López Obrador en Tijuana. Foto: Cuartoscuro.

El sábado 20 de febrero, el Presidente Andrés Manuel López Obrador visitó Baja California… mejor dicho, estuvo unas horas en Tijuana. Tres horas, para ser exactos.

El Presidente que no sería de ornato, de cortes de listón y convoyes de camionetas de último modelo, el que no se alejaría del pueblo y trabajaría por él, tuvo en la ciudad fronteriza de Tijuana, una gira de ornato. Hizo exacta y puntualmente, todo lo que había prometido no hacer.

Llegó a eso de las once de la mañana y en un convoy oficial con camionetas blancas de último modelo, se trasladó a las instalaciones de un nuevo cuartel, en la ciudad, para la Guardia Nacional. Llegó ajeno al ambiente social de Tijuana, de Baja California, sin saludar como era su costumbre a la gente de a pie, a quienes lo llevaron a la presidencia de la República.

En el acto de ornato, el Presidente visitó Tijuana exclusivamente, para cortar un listón. No más. No hubo reunión de trabajo con las autoridades locales, tampoco audiencias con empresarios con ciudadanos ávidos de hacerle llegar un mensaje. Nada. Corte de listón, alejado de la sociedad, y separado de los medios de comunicación para que no osaran preguntarle a gritos alguna inquietud periodística, porque en los estados no hay acceso a la “mañanera” ni ahora que tan moda y en uso está la vía digital remota.

López Obrador solo convivió con las autoridades emanadas del partido que él fundó y que aun gobiernan Baja California. Lo acompañó la Secretaria de Seguridad, Rosa Icela Rodríguez Vázquez, pero como si no hubiera venido. No tuvo resonancia su presencia, no se reunió con el Fiscal General del Estado, con los Secretarios y Directores de Seguridad de los Municipios, no asistió a la Mesa de Coordinación de Seguridad de Baja California, para analizar y contribuir con una estrategia para, ya no digamos atender el problema de la violencia en el estado, con Tijuana basta, la ciudad concentra el 80 por ciento de los asesinato.

Lo mismo sucedió con los otros acompañantes del Presidente, el Almirante Comandante de las Fuerzas Armadas, José Rafael Ojeda Beltrán, y el Comandante de la Guardia Nacional, el General Luis Rodríguez Bucio. Estuvieron en Tijuana para revestir el acto de ornato, de corte listón rojo. Un recorrido por el las instalaciones, y adiós.

Bueno la salida no fue tan fácil. El convoy presidencial fue detenido durante más de diez minutos por familias que se reunieron en el lugar pare llevarle sus necesidades y exigirle acciones. Fueron un poco más de 500 personas a manifestarse frente al presidente y pedirle les escuchara. Muchos eran de colectivos de búsqueda de personas desaparecidas, y otros tantos, familiares de enfermos de cáncer que se han quedado sin los medicamentos para continuar su tratamiento.

La camioneta del Presidente fue rodeada por los manifestantes, pero en ningún momento les puso atención. Ni siquiera bajó la ventana, o se detuvo a saludarlos, en las gráficas del acto, se alcanza a ver, tras el vidrio polarizado, a un Andrés Manuel López Obrador sonriente, pero ausente. La comitiva no detuvo la marcha de los vehículos, avanzaron poco a poco para no arrollar a las personas, y salir les tomó diez minutos.

El Presidente cada vez más, en sus giras, se aleja del pueblo al que siempre dice servir. Ese pueblo que también en mayor medida, comienza a exigirle acciones en beneficio de ellos pero que se enfrenta a oídos sordos. Desafortunadamente esta nueva dinámica va con la personalidad del Presidente, quienes le critican, así sean ciudadanos necesitados, pasan a ser parte de sus adversarios en el mejor de los casos, y en el peor, no responden a intereses genuinos, sino a propósitos perversos de sus opositores. Estar en desacuerdo con el Presidente se ha reducido a eso. No ha habido una autocrítica, un escuchar a quienes manifiestan una dolencia, que son víctimas del sistema, que permanecen a pesar de las promesas en el abandono.

Resulta en una frivolidad eso de gastar recurso económico, tiempo y esfuerzo del Presidente, y de tres titulares del gabinete, para viajar al norte del País y solo cortar un listón. Venir a un acto de ornato, en lugar de emprender una gira de trabajo que deje beneficios a los norteños, en cualquier materia, en desarrollo, en oportunidades, en justicia, pero particularmente y tratándose de Tijuana, en seguridad.

Pero alejarse de la sociedad que lo llevó a la Presidencia, provoca ese tipo de frivolidades. Como esa de revivir la figura del Gobernador de Palacio, un amo de llaves para el Palacio Nacional en el que habita el Presidente acompañado de su familia, y que lo ha alejado también de la sociedad, al quedarse solo en su palacio protegido por vallas y siervos de la nación.

Ojalá el Presidente López Obrador, reflexionara, no todos los manifestantes son sus enemigos, se trata, como fue el caso, de personas en el abandono institucional. De madres que buscan a sus hijos desaparecidos y que son ignoradas por los gobiernos federal y estatal, de familiares que lo que quieren es medicamento para sus enfermos. De personas con necesidades que él, como candidato primero y como presidente después, prometió subsanar.

No todos quienes le critican Presidente, son sus adversarios. Y esperan de usted trabajo, no cortes de listón en giras veloces de ornato. Bájese de la camioneta, como lo hizo en el pasado cuando buscó el voto.