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Alejandro De la Garza

24/09/2022 - 12:04 am

Mítikah, el cártel inmobiliario y los sismos

“Por simple lógica y más allá de los estudios de impacto ambiental, cualquiera se percata que una obra de esta magnitud avasalladora devastará toda el área del tradicional Pueblo de Xoco”.

Protesta contra Mítikah. Foto: Facebook.

Este viernes 23 de septiembre, el sino del escorpión lo llevó en su destartalada motoneta hasta la protesta por la inauguración de la muy cuestionada, descomunal y depredadora obra conocida como Mítikah, producto de arreglos dudosos y presuntas ilegalidades realizadas por la constructora Fibra Uno y las autoridades panistas de la alcaldía Benito Juárez, donde continúa la investigación por corrupción al llamado #CártelInmobiliario, impulsor y beneficiario ilegal del auge en la construcción de edificios en esa alcaldía, en manos panistas desde hace más de tres lustros; aunque también se presumen componendas con el gobierno de Miguel Ángel Mancera, e incluso con el actual gobierno de la Ciudad de México por desconocer al Pueblo de Xoco como pueblo originario con derecho sobre su territorio.

En 2009, las firmas Ideurban y Prudential arrancaron en el Pueblo de Xoco esta monstruosa obra proyectada para convertirse en “Ciudad Progresiva Mítikah”, el desarrollo inmobiliario más grande de América Latina. En octubre de 2013, el fideicomiso de inversión Fibra Uno aportó 125 millones de dólares para continuar la construcción, en la cual intervino el celebrado despacho Sordo Madaleno, entre varios otros. Tan sólo el centro comercial comprende 120 mil metros de área rentable, cinco niveles, 280 espacios comerciales, restaurantes y centros de entretenimiento; 22 mil 500 millones de pesos de inversión y una afluencia diaria de 60 mil personas, es decir 12 millones de personas en promedio anual; pero además, el proyecto estará conformado por una Torre Residencial de 65 pisos y 603 departamentos, la más alta de la CDMX, y otras tres torres para oficinas, un hotel, consultorios y áreas verdes, todo ello sobre lo que fuera durante 33 años el Centro Coyoacán, ahora fenecido para dar lugar a este leviatán arquitectónico, ingenieril y comercial.

Habrá quien critique al alacrán por oponerse a la “modernización y al progreso urbano”, pero el venenoso insiste, no se opone a eso (a pesar de las devastadoras y efímeras modernizaciones constantes), se opone a que se haga siempre a costa de los recursos y los territorios de la gente común, pasando siempre por encima de su opinión y de la voluntad colectiva. Por simple lógica y más allá de los estudios de impacto ambiental, cualquiera se percata que una obra de esta magnitud avasalladora devastará toda el área del tradicional Pueblo de Xoco, limitará el agua de la zona (y el nuevo pozo abierto para abastecer exclusivamente a Mítikah secará más los mantos friáticos), incrementará el predial y modificará los usos de suelo, además de elevar a límites casi imposibles el tránsito de personas y automóviles en una zona de por sí ya crítica e intransitable. De inicio, el proyecto se cargó casi más de medio centenar de árboles de la calle de Mayorazgo, pero no satisfechos con eso, luego privatizaron la misma calle para incorporarla a la obra. El gobierno de la CDMX asegura que la gente aprueba este engendro, pero no hay ni encuestas ni pronunciamientos de habitantes de la zona al respecto. Por el contrario, la oposición a él se ha manifestado por vías legales, como amparos y suspensiones provisionales, además de manifestaciones de protesta e incluso basando el reclamo de la asociación de los tres mil 500 habitantes del Pueblo en su calidad de “Pueblo originario” (así señalado en textos y estudios como el de la antropóloga María de Jesús Real García Figueroa, de la Asociación de Cronistas Oficiales de la Ciudad de México). A pesar de todo, la instancia definitoria, la Secretaría de Pueblos y Barrios Originarios y Comunidades Indígenas Residentes de la CDMX (Sepi), alegó el incumplimiento de ciertos requisitos normativos y negó el reconocimiento de esta comunidad como Pueblo originario.

Fracturas del subsuelo en CdMx. Foto: Geociencias UNAM-Cenapred.

Por todo ello, el venenoso está en esta reunión de protesta, epicentro del embotellamiento vehicular por toda el cuadrante de las avenidas Río Churubusco, Universidad, Cuauhtémoc, México Coyoacán y muchas de las calles aledañas de esta zona limítrofe entre las alcaldías Benito Juárez y Coyoacán. Y por todo ello, también, y luego de los dos grandes sismos recientes, el escorpión buscó el mapa de las fallas del subsuelo de la capital, dado a conocer luego del terremoto del 2017 por el Centro de Geociencias de la UNAM y el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), en donde se identificaban por zona y alcaldía estas riesgosas fallas y las posibles consecuencias de los sismos en zonas específicas de la ciudad, pero dicho mapa ya no aparece en las páginas de estas instituciones. El tema de los riesgos sísmicos por alcaldía parece no ser conveniente para las empresas inmobiliarias, beneficiarias del irrefrenable proceso de gentrificación padecido por las alcaldías Cuauhtémoc y Benito Juárez principalmente.

El gobierno federal tiene, en efecto, una página de Atlas de Riesgo con informaciones generales, ciertas metodologías para su elaboración tanto a escala nacional como para la Ciudad de México. Por su parte, en diciembre de 2019 la Gaceta Oficial de la Ciudad de México publicó el Acuerdo con los lineamientos para realizar la elaboración de estos Atlas de riesgo por cada una de las 16 alcaldías, aunque estos documentos son más de tipo normativo, metodológico y sobre procedimientos de protección civil. El arácnido se empecinó entonces en la búsqueda digital de aquel mapa hasta dar con él en un boletín de Comunicación Social de la UNAM del 12 de octubre de 2017 (https://www.dgcs.unam.mx/boletin/bdboletin/2017_677.html), donde se informa: “Mapea UNAM fracturas en el suelo de la Ciudad de México”. Un estudio a cargo de Dora Carreón Freyre, investigadora universitaria y responsable académica del Centro de Evaluación de Riesgo Geológico (CERG) de Iztapalapa.

El escorpión no quiere ser alarmista ni es su intención inquietar a la gayola (después de todo, son obvios los riesgos de vivir en una zona sísmica, al pie de un volcán activo, sobre un lago y a más de dos mil metros de altura), pero entre muchos datos reveladores, la información destaca que los edificios colapsados en los sismos de 1985 y 2007 “se sitúan en las zonas con más fracturas, en especial en las alcaldías Benito Juárez y Cuauhtémoc, ubicadas “en una especie de fosa delimitada por dos fallas, que atraviesan la ciudad de norte a sur”.

Mientras escapa del embotellamiento automovilístico en su ágil motoneta, el alacrán deja a consideración de la afición el enlace con la información y la imagen de uno de los varios mapas que contiene la página de la UNAM.

Twitter @Aladelagarza

 

Alejandro De la Garza
Alejandro de la Garza. Periodista cultural, crítico literario y escritor. Autor del libro Espejo de agua. Ensayos de literatura mexicana (Cal y Arena, 2011). Desde los años ochenta ha escrito ensayos de crítica literaria y cultural en revistas (La Cultura en México, Nexos, Replicante) y en los suplementos culturales de los principales diarios (La Jornada, El Nacional, El Universal, Milenio, La Razón). En el suplemento El Cultural de La Razón publicó durante seis años la columna semanal de crítica cultural “El sino del escorpión”. A partir de mayo de 2021 esta columna es publicada por Sinembargo.mx
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