La revista británica afirma: “El papel de la prensa, y luego de la televisión, fue vital en todo esto [la corrupción]. Fue ‘una prensa libre que [no] hizo uso de su libertad’, escribió Daniel Cosío Villegas, un historiador. Con pocas excepciones, que fueron aplastadas, colaboró voluntariamente. ‘Esas eran las reglas del juego y [Denegri] no las había inventado, simplemente las perfeccionó con más habilidad que cualquier otro periodista’, escribe Serna”.

 Ciudad de México, 24 de enero (SinEmbargo).– La revista especializada The Economist, con sede en Inglaterra, afirma en su edición de este día que las empresas de radio y televisión en México han desplazado a los comunicadores críticos “tanto bajo el mando de López Obrador como de su predecesor”, Enrique Peña Nieto. Se trata de un texto en la sección “Bello”, que se considera el editorial de esa casa. Habla sobre la corrupción de la prensa en México a partir del último libro del escritor mexicano Enrique Serna.

“Los medios de comunicación de México se volvieron más libres con el fin del régimen de PRI y la llegada de la democracia. Pero esa libertad sigue siendo frágil. Las principales estaciones de televisión y radio han silenciado a los comunicadores críticos, tanto bajo el mando de López Obrador como de su predecesor [Peña Nieto]. El nuevo Presidente menosprecia a los periodistas independientes llamándolos ‘prensa fifí’, un término utilizado originalmente para describir roles hostiles a la Revolución [Mexicana]. Decenas han sido asesinados por narcotraficantes y/o líderes políticos locales. Un movimiento feminista revitalizado denunció el año pasado que el machismo continúa. El libro de Serna debería servir no solo como un recuento de la historia sino como una advertencia urgente”, dice la publicación, que ha expresado, por años, su desacuerdo con López Obrador, al que considera ‘populista”.

El artículo, de su sección “Bello”, se llama “La venta del silencio / Periodismo corrupto y la ilegalidad crónica de México”. Y empieza contando cómo en 1939, Carlos Denegri, un joven periodista, investigó un asesinato de hombres armados que trabajaban para Maximino Ávila Camacho, el Gobernador del estado de Puebla y hermano del próximo Presidente de México. “Denegri entregó una descripción detallada de los crímenes de Ávila al editor de Excélsior, el periódico más importante del país. El editor no lo publicó, explicando que el Gobernador era una fuente de publicidad muy pagada”.

–En este negocio no solo vendemos información y espacios publicitarios: sobre todo, vendemos silencio –le dijo el editor.

Denegri perdió rápidamente su idealismo y aceptó un pago mensual del Gobernador “para servicios de publicidad e información”.

“Estas palabras imaginadas proporcionan a Enrique Serna, un escritor mexicano, el título de su nueva novela, El vendedor de silencio, una biografía semi-ficcionalizada de Denegri, el periodista más destacado del país desde la década de 1940 hasta 1960 y una vez nombrado por Associated Press como uno de los diez reporteros más influyentes del mundo”, dice The Economist.

Serna, agrega la revista, ofrece una rica explicación de la relación incestuosa entre la política y los medios de comunicación y el machismo y la impunidad que se encuentran en el corazón autoritario del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó durante siete décadas hasta 2000 luego regresó con Enrique Peña Nieto.

“Aunque el autor dice que su libro es una ‘novela histórica’, tiene relevancia contemporánea. México nunca ha superado realmente estos defectos. Andrés Manuel López Obrador, su actual Presidente, siente nostalgia por el ‘Estado rector’ del antiguo PRI. Había varios secretos sobre la durabilidad del PRI. La prohibición de la reelección presidencial permitió que el sistema se renovara cada seis años. La estabilidad política fue de la mano de una economía fuerte, al menos hasta la década de 1970. El partido fue el vehículo por el cual los señores de la guerra de la Revolución Mexicana de 1910-17, contra el general Porfirio Díaz, ingresaron al sistema y ofrecieron la oportunidad de enriquecerse”, narra la publicación.

Luego agrega: “Como el padrastro de Denegri –que se convirtió en Secretario de Estado– le dice en la novela: ‘En la intriga política, la riqueza personal es muy importante. Te da seguridad, te da prestigio, te corona como un ganador’. Esa es la historia de otras élites revolucionarias en América Latina, desde los peronistas en Argentina hasta los chavistas en Venezuela”.

The Economist afirma: “El papel de la prensa, y luego de la televisión, fue vital en todo esto. Fue ‘una prensa libre que [no] hizo uso de su libertad’, escribió Daniel Cosío Villegas, un historiador. Con pocas excepciones, que fueron aplastadas, colaboró voluntariamente. ‘Esas eran las reglas del juego y [Denegri] no las había inventado, simplemente las perfeccionó con más habilidad que cualquier otro periodista’, escribe Serna”.

“Un periodista talentoso que acumuló un vasto archivo de suciedad sobre mexicanos prominentes, Denegri prostituyó sus talentos. Recibió sobres mensuales de secretarios de prensa presidenciales, secretarios, gobernadores y empresarios. Su modus operandi era a veces descarado. Serna lo exhibe mostrando al Gobernador de Zacatecas dos artículos, uno que expone su corrupción y otro que es adulador. ‘Tú decides qué artículo quieres publicar: el primero es gratis, el segundo cuesta 50 mil pesos’”.

El sentido de impunidad de Denegri, dice The Economist, “deriva de su cercanía a los sucesivos presidentes. Se extendió a su vida personal. Alcohólico y adicto al trabajo, jugueteó en los clubes nocturnos y burdeles de la Ciudad de México. El PRI bien podría haber sido llamado el “PMI”, el partido del machismo institucionalizado. Serna señala que ‘el robo de esposas era hasta hace poco el deporte favorito de la élite revolucionaria’”.

“Denegri se entregó a una misoginia violenta, lo que contribuiría a su ruina (un giro mejor guardado para los lectores de la novela). Su corrupción tampoco fue sin víctimas. Denegri de Serna extrae un soborno del Gobernador de Sinaloa en la década de 1950 al pasarle una denuncia de un opositor de su participación en el narcotráfico. El Gobernador asesinó al oponente”, dice The Economist.