Lumen publica la novela  Cuando Nanjing suspira, una historia de un suicidio y la vida de una mujer que cuando pierde a su marido se percibe como un negativo borroso, una mala copia de sí misma. Con su estadía en Nanjing, sus visitas frecuentes al río Yangtzé y los encuentros con los habitantes de la ciudad, Estela hallará la fuerza para lidiar con su duelo y reencontrarse en esta ciudad habitada por miles, millones de suspiros.

Ciudad de México, 24 de junio (SinEmbargo).- Cristina Zabalaga, una autora de Bolivia que vive en Nueva York, publica Cuando Nanjing suspira, una novela sobre una mujer que se fuga, que va en un vuelo para enterrar a su marido y que envuelta en un paisaje brumoso piensa en vivir o no en un mundo sin su amor.

“Despiertas a tiempo para el desayuno. Te cuesta despegar los labios. Tu lengua adormecida se pasea por tu boca seca y tu saliva espesa. Los comprimidos que te ayudan a dormir también te dan migrañas y dejan tu cuerpo adormecido y pesado. Te sientes incómoda en tu propia piel. La sientes ajena, una talla o dos más grande, como las camisas de Xao Xing que remangas con mucho cuidado antes de vestirlas por las noches”, así inicia la historia breve pero sustanciosa de una mujer en la mediana edad, con un drama para asimilar.

Cristina Zabalaga (1980) es escritora y periodista luso-boliviana. Sus relatos han sido publicados en revistas de Bolivia, Venezuela y Estados Unidos y en varias antologías. Es autora del libro de cuentos Nombres propios (2016) y de la novela Pronuncio un nombre hueco (2012).

La novela de una mujer de 34 años que escribe como guía de turismo. Foto: Especial

Los viajes de las mujeres forman parte de la nueva narrativa, como una manera de que las mujeres se encuentren a sí mismas y hablen desde ese lugar íntimo. “De entrada sabía que iba a desarrollarse en China, que necesitaba a una mujer latinoamericana y por ende elegí a esta chica”, explica Cristina Zabalaga.

Se trata de un personaje de 34 años, que viaja en un avión para enterrar a su marido, cuyo cadáver lo lleva en la bodega. “Necesitaba un tiempo determinado, este viaje sólo dura 10 días y que la mujer sirviera como una guía de China. ¿Cómo es mirar un país desde una ventana? Ella tiene que escribir sobre la ciudad y sus costumbres”, dice la autora.

“Es la primera vez que está ahí y como es algo tan personal, está relacionado con todo su pasado, con su marido y demás, no hay una mirada turística sobre la ciudad nueva. Ese sitio es un poco más cercano para ella”, añade.

–¿Cómo inició esta historia?

–Leí mucho antes de sentarme a escribir. Tardé dos años en sentarme, haciendo entrevistas, leyendo, conociendo lugares y la idea de que fueran 10 días era no para que pasaran grandes cosas en ese tiempo pero dentro de ella sí pasa y hay algo que cambia. No un gran cambio, sino un pequeño que le va a ayudar a recuperarse.

–Nada que ver con la autobiografía, ¿verdad?

–No, nada que ver. Comencé a pensar en esta historia hace unos cuatro años, cuando nació mi primer hijo. Recuerdo estar pensando en todo lo que tiene que hacer para cuidar a un bebé y todo lo que puede pasar en ese tiempo, cuando nace, cuando va creciendo poco a poco. En las primeras semanas, el bebé está tan desprotegido. Y el contraste entre esas personas que de un minuto a otro deciden suicidarse, la idea de Nanjing me vino porque es la ciudad donde más suicidios hay en el mundo. Se tiran desde el puente de la ciudad. Comencé a pensar en esas personas que siguen viviendo hasta que un día deciden no vivir más, pero no desde una manera dramática, sino con preguntas que planteo en la novela y que no logro responder. Son preguntas que se dejan abiertas.

–Son preguntas que se dejan abiertas, pero es difícil pensar en el suicidio como una voluntad firme

–Exacto. Hay tantas personas que necesariamente quieren llamar la atención. Es una llamada de atención acerca del entorno de estas personas. Las personas que lo hacen desde el puente de Nanjing no precisamente encuentran los cuerpos y la familia lo vive como una desaparición. Un poco esta idea compleja de que una persona se va pero no se sabe exactamente para dónde. No hay notas de despedida, no hay nada. Es un tema culturalmente muy tabú en China. ¿Cómo se lidia con este duelo? Era algo que me interesaba explorar.

Cristina Zabalaga, autora boliviana. Foto: SinEmbargo

–Ella en un momento dice “qué seré yo sin mi marido”…

–Sí, uno se construye a partir de las personas con las que está. El entorno de ella es muy importante: su madre que ya no está, su abuela que es la que le queda y la que se permite cubrir las ausencias, incluso la de su marido ahora…uno no está solo. Uno es un poco el resultado del entorno que construye alrededor de uno.

­–¿Conoces algo de la literatura boliviana que se hace en estos momentos?

–Yo soy boliviana y portuguesa. Crecí en Bolivia, entre Cochabamba y Santa Cruz y a los 18 años partí para Europa. Estudié en Madrid, en Alemania, en Bélgica, en Portugal, hace cinco años que vivo en los Estados Unidos. La literatura boliviana es súper interesante, como un boom de escritores muy jóvenes, muy buenos, que están escribiendo mucho, que se están traduciendo, como Los afectos, de Rodrigo Hasbún. La ganadora del premio de cuentos Gabriel García Márquez, Magela Baudoin, por su libro La composición de la sal y Wilber Urrelo, el otro boliviano que he leído.

–Tú eres una mezcla…

–Sí, aunque escribo en español y eso me conecta con toda Bolivia, claro que a los 18 años partí de allí, llevo tanto tiempo viviendo afuera, que me considero una mezcla de todo lo que he vivido ahora.

­–Este libro te muestra ahora como una autora boliviana

–Sí, es así. Tengo una colección de cuentos y esta es mi segunda novela. El libro lo hice en Nueva York, tuve la suerte de hablar con gente de Najing, hablando un poco de esta ciudad, cómo se siente. La idea de estar en un lugar donde no entiendes el lenguaje, donde no le puedes comunicar a tu suegra de que su hijo ha muerto, hay una gran mezcla de lenguajes y significados. Soy periodista. Cuando llegué a Washington trabajé como corresponsal de la agencia efe y creo que mi vida es una mezcla de escribir mucho. Escribo siempre.