Cara de liebre (Seix Barral, 2020) es una novela de diversas capas que da cuenta de los estereotipos sociales, los raseros con los que se mide a una mujer, la intimidad, la inocencia perdida y la obsesión. Un honesto relato de lo que nos cosifica y de la cárcel que puede suponer el cuerpo.

Liliana Blum, una de las autoras más interesantes del panorama literario mexicano, aborda con sordidez y humor negro los problemas del acoso, las relaciones destructivas y la deshumanización implícita en la manera como observamos al otro y lo reducimos a sus defectos.

Por Mario Alberto Medrano

Ciudad de México, 24 de octubre (SinEmbargo).- La anécdota que se cuenta en Cara de liebre (Seix Barral, 2020) podría ser simple a primera vista: la venganza de una mujer motivada por los abusos sufridos a los largo de su vida. Sin embargo, en esta nueva novela, la escritora Liliana Blum se propone crear una obra de diversas capas.

Mediante dos personajes, Irlanda y Tamara, la autora da cuenta de los estereotipos sociales, los diferentes raseros con los que se mide a un hombre y a una mujer, la intimidad del cuerpo puertas adentro, el temor, la inocencia perdida y la obsesión.

Apodada “cara de liebre” debido a su labio leporino, Irlanda sufre bullying en la infancia; poco después, salida de esa primera etapa, decide estudiar letras, para después ser profesora de esa asignatura, por lo que se convierte en una puntual lectora, aspecto que la propia Blum (Durango, 1976) deja ver, con guiños a libros y autores, y quien cada noche va de cacería al bar La cebolla de cristal; por otra parte, Tamara, empleada en spa de masajes, donde ella fantasea con ser pintora, exhibir en alguna galería, abandonar ese destino cutáneo al que llegó sin saber cómo. Anhela casarse, pero su timidez y carácter le impiden lograr socializar. Entonces, un vaso comunicante entre ellas: Nick, cantante de una banda de rock, panzón, rubio, con unos ojos azules que enamoran.

LA PÉRDIDA DE LA INOCENCIA

“Con el tema de la venganza no estoy tan segura porque, aunque pareciera que es así, no es lo que mueve a Irlanda. Ella es una mujer, de una manera patológica, que quiere ser amada, estar con alguien. Después de todas estas experiencias de ser rechazada por su defecto físico, de ser criticada, pues las mujeres somos juzgadas con otro rasero cuando hablamos de ejercer la sexualidad libremente, después de enfrentar agresiones a lo largo de la vida, y en sus desesperación por no estar sola, comente un asesinato y más adelante, con el personaje de Nick, no es tanto un acto de venganza, sino que ella intenta aferrarse a él por la fuerza, pero no le funciona.

Entonces, la disyuntiva es qué haces cuando ya arribaste hasta donde ella llegó, realmente puedes dejar ir a alguien, digamos que son prácticas comunes, pero abominables, pero no creo que Irlanda se quería vengar, es algo más complejo lo que lo lleva a hacer las cosas que hace”, reconoce Liliana.

“Por otra parte, la pérdida de la inocencia sólo la ligamos con la parte sexual, pero es algo mucho más simple, pero más terrible: es cuando te das cuenta que el mundo es un lugar cruel y hostil, sobre todo con quien se sale de las normas tan estrictas que impone la sociedad, tanto para hombres como para mujeres, pero especialmente para ellas, que se les pide ser bellas, jóvenes, entonces creo que darte cuenta que el mundo es cruel y que la felicidad no es algo que podamos dar por hecho, y que muy pocas personas nos van a aceptar como somos, esa es la pérdida de la inocencia más difícil que hay, y de los más duro de aceptar”, afirma autora.

TAMARA E IRLANDA, ROSTROS DE BLUM

Al cuestionar a la autora sobre sus dos personajes, quienes son distintos a los que había pergeñado en otros textos, reconoce que sí intentó crear dos mujeres diversas, con otras honduras, con otras motivaciones y misterios.

“En esta novela me arriesgué a invertir los papeles, lo cual se vuelve algo desconcertante porque estamos bien acostumbrados a que las mujeres sean las víctimas, tanto en la vida real como en la literatura, es algo muy normalizado por lo mucho que sucede, además se culpa a la mujer asesinada, se le victimiza, y lo normalizamos.

Esta justicia poética, si lo vemos desde la metáfora, que hay en Cara de liebre se va volviendo en aquello de lo cual nos quejamos, es terrible, se vuelve la jungla, pero quería jugar con esta idea de qué sucedería si la mujer es la que comete el asesinato, y el hombre más patán del mundo, que va por la vida, con la seguridad de que las cosas salen a su modo, qué pasaría si de repente se encuentra atrapado en la telaraña”, afirma la autora.

Foto: Páginas de espuma

Reconoce que hay diferencia entre estos personajes y otros de su universo literario. “Creo que hay una gran diferencia entre los personajes, por ejemplo, de mi libro de cuentos Tristeza de los cítricos y estos, acaso no tanto con Tamara, quien ha sido violentado de manera psicológica, un poco por los maestros, por los padres, por Nick, sin duda, y ella termina, después de un largo proceso de aprendizaje, tomando la decisión correcta, la que nuestra amigas, madres, nos alentarían a tomar, ‘no te aferres a alguien que no te quiere, sigue con tu vida’”.

LO QUE OCULTAN LOS OJOS AZULES

Si por una parte, Tamara e Irlanda son dos personajes que proponen diferentes lecturas, el de Nick, el personaje masculino que une a ambas, es una caricatura, cuyo gran acierto genético es su color de ojos. Al respecto, Liliana reconoce que se debe a una mezcla de personas que conoce.

“Todos los personajes femeninos tienen mucho de mí, mis miedos, fobias, gustos, aunque las anécdotas son ficticias, pero en el caso de los personajes masculinos, inconscientemente, siempre están personas que he conocido a los largo de mi vida , a veces hago mezclas, la personalidad uno, el cuerpo de otro, y en el caso de Nick, sus ojos azules, que es su mayor poder, es algo que he visto mucho; hombres que son repulsivos como seres humanos y en lo físico también, pero tiene los ojos azules, y eso hace que el resto del mundo pase por alto todo lo demás por esa característica, este racismo metido en nuestra cultura favorece a ciertas personas”.

NOVELA DESCRIPTIVA: EL CUERPO Y LA ATMÓSFERA

Un rasgo continuo en Cara de liebre es la capacidad descriptiva que le impone su autora. Sobre todo, es el cuerpo el elemento central de estas minuciosas observaciones narrativas, las dimensiones corporales, el tono de piel, los rasgos en común o las deficiencias físicas.

”Aunque a veces nos guste pensar que no somos así, sí somos una sociedad superficial, y la primera cara por la que se nos juzga es el cuerpo, la famosa primera impresión, siempre juzgamos a las personas no sólo por cómo se arreglan, por la lotería genética que les tocó.

Mis personajes femeninos siempre se están enfrentado a las complicaciones de su físico, si las mujeres normales la tienen difícil, cuanto más una mujer como Irlanda, quien nació con un defecto congénito, a pesar de que tuvo cirugía, pero hay vestigios, y los niños y los adultos son crueles, por lo que en su historia permea el bullying. La autopercepción de las mujeres no está ligada a la realidad y es parte de lo que le pasa a Irlanda, y de alguna maner a Tamara, pero también es importante mencionar que hay una hostilidad que no es imaginaria de parte de sus alumnos, de los hombres que la consideran buena para una noche, pero no para una relación.

Esta deshumanización que sufren ciertamente las convierten en un seres heridos, y cuando estamos en esta situación de vulnerabilidad es cuando tocamos fondo, cuando sienten que hay nada que perder, es cuando es más fácil hacer las cosas más aberrantes, cuando estás abajo, todo lo que ocurra es ganancia, y esta condición es la que hace que este personaje se salga de los límites que se esperan de una mujer.

EL FEMINISMO, ¿NÚCLEO DE LA NOVELA?

Cara de liebre pasa del testimonial a la mirada desde la cámara, es decir, de la primera la tercera persona. Gracias a esta ambivalencia narrativa, la novela adquiere mayor textura en su forma. Entre estas dos voces se debaten temas de fondo, sociales, personales, como el feminismo.

Foto: Lisbeth Salas, El Tiempo

“Aunque a veces el resultado pueda ser ese, no es algo que planeé. Cuando me siento a escribir, lo hago como si nadie me fuera a leer, pues si me pongo a pensar en lo que van a decir o creer mi mamá, mis hermanos o amigos viene la autocensura, entonces quiero contar esta historia aunque sea terrible.

No tengo una agenda, no quiero demostrar nada, mis personajes se parece tanto a mí como a personajes que he visto cercanos, pues parte de los que escribimos se basa en una observación del mundo, y lo más terrible es que las cosas que veo son violentas, ser mujer en este país es un peligro, aunque no es mi propósito denunciar, sí está plasmado, siempre está ese elemento de violencia, abuso, de necesidad de ser aceptado, amado, todos esos subtemas debido a que es lo que está a mi alrededor”, afirma Blum.

LA IMPORTANCIA DE LEER MUJERES

Para Liliana Blum, autora de novelas Pandora y El monstruo pentápodo, así como de libros cuentos como Tristeza de los cítricos, Yo sé cuando expira la leche, The Curse of Eve and Other Stories, Vidas de catálogo, entre otros, es fundamental leer escritoras que le aporten una voz potente.

“Cuando escribo, trato de leer a autores a los que admiro, pues tengo esta superstición de que si leo autores que no considero de alta calidad, se me puede pegar su prosa y afecta lo que estoy escribiendo. Leo, por ejemplo, a Margaret Atwood, Joyce Carol Oates, Alice Munro, creadoras que admiro, para tener la mentalidad ahí, con ellas.

Ahorita no estoy leyendo nada en particular. Últimamente he descubierto un par de escritoras ecuatorianas muy interesantes, María Fernanda Ampuero, Pelea de gallos, acaso uno de los mejores libros que he leído en los últimos diez años, y Mónica Ojeda, y quien es muy distinta y admirable; Mariana Enriquez, escritoras que considero increíbles, y a quienes quiero leer más”, asegura.

Para culminar, Liliana Blum afirmó, “quisiera arriesgarme en un próximo libro en hacer algo no tan realista, pero la visión oscura del alma humana siempre va a estar ahí, pues lamentablemente es lo que yo veo, y no veo el mundo de color rosa”.


Mario Alberto Medrano González es narrador, poeta y periodista. Su poesía formó parte de la antología Después del viento, trece homenajes a Jesús Gardea, en el Encuentro Nacional de Escritores Jóvenes, Chihuahua. Ganó el Concurso Literario sobre la salud y Cultura de la Prevención 2013, convocado por la Secretaría de Salud. Actualmente es jefe de corrección en el diario Excélsior, donde también es periodista cultural y crítico literario. Colabora en las revistas Este País y Periódico de Poesía de la UNAM. Es autor de libro Nebde (Ediciones del Lirio, 2019).