El periodista argentino Nicolás Morás. Foto vía Nicolás Morás.

Esta es la segunda parte de la entrevista que realicé al periodista argentino Nicolás Morás, quien ofrece una propuesta alternativa de información en su canal de YouTube “Los Liberales”. Directo, mordaz, culto, amante de la libertad y adversario de lo políticamente correcto, este joven y popular comunicador nos da su opinión sobre dos temas fundamentales (y que dividen enormemente a la opinión pública): feminismo como parte de la ideología de género y movimientos indigenistas en la Patagonia. La idea de este diálogo es presentar un punto de vista diferente, mostrando que se puede conversar sin prejuicios ni dogmas, y tratando de conocer honestamente los puntos de vista y las razones de quien puede pensar diferente. La tolerancia y la diversidad son características fundamentales de un mundo libre. También son armas contra el belicismo y la ignorancia que subyace detrás de un pensamiento único. Creo fervientemente en la necesidad de hablar de frente y conocer las diferentes posturas en los temas que nos dividen como sociedad, muchas veces de forma violenta. Manifiesto mi total rechazo a los discursos totalitarios y hegemónicos (sean de derecha o sean de izquierda). El radicalismo y el maniqueísmo, bajo el dominio de grandes oligopolios transnacionales o de proyectos de Estados autoritarios (o lo que es peor, una proyectada combinación de ambos—léanse propuestas de El Vaticano y el Foro Económico Mundial), son recetas perfectas para la guerra que beneficiará a unos cuantos.

—En Argentina has sido un actor muy controvertido en lo que respecta al debate sobre el feminismo y la ideología de género. Me interesa conocer tus reflexiones muy generales sobre este debate que recientemente se cristaliza en una ley que legaliza el aborto en tu país.

NM: La actual ley no tiene parangón ni punto de comparación con ninguna legislación de este tipo en el mundo. Dicha legislación establece causales “psicosociales” (un eufemismo a merced del criterio de cada funcionario) para habilitar el infanticidio hasta el último mes de gestación. Aclaro, estoy totalmente en contra de penalizar el aborto durante las primeras semanas, y cabe destacar que esto no ocurre de facto en Argentina desde hace más de 40 años. No soy religioso ni conservador, y jamás propondría que una concepción mitológica sirva para legislar. Sin embargo, desde la biología más elemental, la recién aprobada ley del aborto en Argentina se demuestra como un instrumento de eugenesia.

Adicionalmente, pese a la ruinosa situación social del país—con casi el 60 por ciento de los niños viviendo por debajo de la línea de pobreza—la ley estipula subsidiar con dinero de los contribuyentes a las mujeres que abortan, terminando de confirmar la intención deliberada de incentivar esta práctica por parte del Estado. Promocionar activamente el aborto, a diferencia de tolerarlo (repito, realidad imperante previa a la ley y con la que estoy completamente de acuerdo) es una falsa solución sistémica a un problema de raíz generado pura y exclusivamente por el sistema.

En mi país existe una carga impositiva superior a la media europea sobre una economía en vías de desarrollo, hiper-regulación y concentración artificial del capital en manos de los capitalistas “amigos del poder”, tanto nacionales, como cada vez más enfáticamente, transnacionales. Dos terceras partes de lo que el empleador invierte en cada salario se lo lleva en forma directa o indirecta el Estado, con lo cual la generación de empleo y autoempleo está virtualmente prohibida de facto. Este Leviatán que sólo favorece a una pequeña minoría en perjuicio de 40 millones de personas, ha liquidado por completo la movilidad social que caracterizaba al que supo ser el destino predilecto de los emigrantes que apostaban por mejorar su vida con esfuerzo. Esto ahora es imposible, y con una tercera parte de la población dependiendo ya exclusivamente de la limosna estatal, el gobierno descubrió que ya no quedan más recursos por esquilmarle a la cada vez más diezmada fracción productiva de la sociedad. Por lo tanto, se agotan los fondos para el asistencialismo, y la sádica ocurrencia de quienes no están dispuestos a reformar este modelo despótico (con tal de no mermar sus privilegios) es comenzar un proceso gradual pero intensivo de reducción de crecimiento demográfio, con foco por supuesto en los más vulnerables, a quiénes ellos han transformado en desempleados artificiales y mendigos involuntarios.

—Nicolás, yo estoy terminantemente en contra de la penalización del aborto y estoy totalmente a favor del derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo. Soy mujer y respeto absolutamente que otras mujeres puedan decidir si quieren ser madres o no. Las condiciones son distintas en cada caso. En ese sentido, soy partidaria de la libertad más absoluta. Tú te defines cómo liberal. ¿Cómo puede ser que un liberal no sea feminista? No lo entiendo. Sería muy importante que nos explicaras esto, porque me parece un poco contradictorio. Tampoco entiendo tu respuesta sobre la penalización del aborto. ¿Estás sugiriendo que se debe penalizar el aborto durante las últimas semanas de gestación, o durante las semanas que les siguen a las primeras? ¿Eso es lo que estás sugiriendo siendo un liberal?

NM: Es meridianamente falso que el debate se trate de “despenalizar”; en la Argentina no hay una sola mujer que haya sido encarcelada por practicarse un aborto durante las primeras semanas del embarazo desde 1972. La despenalización del aborto es un hecho en mi país, y está bien que así sea.

Lo que se apunta, en consonancia con lo que solicitó explícitamente el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya en 2018 (cuando Mauricio Macri lanzó el primer proyecto de legalizar el aborto), es detener el crecimiento demográfico de los sectores más desfavorecidos económicamente. Retomo lo expuesto en la anterior respuesta: los pobres son pobres precisamente por culpa de la infame clase política en forma transversal y los acreedores como el citado, que inyectaron fondos a un proyecto de país inviable no con el fin de asistirlo, sino de garantizar su sometimiento geopolítico.

La servidumbre indecorosa a través de la limosna estatal ahora se banaliza a través del marketing político con iniciativas del estilo del “Cheque Robot”, que plantea cobrarle un pequeño impuesto a las economías íntegramente robotizadas [por ejemplo, la agricultura “high tech” que impulsa Bill Gates (hoy el principal terrateniente de EEUU) y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) de la Organización de Estados Americanos (OEA)] para compensar los puestos de trabajo destruidos artificialmente a través de este tipo de medidas. Dicha iniciativa fue impulsada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en tiempos donde Gustavo Béliz—Secretario de Asuntos Estratégicos en el actual gobierno del Presidente Alberto Fernández—integraba el directorio y respaldaba oficiosamente la iniciativa, que es una idea formulada abiertamente por la Fundación Bill y Melinda Gates. [Nota: Sobre el Cheque Robot véase https://www.bbc.com/mundo/noticias-39032015].

Cabe destacar que todas estas medidas son paliatorias, es decir, de corto y mediano plazo, pero la obsesión final de estos ingenieros sociales es exterminar al sobrante de personas que no resulten rentables en la tecnocracia a la que apuntan.

El capitalismo corporativo, incompetente, y gestionado no ya por los tradicionales bancos de inversión sino directamente por los monopolios tecnológicos, naturalmente arrasa con fuentes de empleo. Las políticas sanitarias de confinamiento irracional, masivo—inéditas en la historia de la medicina—parecen perseguir también la extinción final de los sectores económicos, muchos de ellos competentes, que no se han digitalizado por completo. Con estas innobles razones materiales de fondo, y bajo el pretexto de preservar el medioambiente o conquistar la (ya conquistada) equidad de género, es menester limitar la reproducción de nuestra especie. Esto ha sido sugerido impúdicamente por Gates en persona, que no deja de ser un exponente indiscreto de lo que piensa la mayor parte de la elite global contemporánea.

Esto me remite a la novela distópica Gog, de Giovanni Papini, que fue escrita en forma de diario en 1930. Casi al mismo tiempo, Aldous Huxley habló de la denominada “dictadura científica” que, en su novela, aboliría la familia y convertiría a los niños en propiedad estatal. Aldous Huxley era el hermano menor (díscolo y ético) de Julian Huxley, primer director de la UNESCO y padre del transhumanismo—un convencido de que la ciencia debe gobernar al hombre y destruir su naturaleza, de ser necesario, en aras del perfeccionamiento de la especie.

Esta parte del debate en apoyo a la ley, parece basarse en las mismas ideas que fundaron la International Planned Parenthood Federation (IPPF), la mayor red de clínicas abortistas del mundo, bajo la premisa de exterminar a los afroamericanos. Esto último se encuentra escrito con puño y letra por su fundadora, la “supremacista racial” Margaret Sanger, quien, a su vez, designó a William Gates Sr., el padre del magnate William Henry Gates III (mejor conocido como Bill Gates), como primer presidente. Dichas ideas son variantes del ‘malthusianismo’ de toda la vida, sólo que hoy se han transformado en un discurso dominante.

—No había escuchado hablar de ello. En años pasados yo apoyé el trabajo de la IPPF (incluso financieramente) por cuestiones ideológicas y dada mi convicción y total apoyo al derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo. ¿Por qué hablas de exterminio de los afroamericanos? ¿No será mejor decir que dado que ellos tienen una tasa de natalidad más alta, las facilidades de acceso a clínicas abortistas, reducirán eventualmente su representación en la población estadounidense? ¿Existen documentos que sustentan la afirmación de que Margaret Sanger es supremacista racial y que quería exterminar a los afroamericanos? ¿Es posible sustentar esta aseveración?

NM: Mire Guadalupe, el racismo de Sanger es tan contundente que la propia IPPF se vio forzada a admitirlo e intentar borrar su legado [véase: https://www.lavanguardia.com/vida/20200721/482462663944/planned-parenthood-retira-nombre-de-historica-feminista-por-legado-racista.html]. Lo cual por cierto me recuerda a la práctica estalinista de borrar de las fotos a los colaboradores purgados, también recogida por Orwell en 1984 y su poético Ministerio de la Verdad, tan similar a las ‘big tech’ (o grandes empresas tecnológicas) de hoy. Respecto a los afroamericanos, la frase concreta de la filonazi Sanger en referencia a este colectivo fue: “Debemos exterminar el peso muerto de la basura humana” [aquí la referencia: https://www.actuall.com/criterio/vida/exterminio-del-debil-lema-comun-planned-parenthood-nazismo/]. Saque usted sus propias conclusiones.

—Nicolás, ¿cuál es tu visión sobre la nueva ola de feminismo y sus manifestaciones dominantes hoy en día a nivel general?

NM: El feminismo de segunda ola expresado, por ejemplo, en la primer Cátedra de Estudios de Género—creada en 1959 en la Universidad de Berkeley a expensas de la Fundación Ford—buscaba convertir a las mujeres en consumidoras y contribuyentes. Hoy, según la edición mexicana de Forbes, el 70% de los gastos de consumo a nivel mundial son realizados por mujeres, razón por la cual ha de considerarse un plan exitoso [https://www.forbes.com.mx/la-importancia-de-entender-las-consumidoras/].

Gloria Steinem, una de las figuras estelares en este movimiento, no vaciló en admitir que trabajaba para el Centro de Investigaciones Independientes de la CIA [https://youtu.be/4HRUEqyZ7p8]. Curiosamente, la misma aseguraba—mientras sus empleadores masacraban aldeas vietnamitas—que “la guerra es cosa de hombres”. Steinem hoy se reúne a discutir sobre “empoderamiento femenino” con Meghan Markle, duquesa de Sussex, que representa a la realeza británica, revestida de corrección política. ¿Trump es la extrema derecha? Okay, entonces la extrema derecha también aboga, más menos comas y puntos, por lo mismo. Véase, por ejemplo, la gira de Ivanka Trump repartiendo fondos federales por las colonias sudamericanas, en pos del “empoderamiento femenino”. La propia palabra “empoderamiento” denota el trasfondo autoritario, y jamás emancipatorio, de esta lucha anacrónica que se cierne contra la abstracción arbitraria del “patriarcado”.

Entonces me pregunto: ¿A qué apunta el feminismo actual, un movimiento financiado unánimemente por todos los billonarios del mundo, acatado por los partidos políticos de todos los signos y ejecutado a través de leyes coercitivas en lugar de elecciones individuales? Pienso que apunta a enfrentar a la población entre sí: –Divide Et Impera– (“divide y vencerás”), es decir, lograr que una mitad de ella se identifique con la burocracia y el Estado, que reemplaza al marido en el esquema ideal del patriarcado—esto, por cierto, ha sido ferozmente discutido por historiadoras como la española María del Prado Esteban.

Este discurso ha llevado a justificar el encierro de disidentes como Julian Assange, denunciado falsamente de abuso sexual por, otra vez, una feminista vinculada a la CIA [véase https://www.genbeta.com/activismo-online/anna-ardin-la-mujer-que-ha-denunciado-a-julian-assange-por-violacion-una-agente-de-la-cia]. También se facilita la censura y todo tipo de avances despóticos contra los derechos fundamentales de las personas bajo el “loable” discurso de ‘evitar los femicidios’. Cabe destacar que todas las estadísticas oficiales demuestran que, pese a los infinitos recursos presupuestarios y el negocio billonario de ONGs asesoras de género, créditos específicos de los organismos multilaterales, etcétera, las muertes no dejan de aumentar.

Y eso por no mencionar que, en países como los nuestros, entre el 85% y el 90% de las víctimas de homicidio son hombres. Los hombres reciben condenas más altas que las mujeres por los mismos delitos. Asimismo, los hombres son la mayoría absoluta de los indigentes, de los suicidas y de los muertos por accidentes de trabajo, cuya esperanza de vida es menor porque les quedan reservadas las labores menos deseables de la sociedad, es decir, las que generan un mayor deterioro físico.

En suma, tenemos un relato victimista, mentiroso y simplista, como toda forma de colectivismo, impulsada desde el poder blando (de Netflix, por ejemplo), o directamente a punta de pistola. Esto jamás emancipará a nadie, ni debe confundirse, bajo ningún concepto, con una lucha popular. Un marxista ortodoxo entiende este fenómeno como el más perfecto ejemplo de “enajenación de rebaño”. Y, en este caso, le doy la razón.

—¿Cuál es tu visión sobre los principales movimientos indigenistas en tu país? Me interesa tu interpretación sobre el tema de la “rebelión mapuche” en la Patagonia argentina y en Chile. Sé que el foco del reciente conflicto mapuche del lado argentino tiene lugar en la región donde tú naciste. ¿Podrías también discutir sobre este tema a nivel general?

NM: Como en el caso del feminismo contemporáneo o los lobbies LGBT en sus versiones radicales, que han abandonado la noble lucha por la libertad de los homosexuales (objetivo concretado por el liberalismo) para abonarse al discurso victimista y la demanda de prebendas de las feministas, una parte significativa del movimiento indigenista se ha convertido en otra coartada identitaria.

En términos generales, y esto lo advirtió Herbert Marcuse, la izquierda perdió toda capacidad de representación de los trabajadores y se abocó al discurso identitario de minorías. Lo hizo con astucia, cinismo y sirviendo a intereses metacapitalistas—de los filántropos billonarios, de Bill Gates a Warren Buffet, de Mark Zuckerberg al amigo de AMLO, Larry Fink—que se definen a sí mismos como progresistas. Ellos compran el combo completo, desde el ecologismo catastrofista hasta el lobby indigenista; todo sea por terminar de abolir el capitalismo productivo en pos del tecnocapitalismo de energías renovables (dramáticamente caras y excluyentes), el fin del automóvil, del avión para la gente común y una suerte de regreso al medioevo, donde la miseria material imperaba y crecieron árboles donde existieron caminos y urbes. Todo ello con el agregado de que existe un Leviatán digital que absorbió la vida íntima, laboral, familiar y política de todas las personas. De eso se trata su negocio, y para que progrese es indispensable un suicidio colectivo a través de la confrontación tribal.

Resultan indiscutibles las atrocidades que cometieron los europeos en América, desde el extermino anglosajón a la aberrante mita, el yanaconazgo y el sistema de castas que impuso España, mal que les pese a los reinventados vendedores de espejitos de la mitología hispanista. Ojo, también son verdades históricas contrastables los terribles crímenes del Imperio Azteca o de los Incas, sobre pueblos menos sofisticados. Pero en todo caso, ¿qué clase de lógica o de ética puede extrapolar las culpas a través de generaciones, y pretender resarcir a los tataranietos mestizos, de las víctimas de Pizarro, Cortés o los pilgrims (padres peregrinos)?

Sólo a través de una abstracción delirante y de un victimismo exacerbado, elementos fundamentales de la moral hegemónica progresista, puede articularse un discurso que habilite a estas personas a saquear, atemorizar y eventualmente asesinar a sus congéneres de tez más clara, o inclusive a los mestizos, como ellos, que no comparten su ocurrencia histriónica. En Argentina, el conflicto mapuche reciente existe por acción deliberada de los últimos dos gobiernos, el de Mauricio Macri y el actual de Alberto Fernández.

Ante un puñado marginal de bandoleros que tomó por la fuerza tierras de altísimo valor inmobiliario y turístico (fundamentalmente en Villa Mascardi), el gobierno de Macri dibujó una suerte de organización terrorista a la altura de la ETA o las FARC, cuando se trataba en un principio de dos docenas de inadaptados. En la represión ordenada por la hoy ex ministra de seguridad, Patricia Bullrich, murió uno de los ocupantes, y en lugar de desalojar a los demás se siguió la lógica de la falsa bandera, de la espectacularidad mediática, del “enemigo interno” necesario para solidificar la base de un gobierno en crisis que traicionó en todo sentido a su base electoral.

En consecuencia, se creó el fantasma de la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM), que ahora azuza todo delincuente por más que no corra una gota de sangre mapuche en sus venas, con tal de robar lo que no es suyo impunemente. Terminada la gestión de Macri, viene la de Fernández que se comporta como una auténtica dictadura que concentra la suma de poderes públicos so pretexto de la pandemia. Ésta ha profundizado la crisis heredada a un récord impensable, y ha empobrecido también a sus votantes como ningún otro gobierno en la historia reciente de Argentina.

¿Qué condimento le agrega al conflicto mapuche? La complicidad absoluta, desde retórica hasta fáctica. La actual ministra de seguridad, Sabina Frederic, no sólo permite el intento de homicidio contra pobladores locales por parte de los delincuentes, sino que se atrevió a denunciar penalmente a los vecinos que se movilizaron, indignados, contra semejante escalada de violencia. Esto se hizo aparentemente con el afán de mantener el relato populista y demagogo de un gobierno arrodillado a los lobbies corporativos, endeudado hasta el tuétano, que incumplió todas y cada una de sus promesas de campaña.

El asunto en Chile es mucho más profundo y la violencia es grave. La Coordinadora Arauco-Malleco o CAM sí existe, tiene entidad y armas; cuenta con asesoría de los terroristas jubilados de Sendero Luminoso y le hace frente a los feroces carabineros, en una pugna por recursos naturales donde definitivamente existen intereses depredadores subyacentes.

En caso de que las administraciones argentinas sigan inflando este fenómeno, por conveniencia particular y espuria, al cabo de unos años podría replicarse la situación que hoy se vive en Chile—donde, de más está decir, también hay un mandatario inquieto que busca mover el foco de la atención de su propia ineptitud.

Nicolás, he estado estudiando este fenómeno recientemente y me atacaron brutalmente por reportar, de manera muy preliminar, el trabajo u opinión de otros [algunos no exentos de fuerte controversia]. Sin embargo, existe amplísima documentación sobre lo que tú señalas [contenida en artículos periodísticos como este: https://www.infobae.com/opinion/2020/09/07/mapuches-de-papel-un-negocio-ilicito-basado-en-una-tergiversacion-historica-que-el-gobierno-avala/, y en una multitud de testimonios de víctimas de este conflicto; aquí toda la cobertura de Infobae sobre el conflicto Mapuche en Argentina para los interesados: https://www.infobae.com/tag/conflicto-mapuche/]. Si algún extranjero o persona que no conoce la región donde naciste decide refutar lo que dices, los invito hacerlo sin banderas ideológicas o argumento sentimentales y a que presenten todas y cada una de sus pruebas. Dada la virulencia de conflictos como este y disputas territoriales que ponen en jaque a comunidades enteras, la superioridad moral y la corrección política de occidente, sin presentar evidencias fehacientes, resultan inaceptables.

Preparo un extenso trabajo bien fundamentado y documentado sobre el tema que va mucho más allá de una breve columna de opinión y cuya elaboración llevará meses o años. Reconozco la lucha de los pueblos indígenas y la brutal explotación y despojo de los que han sido objeto a lo largo de su historia. También apoyo y me solidarizo completamente con las luchas legítimas de los pueblos originarios por sus derechos. Algunos mexicanos somos parte de esta misma lucha. Sin embargo, reconozco también la presencia de actores e intereses que infiltran o manipulan de manera flagrante algunas de estas movilizaciones. La romantización del fenómeno por quienes no conocen del tema—o por quienes se benefician política o materialmente de distorsionar la información apelando al discurso indigenista—es peligroso y violenta los derechos de los pueblos originarios mismos y de poblaciones enteras que nada tuvieron que ver con los despojos ancestrales.

—Finalmente, ¿cuáles son tus principales preocupaciones y las principales amenazas a la libertad que vislumbras en la era actual? Quizás podrías hablarnos de la “crisis sanitaria” del COVID-19 y los principales actos de censura por parte de los grandes medios de comunicación y las megaempresas tecnológicas como Apple, Google, Twitter, Facebook y Microsoft.

NM: Los Liberales entendemos que la lucha debe librarse contra y no desde las instituciones dominantes, y así lo trasmitimos. Ponemos el foco en el individuo, en la resistencia personal y colectiva contra todo aquello que una élite de canallas pretende imponernos bajo el pretexto mesiánico de “nuestro propio bien”, en un ejercicio clásico de Ingeniería Social.

La epidemia del COVID-19—cuya existencia es tan innegable como su tasa de mortalidad—sirvió de pretexto para inocularnos un virus mucho peor. Este virus ha supuesto la transformación (y en muchos casos destrucción) violenta de nuestro modo vida, de la libertad de tránsito, incluso de nuestros últimos reductos de libertad de pensamiento y expresión, hoy amenazados por la más pura violencia estatal y policíaca. Dicha violencia es protegida, a su vez, por un discurso hegemónico que las corporaciones farmacéuticas articulan desde la censura previa de sus socios de Silicon Valley en Facebook, Twitter o el propio YouTube. El terrorismo sanitario nos condujo en cierta forma otra vez al oscurantismo medieval: sin caminos, con libros y palabras prohibidas por algoritmos.

Eminentes científicos, desde el Premio Nobel de Medicina, Luc Montagnier, hasta el prestigioso epidemiólogo Mario Borini, han sido proscriptos por magnates de la filantropía como Bill Gates, quienes innegablemente lucran imponiendo la aplicación de vacunas que no cumplen con las fases mínimas de bioseguridad [según lo hemos constatado en múltiples investigaciones] o una digitalización forzosa vía restricciones injustificables a la circulación de personas. Digo todo esto sin ahondar en la génesis de esta crisis sanitaria, cuya articulación por parte de los ganadores objetivos del caos está ampliamente documentada por nosotros [véase: https://youtu.be/IZ5mVx8Jb4g] y por muchos otros.

YouTube elimina taxativamente cualquier contenido que cuestione las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el ministerio de salud del gobierno del mundo. Esto incluye los testimonios del ex-director del Programa Mundial de Medicamentos, Dr. Germán Velázquez, quien denunció con fundamentos cómo la financiación corporativa privada de este organismo internacional terminó modelando sus políticas, no en virtud de la salud pública, sino de los espurios intereses de sus financistas [véase https://cadenaser.com/ser/2016/06/16/sociedad/1466079742_072124.html].

Utilizando los propios estatutos oficiales de la OMS o revisando cuidadosamente estudios publicados en prestigiosas revistas científicas como Nature y Science, es posible refutar algunas ideas básicas sobre la Pandemia y cuestionar la seguridad de las vacunas lanzadas en tiempos impensables. Sin embargo, el control informativo que ejercen las grandes empresas tecnológicas o ‘big tech’ no nos permite continuar esta línea de investigación—poniéndonos a la altura de blogueros anti-vacunas o amantes del dióxido de cloro, sin fundamento alguno. Al final del día, las plataformas hegemónicas de “verificación de hechos” (fact check) no son más que una etiqueta elegante para disfrazar el más férreo e impiadoso control político de la información del que se haya tenido conocimiento.

—Nicolás, muchas gracias por compartir tu visión con respecto a estos temas tan complejos que ciertamente dividen a la sociedad de manera categórica. Te confieso que con respecto al tema de la crisis sanitaria no sé qué pensar. No soy una experta en este tema y no me he dado a la exhaustiva tarea de investigar con todo detalle sobre el mismo como ustedes. Yo he sido a lo largo de mi vida muy disciplinada y obediente. Reconozco mi conocimiento extremadamente limitado sobre la salud pública en el contexto actual y admito el temor que me causa este virus que para algunos representa la muerte.

Preferí obedecer pues tengo miedo; decidí auto-censurarme. A pesar de lo anterior, también tengo dudas razonables (como muchos de nosotros) sobre el origen y el manejo de esta gran crisis mundial. No creo en las narrativas hegemónicas como dogma, y reconozco que en todo proceso de este tipo existen grandes intereses y las decisiones las toman sólo unos cuántos—aquellos que tienen acceso al poder político y económico transnacional, y los “expertos” que ellos eligieron. También, en medio de una gran crisis económica y de salud mundial, es de mi conocimiento que sólo una pequeñísima minoría de actores se ha beneficiado de forma estrepitosa, lo cual me parece no sólo inaceptable, sino repugnante y ofensivo. Las compañías farmacéuticas, las big tech y algunos metacapitalistas (con nombre y apellido) son los claros ganadores de esta enorme crisis inesperada y cuyo manejo corre por su cuenta directa o indirectamente.

No obstante mis creencias, mis miedos, mis filias y mis fobias, respeto absolutamente la total libertad del otro para expresar y defender sus propios juicios (a partir de investigaciones independientes serias) con respecto a esta crisis sanitaria y económica en el mundo. Así como apoyo la total libertad de las mujeres para decidir sobre su cuerpo y la de todos los seres humanos de identificarse como mejor les parezca (sin exigir a otros esa misma identificación por el respeto a la libertad ajena), y de unirse (o desunirse) con (o de) quien quieran y como quieran, también apoyo fundamentalmente la libertad de expresión.

Mi impresión es que en la presente era, la censura es cada vez más atroz; también detecto un posible intento por imponer una narrativa única. Parece ser que en la era del COVID 19 se han facilitado estos procesos. Nicolás, valoro tu opinión (aunque a veces difiera de la mía) y admiro enormemente tu valentía para defender lo que piensas a cualquier costo. Rechazo categóricamente cualquier intento de censura, y específicamente aquella que se ejerce por parte de las grandes compañías tecnológicas y otros actores de enorme poder económico transnacional (y por lo tanto político). Aunque he sido disciplinada hasta el momento y tiendo a cumplir con las reglas, me resisto a aceptar que un número demasiado reducido de personas y empresas poderosísimas decidan los destinos del mundo y nuestra selección de contenidos informativos.

Finalmente pienso en algo que te escuché decir la otra vez y que me hizo reflexionar profundamente. Entendí que si queremos ser libres no debemos ser obedientes. El camino a la servidumbre es el camino de los cobardes que se autocensuran y deciden no cuestionar las narrativas hegemónicas a través de una lucha constante. Nuestra libertad está en juego y está en nuestras manos. Pensando en esto, me gustaría cerrar el presente texto con una cita que te escuché mencionar en una ocasión—contenida en un pasaje de la novela de Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote de la Mancha. Me refiero a la frase que menciona Don Quijote cuando “se vio en la campaña rasa, libre y desembarazado de los requiebros de Altisidora”. Aquí va la frase del Ingenioso Hidalgo sobre “la libertad”:

La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. Digo esto, Sancho, porque bien has visto el regalo, la abundancia que en este castillo que dejamos hemos tenido; pues en mitad de aquellos banquetes sazonados y de aquellas bebidas de nieve me parecía a mí que estaba metido entre las [estrecheces del hambre], porque no lo gozaba con la libertad que lo gozara si fueran míos, que las obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes [recibidas] son ataduras que no dejan campear al ánimo libre. ¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo!

—Don Quijote de la Mancha