“A la hora de esa fractura con el PRI, Elba Ester Gordillo, consciente de su poderío, creó su propio partido político para jugar con hediondo pragmatismo, unas veces con el PRI y otras con el PAN”. Foto: Isaac Esquivel, Cuartoscuro

En pleno estreno de régimen, retorna con partido y todo la señora Elba Ester Gordillo, otrora omnipotente mandamás en el SNTE, heredera de Carlos Jongitud Barrios, el cacique defenestrado de Vanguardia y ahijada política de Carlos Salinas de Gortari. Representa sin más un pasado oscuro y truculento, que bien describió en uno de sus libros recientes el escritor Ricardo Raphael.

La Gordillo representó, con matices que a algunos ha engañado, un modelo de sindicalismo verticalista, caciquil y extremadamente corrupto. Esa condición le permitió por varios lustros convertirse en la árbitro de grandes problemas políticos del país, al alto precio de quebrantar la dependencia del sindicato magisterial con el viejo partido de Estado, hoy en desgracia, al parecer total, aunque en política miente quien diga que existen los muertos.

A la hora de esa fractura con el PRI, Elba Ester Gordillo, consciente de su poderío, creó su propio partido político para jugar con hediondo pragmatismo, unas veces con el PRI y otras con el PAN. No valían para nada los principios que se convirtieron en demagogia e imperaba el mercadeo que caracterizó el régimen que llegó a su fin en las elecciones de 2018.

Ahora regresa con frases amenazantes a la escena política. Casi casi advierte que regresa por sus fueros. Es obvio que ya no tiene la fuerza de antaño, pero de que puede hacer ruido, no hay duda.

El partido con el que se desgajó del PRI (hablo del PANAL) fue una entidad a la que se le permitió existir violentando el orden constitucional mexicano. Ese partido existió porque se permitió el traslape corporativo con el sindicato, y a los enormes recursos del organismo gremial se sumaron las prerrogativas que recibía el ente partidario, los cargos políticos, la venta de protección y tantas cosas que la Cuatroté ha ofrecido desterrar de la vida nacional, hoy desmentida por la insurgencia de un nuevo partido político con grandes redes para su crecimiento a partir del pragmatismo putrefacto de que ha hecho gala “la maestra”, como acostumbraban decirle los siempre acompañantes del coro de serviles.

Cuando estaba en el apogeo de su fuerza, el equipo con el que hago política produjo un video que se puede ver en YouTube y que se llama “Elba Esther Gordillo: la abeja reina del panal mexicano” y del cual proporciono la liga: https://youtu.be/7dtb-vr3RQk. Pero más allá de esta referencia que puede ser mínima, hay un fondo que no debemos perder de vista y tiene que ver con el Estado de derecho y la plena vigencia de la Constitución. El artículo 41 de nuestro código fundamental, que debiera normar la existencia de los partidos políticos, dice muy claramente: “Sólo los ciudadanos podrán formar partidos políticos y afiliarse libre e individualmente a ellos; por tanto, quedan prohibidas la intervención de organizaciones gremiales o con objeto social diferente en la creación de partidos y cualquier forma de afiliación corporativa”.

Esto se violentó ayer y al parecer continuará sucediendo. Cuando esto pasa hay que entender que el mismísimo aparato público está detrás del patrocinio de estas instituciones que lesionan la ya de por si maltrecha consolidación de la democracia mexicana. Por eso, no me resulta extraño que la Gordillo quiera reencarnar en el régimen de la Cuatroté.

Son de esas circunstancias ominosas que, para no ir más lejos, también han permitido que las redes evangélicas tengan su propio partido, se les apapache desde el poder a la sombra suspicaz del rostro de Juárez que se pinta sobre un fondo morado. Así cuándo.

19 diciembre 2019