En Cuántos de los tuyos han muerto, libro de Eduardo Ruiz Sosa, todos los cuentos tratan sobre la muerte, “en algunos casos la muerte de una persona, en otros la muerte de una idea o de un modo de vida”.

Por Jose Oliva

Barcelona, 24 de junio (EFE).- El escritor mexicano Eduardo Ruiz Sosa, que acaba de publicar su libro de cuentos Cuántos de los tuyos han muerto, explica que “la muerte es, en la cultura mexicana, un tema público, una manera de corporizar la muerte”.

Confiesa Ruiz Sosa en una entrevista con Efe que Cuántos de los tuyos han muerto (Candaya) es un libro “no planeado” y, de hecho, hacía muchos años que no escribía cuentos y casi había decidido no escribirlos nunca más, pero “en un par de meses de escritura salieron los primeros ocho cuentos”, cuando el autor se encontraba en México, y al llegar a Barcelona cerró el libro con otros tres relatos.

El primer cuento que escribió, La garra de la estatua, fue el que dio orden a los demás, entre los que predominan “historias recientes, a pesar de que algunas de las historias sean antiguas”.

Ruiz Sosa se dio a conocer en España con la elogiada novela Anatomía de la memoria, que pudo escribir después de haber ganado en 2012 la primera edición de la Beca de Creación Literaria Han Nefkens.

“No pienso en la diferencia de un género a otro, porque las historias y los fenómenos que tratan deben determinar el tipo de texto. En este último libro son cuentos, muchos de ellos con elementos de realidad, en un 80 por ciento autobiográficos, pero en el libro anterior, que era un libro de crónicas, casi todas ellas eran ficción”, dice.

Ruiz Sosa se muestra despreocupado por el género y cree que “la necesidad de tratar un determinado tema es lo que se impone ante el género”.

En Cuántos de los tuyos han muerto todos los cuentos tratan sobre la muerte, “en algunos casos la muerte de una persona, en otros la muerte de una idea o de un modo de vida”.

El interés del autor era tratar “el borde de la muerte, lo que hay alrededor, cómo las personas que hay alrededor terminan encontrándose y formando una comunidad de resistencia”.

Un ejemplo claro de esta comunidad que se forma se ve, según el escritor mexicano, en el cuento El sanatorio de la intemperie, en el que un hombre sufre un ictus que lo deja medio paralizado y todos los amigos lo visitan, y cuando queda totalmente paralizado deciden que deberían practicar la eutanasia para darle un descanso por fin.

Constata Ruiz Sosa que “en México, la muerte es un tema público, se comparte, no es tan íntimo como en España”. “Es importante ir a ver el cuerpo en el momento en que uno fallece, es una forma de cierre, es una forma de corporizar la muerte, mientras que aquí hay un cuarto apartado en el que está el muerto y quizá los familiares más íntimos entran y se mantienen unas distancias”.

El autor se explica la diferencia de enfocar la muerte porque además “en México tiene mucha trascendencia al tratarse de familias grandes, núcleos de amistades muy numerosos”.

Más allá del asunto tradicional del Día de los Muertos, de las tradiciones precolombinas, de los altares, la muerte se vive de un modo diferente, añade.

Argumenta Ruiz Sosa que “toda Centroamérica tiene esa mirada en relación a la muerte, seguramente por la herencia de la cultura maya, que tuvo un sincretismo en su relación con la religión católica, pero también con las religiones africanas (la santería y el Palo Mayombe) y del que surgió una sensibilidad mística, no esotérica, pero sí medio fantasiosa”.

Además del comportamiento público y de la tradición, Ruiz Sosa observa un factor social en la muerte: “México es un país con una tasa de violencia y asesinatos altísima; se ven muertos en la calle, tiroteos; y una de las celebraciones más típicas es disparar balas al aire en fin de año, como si fuera Afganistán o Irak, y siempre muere gente”.

Reconoce el escritor mexicano que su formación literaria se produjo en Barcelona adonde llegó en 2006 y estuvo hasta 2014, cuando volvió a México por cuatro años, antes de su retorno a la ciudad condal en septiembre pasado, no sólo por el máster y los talleres en los que participó, sino también por que allí comenzó parte de su formación como lector. “En mi ciudad natal, Culiacán, de un millón de habitantes, no hay bibliotecas”.

“Sin embargo, temáticamente siempre escribiré sobre México, porque es el poso, y la perspectiva que me ha dado Barcelona es la sensación de estar desplazado o de arraigarse de otra manera”, aduce.

Considera Ruiz Sosa que temas sociales que ocurren en España, como las movilizaciones contra los desahucios, “resultan más complicados en México”, y al final esas dos versiones nutren lo que escribe.

De hecho, lleva años escribiendo su próxima novela, que, avanza, “tiene que ver con las desapariciones, las llamadas de manera eufemística ‘desapariciones forzadas'”.