La disputa por la vacuna. Foto: Graciela López, Cuartoscuro.

Cuando los políticos carecen de escrúpulos y de respeto por sus gobernados, lo primero que piensan es que ellos son el máximo poder y que cualquiera que los derrote y se los quite, no lo merece.

Su amor por el poder es tan profundo que los enloquece, como Donald Trump quien, ya inestable y agresivo, al perder las elecciones se mostró dispuesto a llevar a su país a una crisis constitucional, deteriorando la vieja historia de la democracia norteamericana; no le interesa la estabilidad indispensable para la nación ni la contingencia de salud que enfrenta actualmente el territorio más poderoso de la Tierra (y el más afectado por la epidemia), sólo quiere luchar y pelear, cueste lo que cueste, para recuperar el poder que le han arrebatado los electores norteamericanos.

Así veo a quienes perdieron las elecciones en julio de 2018, y con ellas el poder que habían conservado en una alianza vergonzosa durante 30 años. En estos momentos, cuando es obligatorio fraguar la unidad y la coordinación eficaz para luchar por la salud de los mexicanos y la seguridad del país, se declaran adversarios del presidente de la República y organizan su club VIP, desde el cual le disputan territorios, lo boicotean e interfieren en cualquier acción indispensable para enfrentar o disminuir los efectos de la crisis de salud que está destruyendo a sus estados.

Estas palabras salen de Ciudad Juárez, Chihuahua, donde deberíamos tener entre 20 a 30 contagios diarios, pero hemos registrado, en los últimos 15 días, un promedio de hasta 300 contagios por día durante el semáforo rojo y un absurdo toque de queda que no sirvió para nada. Y, aun así, el gobernador declara que logró reducir el índice de infecciones.

Cuando se empieza a vislumbrar una luz dentro del túnel, la luz de la vacuna contra el COVID-19, justo cuando se ilumina la esperanza de superar la tragedia que nos agobia, la Alianza Federalista se lanza por la administración y manejo de las vacunas (que todavía no llegan, por cierto), y empieza a tratar de descalificar al Gobierno federal, como si el enemigo no fuera el virus sino Andrés Manuel López Obrador.

No le importan las instituciones ni el Sistema Nacional de Salud, los gobernadores miembros nunca se han preocupado por colaborar eficientemente con el Sistema Nacional de Vacunación, pero ahora que ven que la vacuna puede estar en sus manos, ven un instrumento político y se lanzan a pelear, a desprestigiar y agredir a la federación con una ferocidad digna de pitbulls, la raza icónica entre los perros de pelea.