Cada 8 de septiembre, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) conmemora el Día Internacional de la Alfabetización; sin embargo, cada año los países de asignatura pendiente parecen suspender este examen social, una y otra vez, mientras que los “buenos alumnos”, los que han dejado atrás esta materia, son las naciones de siempre.

Según cifras oficiales, en América Latina hay todavía 35 millones de jóvenes y adultos que no saben leer ni escribir, y otros 88 millones de personas en el continente que no terminaron la educación primaria.

La verdad sea dicha, México no está entre las peores calificaciones educativas de la región, pero a nivel internacional, la revisión es otra: los últimos datos refieren que nuestro país cuenta con 76 millones de población mayor de 15 años y de ellos, seis millones son analfabetas; de ese grupo, 10 millones no han concluido la primaria y 17 millones no terminaron la secundaria.

Para quien sepa leer bien estos números, la nota es breve y la calificación reprobatoria: uno de cada tres mexicanos sufre el rezago educativo.

 

EMPRESARIOS EN LA ACCIÓN

La regla dice que la educación pública recae en manos del Estado; sin embargo, año con año, los resultados en México confirman la necesidad de un nuevo modelo. Y esta fue precisamente la génesis de la Fundación “Empresarios por la Educación Básica”, que nació por la iniciativa de Enrique Carlos Madero Bracho.

Madero Bracho presidía en 2003 el Consejo Empresario de América Latina (CEAL), y en una de las reuniones del grupo, él y otros colegas identificaron uno de los problemas clave de los niveles productivos en la región: poca educación, baja calidad, desigualdad de oportunidades, pocos recursos y pobre financiamiento en los sistemas educativos.

Y este análisis los llevó a la acción. Varios empresarios latinoamericanos se dedicaron a buscar en sus países modelos de “buenas prácticas” que en la medida de lo posible pudieran revertir las condiciones actuales de los problemas que hoy afectan a los niños, pero que mañana podrían afectar a toda una sociedad que carece de las herramientas y los conocimientos básicos para un óptimo desempeño laboral, entre los adultos en edad productiva.

Fue así como el Consejo Empresario de América Latina (CEAL) en colaboración con el Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa (ILCE) logró identificar 54 casos de buenas prácticas de educativas, en 18 países de América Latina.

 

MÉXICO: LA PRIMERA LECTURA, LAS PRIMERAS LECCIONES

Precisamente de este proyecto conjunto, nació en México la Fundación de “Empresarios por la Educación Básica”, que en 2006 inició con un programa piloto de “Escuelas de Calidad con Equidad”.

“A grandes rasgos, lo que busca este modelo es elevar la calidad escolar en todos sus ámbitos: desde la infraestructura del plantel hasta la parte del capital humano, es decir, el director, los maestros, los padres de familia y los contenidos que recibirán los niños. Todos reciben una ayuda y un acompañamiento por parte de la Fundación para que tengan el liderazgo necesario” dice en entrevista Alicia Bruckman, directora de desarrollo de esta iniciativa.

Uno de sus primeros pasos fue aliarse con la Secretaría de Educación Pública (SEP) puesto que sin el brazo estatal encargado de la educación nacional, sería difícil una participación como la que quiere lograr esta organización sin fines de lucro.

Ha sido la SEP quien sugiere los planteles para insertar el modelo, y con quien están trabajando en la elaboración de estándares de calidad tanto para los alumnos como para la evaluación curricular de los profesores. Algo que aunque parezca increíble, no existía en nuestro país.

En su nacimiento, Empresarios por la Educación Básica comenzó su programa piloto en 10 escuelas, pero a tres años de distancia, el éxito habla por sí mismo. Hoy el modelo de Escuelas de Calidad con Equidad se ha extendido a 100 planteles tanto rurales como urbanos en cuatro estados: Guanajuato, Nuevo León, Estado de México y Tamaulipas, donde el promedio es de 500 alumnos por escuela.

SUMAR, PARA LUEGO MULTIPLICAR

Aplicar el modelo de Escuelas de Calidad con Equidad y obtener resultados visibles, requiere por lo menos de un seguimiento de cuatro ciclos escolares, antes de lograr que el plantel sea autogestionable y autosustentable, que esa es la meta final de la fundación.

El presidente de la comisión ejecutiva, Enrique Madero Bracho, ha logrado la participación de unos 30 reconocidos empresarios mexicanos, que han comprendido la importancia de su participación en el modelo, porque a fin de cuentas, al fomentar un mejor nivel entre los niños de hoy, estarán ayudando a formar a las generaciones de los futuros trabajadores del país.

Sin embargo, queda mucha tarea por delante.  Actualmente, México tiene 220 mil escuelas públicas repartidas en todo el territorio nacional y el modelo de Empresarios por la Educación sólo ha podido llegar a 100 de ellas.

No es poco, pero queda mucho, y no es falta de impulso, es que la ecuación es sencilla: a más recursos disponibles, mayor será la capacidad de actuación.

Al día de hoy se han invertido 25 millones de pesos. Con un presupuesto anual de 250 mil pesos asignado a cada uno de los planteles donde se aplica el modelo de Escuelas de Calidad con Equidad.  Y de momento, la mayoría de esos recursos provienen de la SEP.

Precisamente por esto, la Fundación Empresarios por la Educación Básica comenzará pronto una intensa campaña para incentivar a que otros actores del sector privado se involucren en este esfuerzo que intenta convertirse en una cruzada educativa con altos estándares, porque no se trata de educar de manera deficiente –tal como ocurre ahora- sino de formar alumnos que mañana serán la base productiva de México.

LA TAREA ES DE TODOS, Y LA PARTICIPACIÓN CUENTA

Con su modelo, la fundación Empresarios por la Educación Básica tiene preparado un “plan de estudios social” que ha demostrado ser eficiente, pero que necesita más ejecutores.

Por ello, además de la campaña entre la iniciativa privada, esta organización sin fines de lucro, completamente transparente y auditada por PricewaterhouseCoopers, ha decidido hacer un llamado a la sociedad civil para que colabore en el esfuerzo educativo de calidad con equidad.

De esta forma, cualquier persona –sin ser empresario- puede hacer donativos al alcance de sus posibilidades, y que son deducibles de impuestos, puesto que la fundación está registrada como donataria oficial en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

“La idea es involucrar a todos los actores de la sociedad –afirma Alicia Bruckman- nosotros no solamente buscamos a grandes empresarios, también queremos que las compañías participen activamente, que la sociedad se involucre con los objetivos de la fundación, que la gente pueda hacer donativos … por eso estamos ideando nuevas campañas y nuevas formas de colaboración”.

Durante el ciclo escolar 2009-2010, 25 millones de niños ingresaron a las escuelas básicas de México, lo que representa poco menos que una cuarta parte de la población actual.  Los estados de siempre: Chiapas, Michoacán, Guanajuato y Oaxaca son los que mayores índices de rezago educativo registran.

Y si hasta ahora la pobreza de ciertas zonas en México se ha utilizado como excusa para que un niño no asista a la escuela, lo cierto es que quizá hemos planteado la premisa erróneamente, puesto que la falta de educación es precisamente lo que perpetúa el rezago social.

Otros países –económicamente más desarrollados- han dado ya la pauta para resolver un problema socioeconómico que para los mexicanos ha sido recurrente: según las lecciones de una materia llamada “productividad”, está plenamente comprobado que a mayores grados escolares de la población, aumenta el Producto Interno Bruto (PIB) de una nación.

Esta es precisamente la meta final de Empresarios por la Educación Básica, nacida ya hace tres años. “Trasformar a la educación es un acto de justicia y de responsabilidad social, que requiere la participación de los empresarios y de todos los sectores de nuestra sociedad”, afirma el presidente de la comisión ejecutiva de la Fundación, Enrique Madero Bracho.