Paco Ignacio Taibo II, actual titular del FCE. Foto: Andrea Murcia, Cuartoscuro.

Nadie en México podría negar que detrás del nombre de Paco Ignacio Taibo II se ha construido una rica y vasta obra literaria que acredita cualquier currículum en donde sea que se plante. Sus valiosas aportaciones a las letras mexicanas trascienden fronteras, incluso las españolas, donde tiene sus orígenes el actual director del Fondo de Cultura Económica.

Por otro lado, le acompaña un activismo desde el cual ha promovido la lectura y la divulgación de la historia nacional y en los años más recientes ha participado directamente en política desde sus posiciones de izquierda, como por ejemplo en Morena, donde encabeza la Secretaría de Arte y Cultura del Comité Ejecutivo Nacional.

Pero esta ocasión hablaré como usuario de muchos años del Fondo de Cultura Económica, la editorial creada por los afanes de don Daniel Cosío Villegas hace ya 85 años. Tengo la impresión de que no basta un gran historial académico, literario o artístico como para que un funcionario de alto nivel, como lo es Taibo II desde octubre de 2018, pueda atender ciertas cuestiones que podrían parecer minucias frente al enorme reto de dirigir una entidad publica en medio de un país cuyos niveles de lectura son ínfimos: según la Unesco, nuestro país ocupa el penúltimo lugar, de una lista de 108 países. En cifras cerradas, los mexicanos leemos en promedio 3 libros al año, menos de la mitad de lo que leen, por ejemplo, los españoles. Son estudios realizados en 2013, pero la última registrada al respecto por el Inegi data de 2018 y prácticamente tales hábitos de lectura nada han cambiado.

De modo que esas desalentadoras cifras nos pintan un panorama sombrío y parecen a veces eclipsar cualquier intención positiva en tono de cambio o de alternativa para acrecentar el número de connacionales con acceso a los libros, productos que, por lo demás, resulta muchas veces poco asequible en términos económicos para las personas de menores ingresos o de asalariados. Aunque claro, ese podría ser tema para otra ocasión.

Insisto, lo que me mueve ahora es mi condición de usuario del FCE y tengo reclamos qué hacer. Lamento, por ejemplo, que la llegada de Paco Taibo II –entiéndase promotor de la lectura– a la dirección del FCE, más allá de los subterfugios realizados por la Cuatroté para llevarlo a toda costa a la posición burocrática que hoy ocupa, coincide con las deficiencias registradas en el portal electrónico, herramienta de la cual nos asistimos quienes no contamos con una librería cercana y en físico de esa editorial.

Hasta antes de la llegada de la Cuatroté, o en este caso de Taibo II, uno podía ingresar, buscar un título, ponerlo en el llamado “carrito” y pagar remotamente con una tarjeta de crédito o débito, como es habitual en el comercio electrónico. Simple. Ahora no: se ingresa, y si usted no se sabe exactamente el título del libro, si no pone el nombre del autor correctamente (eso se dificulta si algún amigo le recomienda a un autor o título alemán, checo, polaco o ucraniano) la búsqueda del portal del FCE le indica que no tiene registro alguno de lo que solicita. Luego imagine usted que el ser humano que nutrió la base de datos del FCE puso por equivocación una “s” en lugar de “z”, o que escribió “Mao Tse Tung” en lugar de “Mao Zedong” como se estila hoy en día, pues está condenado a abandonar dicha búsqueda e irse a otras librerías virtuales.

Lo anterior me ha ocurrido hace unas cuantas semanas. Ahí han de tener todavía pendiente el avisarme si hay en bodega o no algunos de los libros que después de un enorme periplo cibernético logré localizar. ¡Ah!, porque, depende dónde busque usted, puede o no encontrar determinados libros. En un apartado le dice que no, y en otro que sí existen tales títulos. Porque una cosa es la “librería virtual”, otro “el fondo en línea” y otro más, el que uno supone único y gran abrevadero: Fondo de Cultura Económica punto com. A manera de ejercicio, escriba “Platón” a ver en cuál buscador lo localiza. Al menos en dos de ellos le arroja el mensaje “0 resultado(s) encontrado(s) para platón”. Y esto genera la sensación de que algo, o alguien, ha vuelto a La Caverna.

Aquí no hay. Imagen: Captura de pantalla.

Las dificultades para pagar representan un reto adicional que ya no quisiera reseñar a plenitud. Pero de que es complicado, es complicado. Y vaya que tengo experiencia satisfactoria de hace años con ese mismo sello editorial y con otras. Las fechas de entrega, ni se diga: antes eran casi de un día para otro. Hoy tardan ocho días o más. Aún con la pandemia y sus eventuales retrasos, conozco a compradores de otros portales cuyos productos, aun siendo importados les llegan en menor tiempo.

Todo lo anterior pasa sólo si usted y su intuición tienen la suerte de encontrar el “catálogo virtual” exacto para realizar tal búsqueda. Como en el mundo de lo digital las cosas ocurren en nanosegundos, quién sabe si a la hora de que aparezca esto que escribo hayan corregido, actualizado o mejorado eso que llaman la “experiencia del usuario”. Un empirismo que ni el propio Hume hubiera imaginado.

Da pena ajena que personajes tan tenebrosos como el peñanietista José Carreño Carlón, o el mismo expresidente Miguel De la Madrid, hayan pasado sin pena ni gloria por la dirección del Fondo de Cultura Económica y admitir que, al menos con el primero citado y en términos de adquisición de libros, haya sido un proceso menos descalabrado que hoy, en la era de la “transformación”.

Aquí sí hay. Imagen: Captura de pantalla.

En Chihuahua hemos visto cómo Taibo II ha traído su “tenderete” de libros y es bueno que haya sacado a la calle, literalmente, el conocimiento en páginas impresas a precios módicos. No sabemos, salvo que algún día lo informe, como es deber de todo funcionario público, cuáles han sido los resultados de esas estrategias, y en general de su gestión. No sería la primera vez que el burócrata le gana al literato idealista habitando un mismo cuerpo. Una de las consecuencias es que comprar libros en línea en el FCE puede resultar hoy en una pesadilla, y esto, a su vez, alejar a los lectores que debieran sumarse, porque esta es la finalidad. ¿O no?