Un estudio de Greenpeace encontró que uno de cada cinco peces comerciales en México tiene microplásticos en su estómago. Foto: Pedro Valtierra, Cuartoscuro

Por: Ornela Garelli-Ríos*

La contaminación por plásticos es uno de los principales problemas ambientales que afecta a nuestro planeta en la actualidad y México no es la excepción. Nuestro país sufre ya las afectaciones que este tipo de contaminación genera en el medio ambiente y las personas.

Durante el 2019, un estudio de Greenpeace encontró que uno de cada cinco peces comerciales en México tiene microplásticos en su estómago, lo cual resulta preocupante dado que se trata de peces que las y los mexicanos llevamos a nuestras mesas. Es decir, el plástico está entrando a nuestra cadena alimenticia y, desafortunadamente, como éste hay muchos otros ejemplos de estudios que han encontrado microplásticos en otros de nuestros alimentos y bebidas, como la sal de mesa, el agua embotellada e incluso el aire que respiramos.

Al mismo tiempo, nuestro país es parte del problema que origina la contaminación por plásticos, al contribuir a la producción desmedida de plásticos de un solo uso y a la consecuente generación de residuos, producto del modelo de producción y consumo actual. En México se producen alrededor de 7 millones de toneladas anuales de plásticos, de los cuales el 48 por ciento se destina a la elaboración de empaques y embalajes, es decir, a plásticos desechables que son los principales causantes de la contaminación por residuos.

Ante la persistencia del problema, y dentro del contexto de cierre de año, resulta conveniente hacer una reflexión sobre las altas y bajas que durante estos últimos meses se han experimentado en el combate que desde la sociedad civil hemos impulsado en contra de la contaminación plástica. Particularmente a través de la búsqueda de modificaciones a la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos (LGPGIR) para alcanzar la gradual eliminación de los plásticos de un solo uso mediante la inclusión de las siguientes premisas:

1) La responsabilidad extendida al productor (que los productores de plásticos desechables rediseñen sus productos para ofrecer alternativas libres de plástico y que se hagan cargo de la gestión de los residuos que sus productos generan); 2) Un cambio en los patrones de producción y consumo, evitando alternativas de gestión de residuos dañinas para el medio ambiente y la salud, como la incineración de residuos; 3) La prohibición de plásticos desechables innecesarios que pueden sustituirse por otros materiales y productos (como los popotes y las bolsas del súper); y 4) El etiquetado de productos para informar al consumidor sobre sus impactos ambientales y la mejor manera de disponer de ellos una vez utilizados.

Así, durante los primeros meses del 2019 se desarrolló en el Senado de la República un ejercicio de parlamento abierto, en el que participaron representantes de la sociedad civil, la industria del plástico, el gobierno y la academia para debatir y analizar la problemática y la pertinencia de atenderla a partir de modificaciones a la LGPGIR que retomen los puntos de vista y preocupaciones de todos los actores involucrados, incluidas las cuatro prioridades mencionadas anteriormente. Este proceso fue un primer paso (muy positivo) que se refleja en la presentación hasta el momento de una diversidad de al menos 13 iniciativas para la modificación de esta Ley General para ser consideradas por la Comisión de Medio Ambiente durante un proceso de dictaminación que deberá retomar los mejores planteamientos de cada una de ellas. Una situación semejante se dio en la Cámara de Diputados, donde se han presentado alrededor de 18 propuestas en el mismo sentido.

Sin embargo, las conclusiones de este parlamento abierto, así como las iniciativas propuestas, se han quedado hasta ahora en el tintero, ya que en lo que siguió del año la Comisión de Medio Ambiente del Senado no dio inicio a ningún proceso de dictaminación que permitiera la adopción de las modificaciones buscadas. Al contrario, este proceso abierto de discusión inclusiva se vio obstaculizado por acciones emprendidas por algunos senadores, como el lanzamiento del Acuerdo Nacional para la Nueva Economía del Plástico en México, firmado el 5 de diciembre por los senadores Jorge Carlos Ramírez Marín del PRI y Ricardo Monreal de Morena, con representantes industriales, y el intento de aprobación de la Ley General de Economía Circular (LGEC), propuesta de nuevo por Monreal y por el senador Raúl Bolaños del Partido Verde y presidente de la Comisión de Medio Ambiente.

Desde la sociedad civil, salimos a denunciar ambas acciones debido no sólo a su carácter poco inclusivo (no se informó a la sociedad civil de estos planes hasta dos días antes de sus esperadas aprobaciones), sino también a su boicot del proceso abierto ya iniciado para modificar la LGPGIR y al mantenimiento del status quo que implican al no buscar modificar el modelo de producción y consumo actual de los plásticos ni hacer responsables realmente a los principales generadores de residuos, las empresas que producen y distribuyen plásticos de un solo uso. Si bien la LGEC no se aprobó como sus proponentes lo esperaban, ya que al final no contó ni con el respaldo de la industria, el Acuerdo Nacional sí fue firmado, dejando a las empresas con compromisos no ambiciosos y además voluntarios para contribuir a la atención del problema de contaminación plástica, cuando lo realmente importante es que dichos compromisos lleguen a establecerse en una ley que garantice su ambición y observancia.

El año ya está por terminar y es claro que vamos a cerrarlo sin una legislación federal que garantice la gradual eliminación de los plásticos de un solo uso en el país, ya que el periodo legislativo en el Senado terminó el pasado 14 de diciembre. Sin legislación y sin compromisos ambiciosos para reducir la producción y uso de este material desechable por parte de compañías productoras de bienes de consumo, supermercados y otras empresas, la contaminación plástica permanece. Más aún, se agrava en estas fechas festivas de consumo desmedido y gran generación de residuos.

¿Será que el planeta y las personas podamos contar con una legislación el próximo año? Ese es el deseo navideño de miles de mexicanos.

*Campañista de Océanos sin Plásticos en Greenpeace México