluó la divisa mexicana en cuestión de horas, al subir el precio del dólar a 19.8 pesos el miércoles siguiente; a 20.5 el jueves y a 20.8 el viernes 11.

“En semanas posteriores a la última decisión de política monetaria del Banco de México, los mercados financieros en México presentaron un comportamiento negativo, como consecuencia del proceso electoral en Estados Unidos y su resultado”, expuso el Banco de México (Banxico) el pasado 17 de noviembre, en la minuta de una reunión de su Junta de Gobierno.

“En este sentido, el peso fluctuó en un rango muy amplio de operación de entre 18.13 y 21.40 pesos por dólar, alcanzando nuevos máximos históricos. De esta forma, el peso mexicano acumula una depreciación en el año de alrededor de 17 por ciento y es la divisa más depreciada de un amplio conjunto de países emergentes”, agregó el reporte.

La llegada de Trump a la Presidencia de EU no es más que la cereza en el pastel de malas noticias económicas en México.

El peso ha cubierto una larga ruta de depreciación durante los cuatros años del Gobierno de Enrique Peña Nieto y la deuda pública ha crecido a niveles que nunca antes se habían visto: 55.5 por ciento del PIB. Además, cuando la expectativa de crecimiento ha sido recortada por la misma OCDE, por Banco de México (Banxico) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), que no ven cómo el país puede crecer más allá de dos digitos.

El republicano arriba también cuando la inflación ha resentido la disparidad en el tipo de cambio; cuando las tasas de interés se han mantenido a la alza y, ahora, cuando el Presidente electo de Estados Unidos amaga con cambiar radicalmente las condiciones del  Tratado de Libre Comercio de Norte América (TLCAN).

Todo es parte del escenario económico, pero en el social México atraviesa por una de sus grandes crisis.

Al sistema político mexicano, afirmó hace unas semanas Edgardo Buscaliga en SinEmbargo, no le interesa aplicar ninguna medida en contra de la corrupción debido a la impunidad pactada entre sus miembros, y menos en el tema de la supuesta lucha contra la violencia. El costo ha sido decenas de miles de pérdidas en vidas humanas desde que inició la denominada “guerra contra las drogas” hace una década.

“Por lo pronto, estos 10 años han sido 10 años quemados, perdidos en la Historia mexicana, donde la principal lección que hemos aprendido en México, y que ya se conocía en otros países donde esto sucedía décadas atrás, es que este pacto político de impunidad, donde toda la clase política es cómplice por acción u omisión, se traduce en decenas de miles de desaparecidos y en decenas de miles de muertos”, agrega el académico de la Universidad de Columbia, en Nueva York, y especialista en temas de seguridad.

En este escenario, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) contabiliza 186 mil 297 asesinados entre diciembre del 2006 y diciembre del 2015. Felipe Calderón Hinojosa registró en su Gobierno 122 mil 462 asesinatos; Enrique Peña Nieto lleva 63 mil 835 (en tres años; 2013, 2014 y 2015).

Y en estas circunstancias es que Trump, un hombre que ha gritado a los cuatro vientos su aversión por los mexicanos, se convertirá el próximo 20 de enero en el hombre más poderoso del planeta.

INTEGRADOS, PERO DEPENDIENTES

Por número de convenios, México es uno de los países con la economía más “integrada” a los mercados globales. De acuerdo con la Secretaría de Economía, cuenta con una red de doce Tratados de Libre Comercio con 46 países; 32 Acuerdos para la Promoción y Protección Recíproca de las Inversiones (APPRIs) con otras 33 naciones y otros nueve acuerdos en el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI).

Estados Unidos, sin embargo, concentra el 64 por ciento del “comercio total” mexicano y el 80% de sus exportaciones, y la relación con ese país, estableció la Presidencia de la República en julio pasado –al anunciar la visita de Enrique Peña Nieto a ese país– “es la de mayor profundidad para México”.

La hostilidad mostrada por el nuevo Presidente electo de Estados Unidos –que llamó violadores a los connacionales emigrantes–, por tanto, no podría encontrar a México más vulnerable.

“La economía mexicana es una de las más integradas con la economía global y, en particular, con la estadounidense. Su proceso de integración comercial y financiera ha redundado en importantes beneficios, al permitirle aprovechar mayores oportunidades de comercio y producción compartida, una mayor diversidad de fuentes de financiamiento para su crecimiento y un mayor desarrollo de su sistema financiero. No obstante, como consecuencia, la economía y los mercados financieros nacionales se han tornado más sensibles a los acontecimientos externos”, reconoció el Gobierno federal el pasado 19 de diciembre, en el decreto que fijó en 80.04 el salario mínimo general a partir del año próximo.

“En este contexto, en los meses recientes la economía mexicana enfrentó una coyuntura complicada. En efecto, el panorama para la economía mundial se tornó más complejo, entre otros factores, como consecuencia del proceso electoral llevado a cabo en Estados Unidos de Norteamérica y su resultado. Los eventos asociados a dicho proceso condujeron a un incremento en la volatilidad de los mercados financieros de todas las regiones, impactando de manera especialmente importante a los nacionales, dada la relevancia que los resultados de dicho proceso pueden tener para nuestro país”, agregó el documento oficial.

Una de las variables más afectadas, expone, es la moneda nacional, que mostró “una significativa depreciación”, mientras que las tasas de interés “registraron incrementos en todos sus plazos”.

El Banco de México, advierte el Gobierno federal en el decreto, ha adoptado durante el año medidas preventivas de “flexibilidad” para evitar la inflación general y que sus expectativas de crecimiento se vean afectadas.

Pero la incertidumbre generada por la personalidad del futuro mandatario norteamericano es tal que quedó asentada en el Diario Oficial de la Federación que expidió la autoridad encargada de fijar los salarios mínimos de la población mexicana.

“En este contexto, como lo han señalado las autoridades nacionales, es importante reconocer que todavía es difícil identificar los elementos que definirán la postura de política económica que tendrá Estados Unidos de Norteamérica en su relación bilateral con nuestra nación a partir de 2017”, dice el acuerdo de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami).

“Así, como ya se ha anunciado, las autoridades de nuestro país continuarán actuando con cautela, ponderando los anuncios de política por parte de la siguiente administración en ese país (Estados Unidos), tomando sus decisiones a la luz de información sólida que vayan obteniendo y siempre manteniendo una visión de lo que es más conveniente para nuestro país en el mediano y largo plazo”, agrega el documento oficial.

MÉXICO, EL MÁS AFECTADO POR TRUMP: CEPAL

La economía mexicana estaba ya deprimida antes de la elección norteamericana. La caída en los precios internacionales del crudo y de la producción de Petróleos Mexicanos (Pemex) redujo a niveles históricos la presencia de éste tipo de recursos públicos en el gasto público federal y los ubicó en un 14 por ciento del total, cuando habían llegado a representar casi un tercio del total.

Las metas previstas para la Reforma Energética, asimismo, tampoco se lograron y su “espejo”, el Fondo Mexicano del Petróleo para la Estabilización y el Desarrollo, registraba hasta la mitad de este segundo semestre un rezago de tres para alcanzar una de por sí reducida expectativa de que la renta y venta de los hidrocarburos generaran este 2016 al menos un 2.5 por ciento del Producto Interno Bruto.

Esta expectativa es menor a la de 2015, cuando se previó que los recursos económicos generados por la apertura del mercado de los hidrocarburos al sector privado en México fueran similares a un 4.1 por ciento del PIB y, sin embargo, de acuerdo con un análisis del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), llegaron a sólo un 53 por ciento de esa meta.

Para 2017, por tanto, y como casi la mayoría de las variables macroeconómicas mexicanas, la expectativa se ha ajustado a la baja y ahora sólo se espera que la apertura generada por la Reforma Energética, la modificación constitucional “estrella” del sexenio, deje sólo un 1.9 por ciento del PIB.

A este entorno se sumó la elección de Donald Trump en Estados Unidos, luego de una campaña basada, en parte, en amenazar a las empresas automotrices con un impuesto del 35 por ciento a los productos que ensamblaran en México. Una vez electo, empezó a hacer alarde de presuntas negociaciones con directivos que, aseguró, cancelarían operaciones.

“Acabo de recibir una llamada de mi amigo Bill Ford, Presidente de Ford, que me aconsejó que mantendrá la planta de Lincoln en Kentucky –no en México”, escribió Trump en su cuenta de la red social Twitter, el 17 de noviembre pasado.

Dos días antes, la cadena de noticias CNN había revelado que el primer paso del plan de política comercial del futuro mandatario era revisar el Tratado de Libre Comercio con Norteamérica, considerado uno de los motores de la inversión estadounidense en México y sin el cual, advirtió la Comisión Económica para América Latina (Cepal) hace unos días, el PIB mexicano caería 2.7 por ciento.

El crecimiento del PIB mexicano, que en 2016 fue de 2.2 por ciento, fue estimado entonces en 1.9 nueve por ciento para el 2017.

“Si bien las tendencias proteccionistas surgidas en los Estados Unidos tendrán efectos mundiales y regionales, la posible renegociación del TLCAN y otros acuerdos comerciales, sumada a las incertidumbres sobre la dinámica de las transferencias monetarias provenientes de los migrantes, repercutirán significativamente, en particular en México y los países de Centroamérica que exportan la mayor parte de sus manufacturas y servicios a los Estados Unidos”, advirtió la CEPAL en su “Balance preliminar de las Economías de América Latina 2016-2017”, publicado este diciembre.

Fue así como, en cuestión de horas, el nuevo Presidente electo de Estados Unidos evidenció la extrema dependencia que tiene México de la economía norteamericana. Y, aquí, surgió el fortalecimiento del “mercado interno” como sugerencia casi unánime del trabajo que México tiene que hacer ante una eventual caída del comercio con Estados Unidos.

Hasta el empresario Carlos Slim Helú, que se convirtió en el hombre más rico de México con la apertura económica adoptada por el Gobierno federal después de la crisis de deuda de los años 80, se pronunció por una revisión de este esquema.

“Es una oportunidad para volvernos de nuevo al mercado interno, revisar la economía interna, que durante 50 años, hasta antes de la crisis de la deuda de los años 80, logró crecimientos de seis por ciento anual”, dijo Carlos Slim Helú en un foro junto al empresario Michael Bloomberg, de acuerdo con lo que reportó La Jornada, y a propósito de la elección en Estados Unidos.

Pero el estímulo del mercado interno, han explicado diversos economistas, requiere de un aumento significativo en el poder de compra del salario de los trabajadores que, de acuerdo con datos oficiales, ha acumulado en todo el periodo de apertura económica una caída del 72 por ciento.

En los últimos años se ha generado un consenso con respecto a la necesidad del aumento en este salario, que el sector empresarial mexicano organizado pidió este 2016 creciera de 73 a 89.3 pesos.

La Conasami, sin embargo, no pudo considerar ninguna opinión debido, de nuevo, publicó en el Diario Oficial de la Federación, al resultado de la elección de Estados Unidos.

“El Secretario del Trabajo y Previsión Social del Gobierno Federal hizo público, en el mes de junio, que podría darse un acuerdo tripartito para aumentar el salario mínimo antes de que concluyera el presente año porque existían las condiciones para hacerlo, como estabilidad macroeconómica, aumento en la productividad laboral y una baja sensible en la informalidad”, dice el decreto del pasado 19 de noviembre.

“Sin embargo, se presentaron diversos acontecimientos económicos (referéndum en el Reino Unido por el que la mayoría de los británicos votó a favor de abandonar la Unión Europea, expectativas de regularización de la política monetaria en los Estados Unidos de Norteamérica, resultado de las elecciones de Presidente en los Estados Unidos de Norteamérica) que al impactar desfavorablemente la coyuntura económica nacional no hicieron posible un acuerdo tripartito de consenso para revisar el monto del salario mínimo general”, agrega.