El Senador por Vermont no tiene la candidatura asegurada hoy. Foto: EFE

El Senador por Vermont, Bernie Sanders, avanza vertiginosamente en la carrera por la candidatura demócrata a la presidencia de los Estados Unidos de América. Este sábado ganó las elecciones primarias de Nevada con una gran ventaja, después de un buen desempeño en el último debate para decidir quién representará al Partido Demócrata en las elecciones de noviembre del presente año. Es probable que sea Bernie quien enfrente a Donald Trump en una contienda clave cuando el electorado estadounidense pareciera estar más dividido que nunca. Aún es pronto para decir de forma contundente quién será el candidato demócrata, pero la balanza se inclina hacia Sanders. Las razones son múltiples, y se requiere de una figura realmente fuerte y aguerrida para hacer frente a Donaldo Trump, a quien muchos desean ver alejado del poder cuanto antes.

El presente análisis no trata de evaluar las primarias o a los otros candidatos contendiendo contra Sanders para la misma posición. Aunque en la política estadounidense puede pasar cualquier cosa en cualquier momento, pensemos, a manera de ejercicio, que el hoy más fuerte candidato en las primarias va a ser el ganador final. Pensemos que la batalla final será entre Sanders y Trump. Una contienda de este tipo se antoja de lo más interesante, pero a la vez de lo más complejo y será quizás extraordinariamente problemática y divisiva en exceso. Se esperan todo tipo de ataques, entre los dos candidatos y entre sus muy feroces seguidores. Estos dos personajes representan los extremos de las posturas ideológicas hoy mejor representadas en los Estados Unidos. Se pronostica también toda una serie de noticias falsas e intentos de manipulaciones mediáticas–estrategias que involucrarían varios millones o, mejor dicho, billones de dólares.

A un sector importante de la sociedad estadounidense le urge que Trump deje cuanto antes la presidencia. Trump ha dividido al país quizás como ningún otro Presidente en la era contemporánea de los Estados Unidos y ha debilitado a esta nación, al punto que ha dejado de ser el árbitro o líder moral en el mundo. Las posturas xenófobas, extremas y socialmente inaceptables de Donald Trump resultan, para muchos, intolerables. La alegada corrupción y faltas éticas y morales que han marcado toda la carrera del mandatario, también son rechazados de manera contundente por muchos. El actual Presidente de los Estados Unidos sobrevivió un proceso de destitución (impeachment) que confirma sus tendencias y de lo que ha sido capaz. Existe en realidad un desencanto fundamental con el proceso, pero el escepticismo y la desconfianza con el Presidente de Estados Unidos es una constante entre muchos círculos.

Trump es odiado por muchos, pero también es apoyado y venerado por muchos otros, quienes cerrarán filas para asegurar su reelección—particularmente en tiempos de bonanza económica. La base dura de apoyo de Donald Trump está muy bien organizada y es bastante aguerrida; participan, hacen ruido, se mueven. Además, hay grandes intereses de por medio, a quienes les conviene mantener sus privilegios por otro cuatrienio. Por su parte, el posible apoyo a Bernie Sanders podría también ser avasallador. Existen hoy bastantes personas en Estados Unidos que ya no aguantan más a Donald Trump. Las minorías estadounidenses de afroamericanos y latinos que regularmente mantienen una baja participación electoral, podrían en esta ocasión salir a votar masivamente.

No obstante lo anterior, muchas cosas podrían pasar aún. Nada está escrito. El Senador por Vermont no tiene la candidatura asegurada hoy. Pronosticar el resultado de la contienda electoral presidencial en el 2020—aún suponiendo que Bernie Sanders representará al partido Demócrata—es algo así como una “misión imposible.” La política estadounidense es tan errática, tan impredecible. Por ejemplo, la elección del 2000 (Bush vs. Gore) se decidió en la Suprema Corte, después de un tortuoso proceso de recuento en Florida que, para algunos, nunca quedó claro. Mayores sorpresas ocurren recientemente. ¿Quién iba a decir que Estados Unidos tendría un Presidente afroamericano por ocho años? Y para muchos era prácticamente imposible pensar que a la potencia mundial la gobernaría el controvertido magnate de los bienes raíces, los concursos de belleza y protagonista del programa televisivo “The Apprentice.” Eso sólo se concebía en un programa de Los Simpsons.

En diciembre pasado, nadie pensaba en Bernie Sanders como una opción viable; su salud y su ideología obscurecían en ese momento sus posibilidades. Ahora mismo, se le percibe distinto y muchos están dispuestos a dejarse de prejuicios en pos de liberar a Estados Unidos de lo que perciben como el yugo de Trump. Sin embargo, no todos parecen opinar lo mismo. Hoy por hoy, se podría pensar, que como están las cosas en el Partido Demócrata, podría ganar Donald Trump. Las divisiones entre los contendientes demócratas son fuertísimas, lo cual se puede apreciar claramente en los debates. Además, una parte de la élite del partido parece absolutamente renuente a aceptar la posibilidad de la candidatura de Sanders. Los comentarios en medios de comunicación y en redes sociales dibujan claramente esta realidad y la animadversión de algunos demócratas de gran estatura por el candidato democrático socialista.

Bernie Sanders, al igual que Trump lo fue en 2016, no es un candidato convencional y esto, en el país más capitalista del mundo, pone a muchos, efectivamente, muy nerviosos. Sanders se identifica con el llamado “socialismo” de los demócratas socialistas de América. Sus vínculos con la izquierda estadounidense se han manifestado a lo largo de toda su carrera. Su plataforma política y su discurso abogan por una mayor igualdad, por mayor acceso a servicios por parte de las minorías y se sustentan en una crítica social al poder de los que más tienen. Sanders propone atención médica gratuita para todos, acceso gratuito a educación superior, la cancelación de las deudas estudiantiles y apoya una radical agenda ambientalista encarnada en el “Nuevo Acuerdo Verde” (Green New Deal).

Es difícil imaginar cómo Sanders podrá materializar sus propuestas en un país como Estados Unidos que históricamente ha tenido otras prioridades y cuyos valores se fundamentan en el liberalismo clásico. Esto lo tendría que explicar claramente este mismo año, en caso de resultar ser el abanderado de su partido para contender contra Donald Trump. Si este es el caso, es muy probable que las críticas infundadas, mal-informadas y mal-intencionadas no se hagan esperar; la propuesta de Sanders se comparará con los proyectos de Cuba y de Venezuela. Sanders se presenta como socialista democrático—no precisamente como socialdemócrata y aquí hay una diferencia que es clave para el gran círculo conservador que se conforma en la Unión Americana (sin importar el partido). No estamos aún muy seguros qué quiere decir el “socialismo” de Sanders, pero sus propuestas y su discurso sí parecen desviarse fundamentalmente de lo que ha sido Estados Unidos desde su fundación y hasta la fecha.

Además de contrastar con la identidad histórica americana, Sanders contrasta, para bien o para mal, de forma avasalladora, con la plataforma trumpista en casi todos los temas. Parece ser el favorito de una gran parte de las minorías raciales y económicas en los Estados Unidos, aunque aún no podemos calcular si su aceptación le daría una ventaja en relación con el ahora ocupante de la Casa Blanca. En el transcurso de las primarias, Sanders parece cada día ganar más adeptos, ¿pero será suficiente para ganar las primarias y luego la elección general? Eso no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que a Sanders los quieren muchos y lo más curioso es que parecen quererlo los trumpistas y los mismísimos rusos. Sólo basta una breve búsqueda en la prensa internacional y en las redes sociales para confirmar este hecho. Los personajes más conservadores del partido republicano, los votantes duros del trumpismo y la radio y televisión rusas confirman sus simpatías por el hasta hoy favorito en el Partido Demócrata.

La aceptación de Sanders entre los republicanos hace sentido si consideran que lo socialista del candidato, le haría perder demasiados adeptos y les facilitaría a ellos—como con ningún otro contendiente—una victoria este año. Esto podría ocurrir, pero también puede ser que ese cálculo sea el equivocado en el caso en que su distancia discursiva e ideológica con Trump movilice una base dura muy dinámica y de mayores dimensiones que la del presidente que busca su reelección. Trump y su base parecen apostarle a la animadversión histórica al socialismo, la cual se comienza a diluir en las nuevas generaciones que nacieron cuando el bloque soviético dejó de ser una amenaza.

La preferencia republicana por Sanders hace demasiado sentido. La que es un poco más difícil de analizar y validar es la que vincula indirectamente al gobierno ruso y sus medios de comunicación. Se dice que Rusia intervino en el proceso electoral de 2016 a favor del hoy presidente y en contra de su contendiente; pero nada es contundente. Ni el mismo Robert Mueller nos presentó un reporte categórico o concluyente. Sin embargo, sí parece haber indicios de la utilización de medidas activas (Active Measures) en la manufacturación de desinformación y propaganda—que resultaron ser de utilidad para apuntalar la candidatura de Trump y asegurar su victoria.

Algunos dicen que los rusos harán lo mismo con Sanders, pues es su candidato favorito. Inclusive antes de las primarias de Nevada, funcionarios de inteligencia alertaron a Sanders que los rusos deseaban apoyar su campaña. No se presentaron evidencias de esto. Sin embargo, podría pensarse que a los rusos les convendría que Sanders fuera el candidato demócrata a la presidencia por dos motivos básicos. Uno es para alimentar la división y polarización entre la sociedad americana. Una sociedad tan dividida como lo está Estados Unidos ahora, continuaría en franco declive y continuaría perdiendo liderazgo en el mundo. Esto obviamente sería benéfico para potenciales potencias o potenciales imperios. Rusia podría ganar así un poco del espacio perdido en los noventas y primera década del siglo 21.

En segundo lugar, según algunos cálculos, parece ser ahora que una victoria de Trump estaría asegurada si el candidato es Sanders. Putin se lleva bien con Trump—independientemente si el primero ayudó o no al segundo a ganar la presidencia. Pero más que llevarse bien, a la Rusia de Putin le conviene tener a un amistoso rival dividido como Estados Unidos hoy, que va perdiendo la brújula y el liderazgo moral en el mundo. A Rusia le conviene hoy la victoria de Sanders, y le conviene al final la victoria de Trump. Pero en la rara política estadounidense, a los analistas no nos conviene adelantarnos. Esperemos a ver las evidencias de una supuesta intervención rusa y cómo se desarrolla el proceso.