La paralización de la industria por los apagones y la escasez de gas natural registradas la semana pasada ha sido sólo una muestra de lo que puede continuar con la reforma a la Ley de la Industria Eléctrica, advirtieron empresarios.

Ciudad de México, 25 de febrero (SinEmbargo).– Debilitado por la crisis sanitaria y económica, el sector industrial fue doblegado con los recientes apagones y la escasez de gas natural importado de Estados Unidos. Las cámaras empresariales calculan que la restricción en las operaciones e intercambio comercial por los cortes generó pérdidas de al menos de 18 mil millones de pesos. La reforma a la Ley de la Industria Eléctrica, que aseguran pone en jaque al sistema eléctrico, sería su tiro de gracia.

“La promesa presidencial es que no va a haber más apagones. Pero es falso. La Comisión Federal de Electricidad (CFE) no tiene la capacidad para satisfacer la demanda eléctrica que absorberá de los privados desplazados”, dijo Óscar Ocampo, coordinador de Energía en el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). “El problema no son las energías renovables, sino la subinversión en la red de transmisión eléctrica. Y, al aprobarse esta reforma, se agudiza la subinversión en la transmisión (causa del primer apagón) y la nula inversión en almacenamiento de gas natural (causa del segundo apagón)”.

La semana pasada, cuando la región norte registró apagones en medio de nevadas, el Consejo Nacional de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación (Index) informó sobre la afectación de las operaciones de dos mil 600 empresas industriales con daños colaterales a 1.3 millones de familias. Los paros parciales o totales de sus 800 fábricas generaron pérdidas por 200 millones de dólares cada hora, el equivalente a lo que costó el avión presidencial que el Gobierno federal no ha logrado vender.

Luego los cortes rotativos por falta de gas natural se extendieron a más de 20 estados con los respectivos paros técnicos en empresas como las plantas automotrices de General Motors, KIA, Volkswagen, Ford, Nissan y Audi; Altos Hornos de México (AHMSA), así como asociaciones industriales locales en Nuevo León, Chihuahua, San Luis Potosí, Puebla, Jalisco, Guanajuato, entre otros.

La economía de México, dijo el economista del ITAM Víctor Gómez Ayala, depende de la producción de manufactura y automotriz, que ha sido el motor en la recuperación económica de junio a la fecha. Pero, al cancelar las asociaciones público-privadas para la inversión en líneas de transmisión, las rondas de licitación para explotar hidrocarburos y los proyectos de almacenamiento de gas natural, entonces “quedas en el fondo del mar”.

“¿De qué depende la generación de manufactura? De la generación de electricidad. La incertidumbre generada alrededor del insumo básico de producción se traslada a la inversión. Y ahí sí hay un efecto que no será menor para nuestra economía”, previó.

Sin embargo, la implementación de esta reforma tardará de seis meses a un año por la serie de amparos que eventualmente llegarán a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), cuyos ministros tendrán que pronunciarse sobre su constitucionalidad, planteó Monserrat Ramiro, excomisionada de la Comisión Reguladora de Energía (CRE). “En cuanto esté impugnada no podrá entrar en efecto, lo cual provoca que seguiremos teniendo las dudas sobre las consecuencias”, dijo.

“NO ES MOMENTO PARA EL AUTOSABOTAJE”

El Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) han expuesto que la reforma a la iniciativa de la Ley de la Industria Eléctrica, al obstaculizar la competencia entre generadoras y despachar primero energías más caras y contaminantes, se traducirá en un aumento a las tarifas hasta en un 17 por ciento y por ende al precio de los productos y servicios, así como en un mayor costo fiscal por subsidiar a la CFE para que abarque la demanda.

“Implica más fallas en el sistema y apagones en el futuro. Nuestra nación enfrenta una severa crisis económica. No es momento ni se enfrentan las condiciones para darnos el lujo de impulsar leyes que autosaboteen a México”, planteó la Coparmex en un comunicado.

Por la pandemia se registró una caída histórica del PIB de 8.5 por ciento en 2020, el cierre definitivo de más de un millón de negocios y la pérdida de casi 600 mil empleos. Y, lamentó, la lenta recuperación este inicio de año se vio comprometida por los recientes apagones que afectaron a 23 entidades.

Trabajadores de una maquila de Tijuana hacen fila para ingresar. Foto: Cuartoscuro.

Plantas automotrices como la de VW en Puebla pararon operaciones. Foto: Cuartoscuro.

Además de las pérdidas de más de 18 mil millones de pesos por la semana de cortes intermitentes, la Coparmex alertó de afectaciones al 80 por ciento de las maquiladoras y sus trabajadores, y a pequeños y medianos emprendedores que apenas estaban reactivando sus labores tras la restricciones por los semáforos rojos regionales.

El Consejo Coordinador Empresarial, que tiene como asociados a la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin) y a la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco), expresó desde el apagón del 28 de diciembre que la demanda eléctrica aumentó un 30 por ciento en la última década por lo que para evitar futuras fallas en la red eléctrica se necesita aumentar la inversión en una mejor infraestructura de transmisión.

Luego del segundo apagón en la región norte que se expandió a nivel nacional, reiteró la urgente necesidad de mejorar la infraestructura y permitir que en el país haya competencia en generación de energía para asegurar abastecimiento y tarifas bajas para los usuarios.

“FUE UNA RAYA MÁS AL TIGRE”

Entre cacerolazos y manifestaciones, la industria restaurantera y de alimentos pidió auxilio: #AbrimosOMorimos. Unos 90 mil restaurantes ya cerraron sus puertas de forma definitiva a un año de la pandemia. Aunque el 80 por ciento restante sigue luchando sin apoyos gubernamentales, la mayoría se dice en la ruta directa hacia la quiebra, alertó la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes (CANIRAC).

El grito de desesperación por el riesgo de perder empleos fue escuchado. En el Valle de México se les permitió reabrir a mediados de enero bajo la condición de cerrar a las 10 de la noche y dar el servicio al aire libre, lo que orilló a muchos restaurantes a sacar las mesas incluso en los estacionamientos o pasos peatonales. Pero un 40 por ciento de los establecimientos de la Ciudad de México no logró abrir con esos requerimientos y sigue atendiendo solo a domicilio.

Aún convalecientes y con la limitante de solo el 20 por ciento de aforo al interior, les llegó el segundo apagón. “Fue una raya más al tigre”, dijo el presidente de CANIRAC, Francisco Fernández. “Pegó para quienes usan más gas como en Ciudad Juárez o Saltillo. Después de estar tanto tiempo con cierres y reaperturas, cualquier cosa que reduzca las ventas nos pega”.

A inicios de enero los trabajadores de restaurantes se unieron para exigir poder abrir o, de lo contrario, quebrarían. Foto: Cuartoscuro.

Comensales en un restaurante al aire libre en Toluca, Estado de México. Foto: Cuartoscuro.

No obstante, Fernández planteó que el daño mayor sigue siendo la falta de certidumbre entre aperturas y cierres a la par del Semáforo Epidemiológico. Pese a la reapertura al aire libre en el Valle de México, asegura que la tendencia sigue mal por los horarios y aforo restringidos.

“Las nuevas reglas son bastante complicadas de aplicar. Vamos a continuar presionando a la autoridad para que nos permita abrir mínimo al 30 por ciento del aforo”, aseguró el presidente de la CANIRAC.