El pasado 23 de diciembre, cuentan sus compañeros, Abel se paró como todos los días a las 5:30 de la mañana, puso música, hizo ejercicio, después se bañó y algunos oyeron cuando cerró la puerta; creyeron que iba rumbo a su trabajo, pero al puesto de frutas no llegó.

Una semana antes, Abel había cumplido la mayoría de edad. Estudiaba en una preparatoria de la Autónoma de Guerrero, en Chilpancingo, para después, según sus planes, ingresar a una Ingeniería.

Por Zacarías Cervantes

Guerrero/Ciudad de México, 25 de enero (ElSur/SinEmbargo).- Cuando Abel Aguilar García dejó su pueblo, Llano Perdido, municipio de Cochoapa (Guerrero), dijo a sus padres que a él no le gustaba trabajar en el campo, porque “aquí se sufre mucho para ganar pa’ las tortillas”.

Entonces Abel les pidió permiso a sus papás– don Hilario Aguilar y a doña Guillermina García– para ir a estudiar la preparatoria a Chilpancingo. Su sueño es ser ingeniero civil y el 24 de enero entraría al sexto y último semestre de la Escuela Preparatoria número 9 de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG).

El 17 de diciembre Abel cumplió 18 años, y desapareció entre el 23 y el 31 de de diciembre, lapso en el que también se reportó la desaparición de otros seis jóvenes a manos de policías de Chilpancingo, según videos en poder de las autoridades.

Sin embargo, en el caso de Abel no existen testimonios que apunten hacia la misma línea. De él simplemente no hay un solo dato.

Abel estudió en la Escuela Secundaria 16 de Octubre en Omepetec, y cuando en el 2015 se trasladó a Chilpancingo a cursar la preparatoria llegó a habitar la casa del estudiante Héctor Astudillo Flores, ubicada entre las calles Leona Vicario y Belisario Domínguez del populoso Barrio de San Mateo, en la que entonces era coordinador su hermano Daniel.

“Es un chavo muy disciplinado, estudioso y chambeador”, contó uno de los moradores de esa casa mixta, en la que habitan 24 jóvenes estudiantes de preparatoria a licenciatura.

El indígena ñuu savi se levantaba todos los días a las 5:00 o 5:30 de la mañana. Ponía música para hacer ejercicio, a veces a alto volumen, y era por lo único que de vez en cuando discutía con sus compañeros de la casa del estudiante por haberlos despertado, dijo en broma uno de sus compañeros.

Después de media hora de ejercicios, abel se bañaba y -cuando había-, desayunaba, pero casi siempre se iba sin probar alimento antes de las 7:00 de la mañana. Bajaba todos los días por la calle doctor Liceaga rumbo a la escuela preparatoria que se encuentra a cinco cuadras, frente a la alameda Granados Maldonado.

Uno de sus compañeros dijo que además de disciplinado era “chambeador”, pues cuando regresaba en las tarde de la escuela se iba a trabajar a una frutería al otro extremo de la ciudad, entre las colonia Tomatal y Almolonga, en donde trabajaba medio tiempo durante el periodo de clases y tiempo completo en las vacaciones para ayudarse en sus estudios y para mandarles dinero a sus padres que viven en Llano Perdido, municipio de Cochoapa.

“Eso sí, es muy solidario, con nosotros comparte lo poco que trae para comer”, dijo nostálgico su compañero de casa, quien también lo recuerda alegre, pues dice que “por todo quería hacer fiesta”.

Cuando Abel llegó a esa casa su hermano Daniel era el coordinador y no tenía el nombre del Gobernador del estado (Héctor Astudillo), como ahora. La casa estudiantil se llamaba Primer Congreso de Anáhuac.

Daniel dijo que en una ocasión, en el 2016, salió a un viaje de estudios fuera del estado y que durante su ausencia visitó la casa del mandatario guerrerense, quien llevó mobiliario y otros apoyos a los estudiantes. En su ausencia, y sin el consenso de la mayoría, le cambiaron el nombre.

Otro de los estudiantes que habitan la casa contó que hubo un grupo de estudiantes que se inconformaron por el cambio del nombre y que ese grupo, entre los que está Abel, planeaban quitarle el nombre de Héctor Astudillo Flores y regresarle el de Primer Congreso de Anáhuac, pero que el año pasado, Daniel egresó de la carrera de Derecho de la UAG y ya no pudo organizar ni intervenir en los acuerdos de la casa estudiantil porque había perdido sus derechos como estudiante.

Sin embargo, el grupo que se quedó en la casa siguió organizándose, entre ellos destacaba la participación de Abel, hasta que la mañana del 23 de diciembre salió de esa casa y ya no regresó.

Ese día, cuentan sus compañeros, se paró como todos los días a las 5:30, puso música, hizo ejercicio, después se bañó y algunos de ellos oyeron cuando cerró la puerta. Creyeron que su compañero iba rumbo a su trabajo, pero al puesto de frutas no llegó.

Su hermano Daniel recordó que su patrón les dijo que después de las 10:00 de la mañana le mandó un mensaje de texto en el que le notificó que no iría a trabajar porque se sentía mal. “Me dijo que le dolía la cabeza”, les dijo el patrón de Abel a sus familiares.

Este 23 de enero Abel cumplió un mes desaparecido y ayer miércoles habría iniciado su sexto semestre en la preparatoria 9 de la UAG, pero aún se sabe nada de él.

En una llamada telefónica, su hermano informó que en la Fiscalía General del Estado (FGE) no le han dado a conocer avances, “y no se ve que estén investigando”.

Dijo que el domingo que fueron encontrados algunos cuerpos en fosas clandestinas entre las colonias del PRD y la PPS, al poniente de la ciudad, acudió para ver si algunos de los cuerpos era el de su hermano, pero no le permitieron acercarse. “Me dijeron que me espere, que primero van a hacer los estudios, pero no me dijeron cuándo van a tener los estudios”.

Mientras tanto en la casa del estudiante Héctor Astudillo Flores, la ausencia de Abel pesa entre sus compañeros moradores, “aquí lo extrañamos, no nos explicamos qué le pudo haber pasado si aquí era muy tranquilo con todos los chavos, con la mayoría se llevaba bien”, dijo una joven, también estudiante de preparatoria.

 

ESTE CONTENIDO ES PUBLICADO POR SINEMBARGO CON AUTORIZACIÓN EXPRESA DE El Sur. VER ORIGINAL AQUÍ. PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN.