El productor de Ya no estoy aquí, Gerry Kim, quien es estadounidense, dijo que parte de lo que lo atrajo al proyecto fue que “no imita otras historias de migración que se ve normalmente sobre buscar el sueño americano”. Quizá lo más importante de la historia de Ulises es que le pone rostro a uno de los miles de menores no acompañados por un adulto que llegan a Estados Unidos, muchas veces huyendo de la violencia en sus propios países, y que terminan siendo detenidos y deportados.

Morelia, 24 de octubre (AP).– La cinta mexicana Ya no estoy aquí abre las puertas al mundo de las colombias, las cumbias que se bailan en Monterrey y que hace casi una década marcaron a una generación de jóvenes en los barrios más pobres y pesados de esta ciudad industrial de México.

El norte que muestra el director Fernando Frías no es el de los corridos o música de banda; es uno de tenis Converse y gorras de béisbol en lugar de botas de piel y sombreros, con peinados extravagantes y ropa colorida extragrande para los hombres, y diminutos shorts y ombligueras para las mujeres. La banda sonora presenta una cumbia rebajada (a un ritmo lento) que apasionaba a los jóvenes.

“Creo que el cine más allá de contar historias también ofrece modos de ver”, dijo el director Fernando Frías en una entrevista en el Festival Internacional de Cine de Morelia, donde la película se presentó en competencia como parte de la sección de largometraje mexicano.

Frías es originario de la Ciudad de México y vive entre su país natal y Estados Unidos. Su primer acercamiento a la cultura de las colombias fue por un artículo en una revista que los presentaba bajo una luz sensacionalista que no le gustó mucho.

Era “un poco de sexo, drogas, violencia y pobreza, pero con un ángulo como si fuera ‘cool’ (chévere)”, señaló. “En este caso yo quise ofrecer (algo) basado en mi experiencia”.

Para el director, la autenticidad es un “ingrediente principal” de la historia de Ulises, el líder de una pandilla de adolescentes en su película.

El hermano mayor de Ulises está en la cárcel y en su casa su madre lo prefiere afuera que estorbando. A él lo que más le importa es hacerse su peinado alto con goma, bailar en las fiestas y divertirse con sus amigos. Además, siente cierta seguridad pues los amigos delincuentes de su hermano lo protegen, hasta que la violencia por el narcotráfico que marcó a Monterrey durante el sexenio del expresidente Felipe Calderón lo obliga a migrar a Estados Unidos, enfrentándose a la soledad en Nueva York.

Los integrantes del elenco tienen ahora entre 15 y 24 años. Juan Daniel García, quien interpreta a Ulises, tenía 17 años cuando comenzó el rodaje, el cual tuvo que parar por un año en parte para lograr que le dieran la visa para ir a Estados Unidos, dijo el director.

La realidad de la cultura urbana en Monterrey y la migración es igualmente cercana para estos jóvenes actores. En el caso de García, su padre migró a Estados Unidos en dos ocasiones, y a la tercera lo detuvieron y deportaron. Un tío y su padrino también se fueron desde los 12 años.

“Ellos no le dijeron a mi abuela, solos se fueron y eran menores de edad. Con el tiempo regresaron y nos empezaron a contar toda su historia”, dijo García. “Tengo un tío que lo acaban de regresar hace poco, nos acaba de contar su historia. Se fue caminando hasta que agarró el tren y llegó a Houston. Dice que se la pasó una semana viviendo abajo de un puente porque no quería que nadie lo viera”.

En el filme, Ulises añora regresar a México pese a lo violento de su barrio.

“Tu casa es tu casa, donde ya se saben tu nombre, por eso ya se quiere regresar”, dijo García, quien compartió ese sentimiento mientras rodaba en Nueva York, donde echó de menos a su familia.

En la ciudad estadounidense, Ulises se vuelve amigo de una joven de origen chino que no habla nada de español. Él tampoco sabe inglés pero ambos se esfuerzan por comunicarse.

El productor de Ya no estoy aquí, Gerry Kim, quien es estadounidense, dijo que parte de lo que lo atrajo al proyecto fue que “no imita otras historias de migración que se ve normalmente sobre buscar el sueño americano”.

“Lo que lo hizo especial para mí fue que explora la alienación y la soledad de esa experiencia”, explicó.

Quizá lo más importante de la historia de Ulises es que le pone rostro a uno de los miles de menores no acompañados por un adulto que llegan a Estados Unidos, muchas veces huyendo de la violencia en sus propios países, y que terminan siendo detenidos y deportados.

“Trump dice que son gente mala. ¡Por favor! Tenemos que entender que hay un contexto detrás”, dijo Frías, para quien el libro “Los migrantes que no importan” del salvadoreño Oscar Martínez y el trabajo del antropólogo social colombiano Darío Blanco Arboleda fueron esenciales para la creación de su película.