En las granjas industriales las naves puede tener hasta 10 mil gallinas. Foto: Andrew Skowron/Otwarte Klatki

La influenza y los coronavirus se mueven entre los seres humanos y otros animales tal y como se mueven entre países. En este mundo hiperconectado, donde en unas horas una persona vuela de China a cualquier parte del mundo vivimos un momento histórico, pero esta hiperconectividad humana nos está enfermando a nivel global.

Aunque aún no hay evidencia que determine exactamente el origen de la COVID-19, lo que sí sabemos es que desde 2003 el virus de la gripe aviar H5N1 con origen en aves de corral se propagó de Asia a Europa y África. Provocando la muerte de muchas personas.

Los sistemas de confinamiento intensivo para los animales criados como alimento son todo lo contrario al distanciamiento, que por cierto, para que funcione, debemos de llevarlo a cabo todas las personas. Para producir huevo en las granjas industriales, las naves puede tener hasta 10 mil gallinas que viven en jaulas de muchos pisos, unas arriba de otras; cada gallina ponedora tendrá un espacio equivalente a una tablet durante dos años. Durante todo ese tiempo, no pisarán otra cosa que no sea el alambre de su jaula. Vivirán sin poder disfrutar de la luz del día, en el estrés constante de respirar el amoniaco de sus heces mientras sienten que se les queman los pulmones.

Si han viajado en su auto por lugares donde hay granjas de huevo se darán cuenta del olor que penetra el interior de su auto aún con las ventanas arriba, ahora imaginen vivir durante dos años en ese encierro. Para hacer esta situación todavía peor, hay una práctica generalizada para mantener la producción rentable y prevenir las pérdidas: se les administran antibióticos para promover su crecimiento y para anticipar que no se enfermen. La administración de antibióticos a animales sanos como método de prevención es una práctica criticada por la misma OMS, ya que promueve la resistencia de antimicrobianos. Para dimensionar la escala de esta práctica, en algunos países cerca del 80 por ciento de los antibióticos de importancia médica son administrados al sector animal.

La falta de conocimiento sobre lo que está sucediendo en las granjas de producción avícola y porcina, y su relación con el origen de las pandemias va peligrosamente de la mano del interés político de quienes obtienen grandes beneficios por recibir incentivos para mantener y aumentar su producción y ganancias.

Los sistemas de confinamiento intensivo para los animales criados como alimento son todo lo contrario al distanciamiento. Foto: Jo-Anne McArthur

Estamos a tiempo para prevenir otra pandemia, especialmente ahora que reconocemos el rol importante que tiene la producción animal y cómo su presencia en la vida del planeta está causando tanto sufrimiento. Este es un momento de esperanza, en donde podremos ser recordados como la generación que pro-activamente entendió su responsabilidad en este problema e hizo algo al respecto.

Hacemos de manera diaria tres elecciones de comida. Muchas personas piensan que el consumo de carne es todo o nada y esto no tiene que ser así. Reducir el consumo de productos de origen animal no requiere de un enorme cambio en el estilo de vida. Y en este momento en el que estamos todos en casa y muchos cocinando nuestros propios alimentos es la mejor ocasión para buscar en Internet recetas que además de ser nutritivas son deliciosas y que nos mantendrán sanos a nosotros y al planeta.