"Tomando esto en cuenta, las mayores víctimas de la inequidad de género necesitan estar muy bien organizadas para resistir los efectos adversos del paro, y sin dirección ni organización, puede resultar peor para ellas". Foto: Andrea Murcia, Cuartoscuro

“Tomando esto en cuenta, las mayores víctimas de la inequidad de género necesitan estar muy bien organizadas para resistir los efectos adversos del paro, y sin dirección ni organización, puede resultar peor para ellas”. Foto: Andrea Murcia, Cuartoscuro

Para quienes aprendimos a pensar en escenarios posibles y comprender el siglo XXI mediante la lógica aristotélica resulta imposible definir el amor, el derecho y, ahora, el paro feminista del 9 de marzo.

Si se quiere alcanzar una definición a través de la lógica aristotélica debemos primero encontrar el género próximo y posteriormente su diferencia específica; para encontrar el género próximo, debemos agrupar diversos fenómenos similares entre sí y determinar su universo y sus límites, lo que nos permitiría analizarlo en busca de sus causas u objetos ontológicos. Así que ¿cuál es el género próximo del 9M?

¿Es una protesta? ¿Una demanda? ¿Un acto de presión? ¿Una demostración de fuerza? ¿Una confrontación? ¿Un acto revolucionario? ¿Un grito de rabia? La lógica aristotélica no me permite ubicar el grupo donde se ubica este paro, es todos y ninguno a la vez.

Siguiendo con la lógica aristotélica, todo movimiento social que causa perjuicio económico o político al país, a las empresas, gobernantes o instituciones tiene un adversario al cual busca golpear o debilitar, así que el 9M, ¿contra quién es? ¿Contra los hombres como género? ¿Contra el Gobierno? ¿Contra los dueños del capital, los machistas, los feminicidas o los violentos hacia las mujeres? Sin poder responder esta interrogante aún, debemos continuar.

Debemos también identificar a un dirigente, pues todo movimiento social de esta envergadura debe tener una dirección, que normalmente sería colectiva y con la capacidad para decidir las estrategias y tácticas del movimiento, y que pueda negociar los alcances del impacto social, económico y político del mismo, pero ¿quién lo dirige?

Si la dirección es política, puede ser de tinte progresista, conservador o restaurador (para no decir reaccionario) y debe también tener clara su demanda política (la renuncia o reconocimiento de algún funcionario o espacio de poder, con el objetivo de consolidar algún partido político), pero no tenemos alguno de los dos.

También hace falta un pliego petitorio; soy veterano del 68 y en aquella época estremecimos al país con un pliego petitorio, tal vez ingenuo, que exigía democracia y libertad política, fue por esto que Díaz Ordaz prefirió la represión homicida a reconocer al Comité Nacional de Huelga y llegar a un acuerdo. En esta ocasión no encuentro algo similar ni lo puedo puntualizar, ni veo con quien se pueda abrir el diálogo que Díaz Ordaz nos negó.

Tomando esto en cuenta, las mayores víctimas de la inequidad de género necesitan estar muy bien organizadas para resistir los efectos adversos del paro, y sin dirección ni organización, puede resultar peor para ellas; imaginen a las miles de amas de casa casadas con un macho, diciéndole que están en paro y que no prepararán el almuerzo, o a las obreras que deberán enfrentar al patrón que las amenazará con descontarles el día de sueldo y el bono de asistencia, ¿qué tal las empleadas de comercio minorista, cómo van a decirle al dueño de la tienda que no van a abrir porque están de paro? O las mujeres que trabajan en la informalidad, ¿cómo recuperarán el ingreso no obtenido ese día, si para ellas es lo único que tienen?

Finalmente, a riesgo de ser criticado ferozmente, ¿qué sucederá con el gran número de mujeres que trabajan para el crimen organizado, o que dependen de los narcotraficantes? ¿Qué les pasará si se unen al paro del 9M? Por todo esto, la lógica aristotélica me impide entender el paro, así que tendré que arriesgarme a una hipótesis propia.

El género próximo lo ubicaría en un amplio grupo de mujeres conscientes y libres para decidir parar su trabajo y negociar con su pareja la nueva división de la labor doméstica; ese gran grupo de mujeres ya han conquistado su libertad y pretenden que esas libertades y condiciones de vida se extiendan al resto de las mujeres, además de mejorar las propias.

Casi todas estas mujeres trabajan en el Gobierno, las universidades, la política o en los medios, y de alguna u otra manera no están vinculadas directamente con la producción privada de bienes y servicios.

Sin embargo, en el género hay diferencias específicas y encontrarlas es lo que nos permitirá comprender el concepto; en ese gran grupo de mujeres están las auténticas feministas que pretenden demostrar la verdadera importancia de la mujer en México, pero también están aquellas que antagonizan a Andrés Manuel López Obrador y al Gobierno actual. 

Ellas, en el fondo, no se atreverían a convocar a un paro nacional de verdad, que detuviera la economía del país, porque su interés es demostrar que el régimen debe cambiar, sin esperar a que termine su periodo; ellas son profundamente antidemocráticas e incapaces de hacer el trabajo político necesario para tomar la Presidencia en 2024.

Encuentro una tercera diferencia específica, un gran grupo de mujeres que sí trabaja en el Gobierno o alguna universidad, y que aprovechará el puente inesperado para salir de viaje, de compras o tan sólo a disfrutar el día.

Todas ellas tienen libertad de hacer con su día libre lo que quieran y al Gobierno, que es el único que representa a México, y a los empresarios sólo les quedará controlar los daños, disminuyéndolos lo más posible, mientras los funcionarios establecen el diálogo sincero y honesto con sus subalternas, y a los dueños de los medios de producción, que al parecer se salvarán, les corresponderá poner sus barbas a remojar.

Creo que al final Aristóteles me ayudó a comprender el paro, pero su lógica suele fallar frente a sistemas más complejos y modernos, porque, a fin de cuentas, su pensamiento era patriarcal.