El Presidente de México minizó las agresiones a migrantes. Foto: Cuartocuro

Pudo ser “un hecho aislado”, pero no es un asunto menor el que la Guardia Nacional mexicana haya contenido a la caravana de migrantes hondureños en la frontera sur mediante el uso de gas pimienta. Ni se justifica semejante medida con que haya sido en respuesta a la “actitud agresiva” de los centroamericanos, que incluso lanzaron piedras a nuestros soldados.

El uso del gas pimienta contra una multitud de pobres desesperados e indefensos, entre los que había hombres, mujeres, niños y ancianos, fue como dijera Porfirio Muñoz Ledo una salvajada. “La salvaje agresión cometida por la Guardia Nacional contra refugiados hondureños y la aprehensión de más de 400, es una violación al Artículo 11 de la Constitución y de los tratados internacionales que hemos suscrito”, advirtió el todavía diputado federal morenista. “Ese vandalismo configura varios delitos que deben ser perseguidos”.

Dos días después la mayoría de Morena en la Cámara de Diputados le negó la palabra a Porfirio cuando trató de abundar en el tema.

Encuentro esta descripción sobre los efectos del llamado gas pimienta: causa una intensa y debilitante sensación de ardor temporal, provoca inflamación no letal de todas las membranas mucosas de los ojos, la nariz, la boca y los pulmones, y cierra los ojos de golpe por el ardor intenso y por lo tanto produce ceguera temporal. Sus efectos pueden durar de 30 minutos a dos o más horas.

Se advierte que en personas con padecimientos respiratorios como asma severa o Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica ( EPOC ), puede causar daños graves e incluso la muerte. El diario californiano Los Ángeles Times publicó hace poco que al menos hay 61 muertes asociadas con el uso policial del aerosol de pimienta desde 1990 en Estados Unidos.

Aunque la utilización de spray de gas pimienta como dispositivo de defensa personal, especialmente por mujeres, está permitido en la mayor parte del mundo, su uso contra manifestantes ha sido prohibido cada vez en más países. Recientemente, por ejemplo, la Corte Suprema de Chile prohibió a los carabineros utilizar sustancias químicas para dispersar manifestaciones, independientemente de las razones o justificaciones de la protesta.

La Comisión de Opciones Tecnológicas y Científicas del Parlamento Europeo (STOA) publicó en una Evaluación de las Tecnologías de Control Político, una extensa información del aerosol de pimienta y el gas lacrimógeno. “Los efectos del aerosol de pimienta son bastante más severos, incluyendo ceguera, una sensación ardiente de la piel que dura de 45 a 60 minutos, espasmos de la parte superior del cuerpo que fuerzan a la persona a doblarse hacia delante y provoca una tos incontrolable dificultando la respiración y el habla durante un lapso de tres a 15 minutos, cuando menos”.

(Alguna vez experimenté esa sensación de ahogo, ceguera, ardor y desesperación cuando cubría para el semanario Proceso una manifestación de protesta en Ciudad Juárez, Chihuahua, contra el fraude electoral de 1986 en aquella entidad norteña. En esa ocasión fue la policía estatal priista la que dispersó con gases y toletes a los ciudadanos y a los periodistas que ahí estábamos).

En octubre pasado, un grupo de más de 150 alcaldes de diversos partidos y distintas regiones del país inconformes con medidas presupuestales tomadas por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador trató de ingresar a Palacio Nacional y fueron gaseados por los custodios del recinto. Presidencia reconoció que se usó sólo “una pequeña dosis”.

Menos mal.

A raíz de esos hechos, el subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración de la Secretaría de Gobernación, Alejandro Encinas Rodríguez, calificó como “una acción indebida” el uso de gas pimienta para dispersar al grupo de alcaldes. Consideró que este no es el tratamiento que se debe dar a cualquier persona que esté haciendo una gestión con el gobierno. Y resaltó que, por el contrario, el lenguaje del gobierno federal siempre debe ser de encuentro y reconciliación.

No fue precisamente esa la actitud frente a los migrantes hondureños.

Las crónicas precisan que unos 700 elementos de la Guardia Nacional cerraron esa mañana del lunes pasado la reja perimetral y utilizaron gas pimienta para impedir el paso de unos mil 500 migrantes centroamericanos que pretendían ingresar a nuestro país a través del puente “Rodolfo Flores”, sobre el río Suchiate, en la frontera sur.

Sin embargo, el Presidente de la República minimizó y de hecho justificó desde el púlpito de Palacio Nacional el uso de gas pimienta para contener a los migrantes que intentaron ingresar a México el domingo pasado al aseverar que “fue un hecho aislado” y que se respetaron los derechos de las personas. Dijo que “genera mucho todo este asunto, pero buscamos respetar, cuidar los derechos humanos”.

Así lo dijo: “Fue un caso aislado que desde luego no vamos nosotros a aplicar siempre, eso no es el distintivo de este gobierno, nosotros queremos la paz, queremos resolver discrepancias con diálogo”.

Aseguró también que los elementos de la Guardia Nacional recibieron ataques por parte de algunos migrantes y resistieron mucho, “porque hubo también de parte de los migrantes, agresión, incluso tiraron piedras y demás; resistieron los de la Guardia Nacional y no cayeron en la trampa de responder con violencia, posiblemente eso buscaban los dirigentes…”

Seguramente merecemos una nueva felicitación de Donald Trump. Válgame.

@fopinchetti