Santorini (2020) es, ante todo, la correspondencia ininterrumpida entre dos amigos a lo largo de los años. Quien lea este libro-mapa de viaje detenidamente, encontrará en él un referente simbólico del amor perdido o devenido en abandono y salvación.

Ciudad de México, 25 de febrero (SinEmbargo).- Santorini (2020) es, ante todo, una correspondencia entre dos amigos interrumpida a lo largo de los años, como si estos hubieran emprendido un viaje de infinitas millas náuticas hace siglos hasta llegar al otro.

Entendido como un libro de poemas, cuyo núcleo, cuyo punto de referencia es la isla griega Santorini, que, al visitarla en 2011, detonó una crisis existencial para Ana Jimena Sánchez, a lo largo de los años de los que dan cuenta los poemas se torna, de ser un lugar geográfico, en una imagen, un referente simbólico del amor perdido o devenido en abandono y salvación a la postre.

Todo aquel que lea este libro-oratorio-cuadernillo-mapa de viaje detenidamente, sin mayor pretensión, con la simpleza que su propia enunciación exige, encontrará en él el registro de un mapa sobre la amistad, de la subsistencia humana frente al dolor y la desgracia, de la confirmación de aquello que dijo en sus días John Donne: “Ningún hombre es una isla”.

La isla como lugar geográfico es, en santorini, de Pablo Piceno y Ana Jimena Sánchez, el testimonio de la coexistencia en el mundo, de la cohabitación.