Para Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis, el mal líquido es un destructivo sistema financiero, político y militar interconectado que carece de objetivos que beneficien a la humanidad. Dominan la competencia despiadada y el distanciamiento. Estamos solos frente un espejo simbólico, un juego de reflejos: la conciencia de ver y ser visto y la demanda insaciable de seguridad.

Los argumentos para desentrañar el origen de esta viscosa expansión de maldad provienen también de la literatura. Legados como el de Geoge Orwell, Italo Calvino y Aldous Huxley adquieren sentido en vísperas de la catástrofe y en una realidad que toca los límites de la ficción.

Por América Gutiérrez

Ciudad de México, 25 de enero (LibreríasElSótano).- Parecería que la humanidad fue despojada de sus sueños, que las formas de maldad se han vuelto difíciles de contener en lo general y también en lo particular. Aunque suene a película de ciencia ficción las formas del mal fluyen, se derraman, salpican y se desbordan.

El vértigo domina a las sociedades contemporáneas que se enfrentan a la falta de alternativas, revelan una naturaleza líquida del mal y ponen en tela de juicio nuestra supervivencia colectiva.

Maldad líquida es una conversación necesaria entre Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis que dio inicio en el libro Ceguera moral. Estos dos influyentes estudiosos argumentan que el presente nos pone frente el desafío de pensar más allá de la pura búsqueda de una doctrina o un modo de ser, y casi se nos exige encontrar la posibilidad de una alternativa radical para cualquier tipo de crisis económica, política y ecológica que nos amenazan hoy.

Cada respuesta en este libro genera más preguntas. Según Bauman y Donskis el mal líquido es un destructivo sistema financiero, político y militar interconectado que ofrece política sin preocuparse por nada en particular y que funciona estratégicamente, es decir, de manera sofisticada que carece de sentido y objetivos que beneficien a la comunidad.

El mal líquido se esconde y acecha en los agujeros negros de un espacio social sin reglas en el que la competencia despiadada y el distanciamiento mutuo han reemplazado a la cooperación y la solidaridad. Quizá los lectores que tomen entre sus manos este texto ya sean conscientes (o no) de que una serie de crisis actuales están conectadas, relacionadas con la búsqueda de una verdad (la que le de certezas al grupo en el poder o dominante) y con la economía y la política.

Pero ¿a qué se refiere Bauman cuando plantea la metáfora central de su teoría, la tan mencionada liquidez? El teórico polaco nos recuerda que el mundo actual está sujeto a una nueva plasticidad, con orígenes intrigantes y a la vez sugerentes.

Es precisamente la crisis del capitalismo tardío y la racionalidad neoliberal lo que ha diluido la posibilidades en el más ciego de los mundos: a que no quiere ver. Hemos llegado al punto donde los aparatos ideológicos del estado, se manifiestan en un individualismo extremo, junto con una sensación de fatalismo casi incontrolable.

Los argumentos para desentrañar lo que provoca esta líquida y viscosa expansión de la maldad, no solo provienen de la filosofía o del análisis político, también la literatura se aparece para indicarnos el camino, legados como el de Geoge Orwell, Italo Calvino, Elias Canetti, Aldous Huxley o Arthur Koestler son citados en víspera de las catástrofes y adquieren sentido frente a una realidad que toca los límites de la ficción al dar la cara a la peor sociedad posible.

Zygmunt Bauman ​​ fue un sociólogo, filósofo y ensayista polaco-británico de origen judío. Foto: Especial

La neutralidad también es una postura, al menos en cuanto a valores, pues ésta incorpora el factor de la exclusión/eliminación por razones de irrelevancia, resulta difícil de imaginar quien o quienes determinan que es importante o no, que es útil dentro de los estándares marcados por un grupo dominante, la exclusión por razones de “utilidad” se convierte en el recipiente directo de esta mal líquido que califica, descarta y juzga sin responsabilidad personal por los tumores malignos del mundo al tiempo que acepta la naturaleza intratable de las crisis que nosotros mismos hemos provocado.

Filósofo, teórico político, analista social, y comentarista político, actualmente profesor de política en la Universidad Vytautas Magnus y Cónsul Honorario de Finlandia en Kaunas. Foto: Especial

El análisis de Bauman y Donskis se hace eco del trabajo de Jean Baudrillard, especialmente de La transparencia del mal, que sitúa al individuo en un universo frío de seductora calidez. De mantenernos en la peligrosa conciencia de ver y ser visto, ser sujeto de la mirada de otro, y tratar de anticipar la mirada ajena en el espejo, ajustarse para el encuentro. Estamos solos frente un espejo simbólico que nos avasalla y que tiene repercusiones más allá de lo personal. Este juego de reflejos resulta traumático y aterrador, da lugar una demanda insaciable de seguridad.

Antes de llegar al final del intercambio de ideas, Bauman y Donskis describen una amenaza mucho más significativa que debe tenerse en cuenta: en lugar de oponer la civilización occidental al fundamentalismo islámico, o al nihilismo tecnológico debemos poner atención al efecto desempoderante de todas las formas de solidaridad y colectividad que hoy son vistas como anticuadas o más bien –peligrosas-.

Es momento de hacer comunidad, de rescatar los últimos gestos humanos reconocibles, de no ser sujetos indiferentes que sólo se mueven según el ritmo de sus propios pensamientos. Este es, quizás, una de los temas poderosos a lo largo de Maldad líquida.


América Gutiérrez es Coordinadora de contenidos de Librerías El Sótano. Ha trabajado para Discovery Channel LA, Nat Geo, A&E, IMER y Penguin Random House.
Siempre se pregunta ¿en qué se parece un cuervo a su escritorio? Actualmente estudia las leyes que rigen las excepciones.