La guayaba es un fruto que nos permite recorrer a todo lo largo y ancho nuestro territorio, uno puede encontrar su producción en 18 estados del país, desde Baja California Sur hasta Chiapas, la variedad de postres y dulces con la guayaba como ingrediente principal enriquece la repostería mexicana, que decir del ate de guayaba de Michoacán acompañado con un delicado chocolate en los Portales de Morelia.

Por Fernando Rubí León

A todo el personal medico, administrativo, intendencia y afanadores de los hospitales, como a los de planeación del sector salud.

Ciudad de México, 24 de enero (SinEmbargo).- La guayaba es originaria de América, se le puede encontrar desde el sur de Estados Unidos hasta el norte de Suramérica, su nombre más conocido en México es una derivación del vocablo caribeño huallaga que los europeos fueron modificando hasta llegar al que usamos de manera cotidiana.

En náhuatl es conocida como Xalxócotl, Fray Bernardino de Sahugún en su Historia General de las cosas de Nueva España, escribió en el siglo XVI:
“Los árboles en que se encuentran las guayabas se llaman xalxócotl o xalxococuáhuitl. Son árboles pequeños, y tienen las hojas y las ramas ralas. El fruto de estos árboles se llaman xalxocotl. Son por de fuera amarillas o verdinegras. De dentro unas blancas y otras coloradas o encarnadas. Tienen muchos granitos de dentro. Son muy bueno de comer. Estacan las cámaras.”

En ese entonces no usaban el termino diarrea para un malestar estomacal leve y en su lugar lo denominaban Cámaras.

Nicolás de Monardes y Alfaro, en 1574, en la Primera, segunda y tercera partes de la Historia medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales, que sirven en medicina, informaba: “Trajeron me de Tierra Firme, la simiente de aquel fruto, tan celebrado de los Indios, y de los Españoles, que llaman Guayavas. Son los árboles que llevan este fruto de mediana grandeza, echan, las ramas esparcidas, llevan la hoja a la manera de laurel, la flor que echa es blanca, a la manera del azahar, salvo que es algo mayor, es olorosa, dase mucho este árbol en cualquier parte que se siembra, y multiplica y cunde tanto que lo tienen por maleza de la tierra, que muchos campos pierden el pasto de los ganados por ellos, que se entreteje como zarzas: la fruta que llevan es como de manzanas nuestras, del tamaño de camuesas, es verde cuando nace, y como se va madurando se va tornando amarilla, es blanca en lo interior y algunas rosadas: cortada tiene cuatro divisiones, o vasos donde tienen la simienta, la cual es como simiente de nísperos durísima, en el color leonada, toda es cuesco no tiene médula, es sin sabor alguno: para comer estas manzanas las mondan de la cáscara.

Es fruta agradable, sana y de buena digestión: cuando están verdes se dan en cámaras, porque restriñen y aprietan mucho, cuando están muy maduras laxan el vientre, cuando están buena sazón asadas son buenas, para sanos y enfermos, porque así son mejores y más sanas y de mejor gusto, y las mejores son de los árboles cultivados: usan los indios las hojas en cocimientos, con las cuales lavando las piernas hinchadas las deshinchan, y el bazo opilado lavado con el tal cocimiento se deshincha y deshace. Parece fruta fría, y así la dan asada a los que tienen calentura: es muy común en todas las Indias”.

Los informes de Fray Bernanrdino de Sahagún y Nicolás de Monardes permiten inferir que era muy consumida y cultivado el árbol, no solo por su sabor sino por sus usos medicinales.

Los pueblos originarios (mixes, totonacos y zapotecos) la usan para tratar el susto, originado por: encuentros súbitos, caídas, accidentes, amenazas, presencia de muertes violentas, transitar por lugares peligrosos, perderse, violar reglas, lo que provoca, según su tradición, la pérdida del ánimo (espíritu) y cuyos síntomas son: falta de apetito, decaimiento, frío en las extremidades, sueño intenso, palidez, insomnio, tristeza, angustia, desmayos, fríos leves, dolor de cabeza, bajo una visión alópata estos indicios pueden asociarse con los padecimientos: úlcera, presión, diabetes.

Las guayabas (Psidium) forman parte de 100 especies de árboles tropicales y árboles pequeños en la familia Myrtaceae, se les puede encontrar de color interno: rosa, rojo, blanco o amarilla; sus propiedades medicinales son vastas y entre las más importante se tienen que destacar la prevención contra accidentes cerebrovasculares, su papel regulador de la presión arterial y del ritmo cardíaco, así como su gran aporte de vitamina C y vitamina A y protección antibacteriana. Además, es una árbol que no tiene desperdicio porque se pueden aprovechar sus hojas para preparar te o tisanas que reducen el azúcar en la sangre, lo que puede ayudar controlar la diabetes, sus beneficios son amplios y diversos, disfrutar de la guayaba cada día es una buena medicina.

La guayaba es un fruto que nos permite recorrer a todo lo largo y ancho nuestro territorio, uno puede encontrar su producción en 18 estados del país, desde Baja California Sur hasta Chiapas, la variedad de postres y dulces con la guayaba como ingrediente principal enriquece la repostería mexicana, que decir del ate de guayaba de Michoacán acompañado con un delicado chocolate en los Portales de Morelia, los deliciosos rollos de guayaba de Aguascalientes y Zacatecas, sus licores a base de este fruto con esos atardeceres cobrizos y cobaltos, el pay de guayaba (que tanto extraño) de Culiacán, en donde además de comer un exquisito y buen marisco uno encuentra este tipo de postres, las aguas frescas de guayaba que en temporada de calor nos refrescan.

La versatilidad de la guayaba nos puede llevar a usarla en cocteles que se pueden disfrutar con mezcal, como la siguiente receta que les compartimos:

-1 guayaba
-3 ml de shurp de piña
-25 ml de miel de agave
-25 ml de jugo de naranja
-40 ml de mezcal
-Bitter de habanero
-Una hoja de cilantro para adornar la copa y/o vaso una rebanada de guayaba

Como dice la canción: “Buscando guayaba ando yo. Que tenga sabor que tenga mendo”. Gran frase de Rubén Blades que nos invita a mover los pies y rendir homenaje al baile, al amor y al África que existe en cada quién, ¡cámara!.

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