Los virus han sido hallados en estos animales que se encontraban almacenados en unos congeladores de dos laboratorios asiáticos.

Ciudad de México, 24 de noviembre (AS).- Aunque el objetivo primordial a nivel mundial es batallar contra este coronavirus, una lección ya aprendida es que no hay que descuidar otros posibles virus y menos si son similares al actual. Por ello, se ha actuado rápidamente tras el hallazgo de los primeros coronavirus encontrados fuera de China estrechamente relacionados con el SARS-CoV-2, publicados en la revista científica Nature.

Han sido hallados concretamente en dos laboratorios asiáticos, uno en Camboya y otro en Japón, y de nuevo de origen animal, en murciélagos de herradura que se encontraban congelados. Precisamente, mismo espécimen que el que se considera posible causante de la COVID-19. Está por determinar por parte de la Organización Mundial de la Salud si fue una transmisión de manera directa al ser humano o con algún animal como intermediario, como por ejemplo el pangolín.

Por las características del descubrimiento, se puede llegar a la conclusión de que los virus “parientes” del coronavirus son comunes en murciélagos Rhinolophus, estén o no en China. De hecho, entre 2015 y 2019 se encontraron coronavirus relacionados con el pandémico en murciélagos y pangolines.

Por las características del descubrimiento, se puede llegar a la conclusión de que los virus “parientes” del coronavirus son comunes en murciélagos Rhinolophus. Foto: Sakchai Lalit, AP

LO QUE SE SABE DE LOS DOS CORONAVIRUS

Por un lado, está el de Camboya, encontrado en dos murciélagos de herradura Shamel, o Rhinolophus shameli, que se estima que fueron capturados en el norte del país en el año 2010, y ambos estaban congelados en un laboratorio. Todavía no se ha secuenciado completamente el genoma, algo que será tarea de Etienne Simon-Loriere, virólogo del Instituto Pasteur de París. Su información podría ser muy importante de estar muy relacionado con el actual.

Por otra parte, en Japón, se ha detectado el virus Rc-o319, en las heces de otro murciélago de herradura, en este caso el Rhinolophus cornutus, que fue capturado más tarde, en 2013. De este sí se sabe que comparte con el SARS-CoV-2 el 81 por ciento de su genoma, una cifra demasiado lejana si en teoría debería superar el 97 por ciento según los científicos.

En cualquier caso, lo que es seguro es que ha pillado desprevenidos a los investigadores. “No esperaba encontrar un pariente del SARS-CoV-2”, afirma Shin Murakami, virólogo de la Universidad de Tokio que participó en el análisis de las muestras, a la revista Nature.

UN ALICIENTE PARA SEGUIR BUSCANDO

La realidad es que sólo algunos de los virus de la familia del coronavirus están relacionados de manera estrecha con el pandémico encontrado en Wuhan. El más cercano conocido hasta ahora es el RaTG13, localizado también en murciélagos de herradura, Rhinolophus affinis, en la provincia china de Yunnan, en el año 2013.

Ahora el objetivo es continuar con la búsqueda ante la pista de que puede haber más sin haber sido analizados. “El SARS-CoV-2 probablemente no fue un virus nuevo que apareció de repente. Los virus de este grupo existían antes de que nos diéramos cuenta de ellos en 2019”, cuenta Tracey Goldstein, directora asociada del One Health Institute de la Universidad de California en Davis, que participó en el hallazgo de Camboya.

Ahora el objetivo es continuar con la búsqueda ante la pista de que puede haber más sin haber sido analizados. Foto: Sakchai Lalit, AP

De hecho, precisamente el último, el detectado en Japón, es uno de los más alejados del SARS-CoV-2, ya que no puede unirse al receptor de las células humanas que usa este para entrar en nuestro organismo. Por lo tanto, ahí encuentra una dificultad para infectar, al menos mediante ese proceso. Así, la apuesta pasa por buscar más murciélagos, analizar más muestras, y encontrar los que sí estén muy vinculados.

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