“Al funeral asistió la mayor parte de la comunidad, así como sus familiares y amigos. Yo no asistí, estuve en mi casa reflexionando sobre el asunto”, escribe Miguel Ángel Santos Ramírez. Aquí La máquina increíble, su texto. 

Por Miguel Ángel Santos Ramírez 

Ciudad de México, 25 de abril (SinEmbargo).– Hace algún tiempo conocí a una mujer que construyó una máquina increíble. Era una computadora capaz de analizar cualquier problema de cualquier tipo y darle una solución, en caso de que la tuviera. Con esa máquina, la mujer solucionó varios problemas de su comunidad tales como el desempleo, la delincuencia, la mala educación, la violencia, entre otros. La gente la admiraba y respetaba por su gran hazaña.

El tiempo pasó y hace un mes la mujer cayó en depresión. Su estado emocional empeoró gradualmente. Llegó un punto en el que no soportaba más la situación y decidió plantearle sus problemas a la máquina. La máquina no arrojó ningún resultado; mostraba lo mismo que hubiera mostrado ante un problema filosófico como la naturaleza del ser: “No es posible proponer una solución”. La mujer, harta de todo, destruyó la máquina y se dio un tiro.

Al funeral asistió la mayor parte de la comunidad, así como sus familiares y amigos. Yo no asistí, estuve en mi casa reflexionando sobre el asunto. Pensaba en la mujer y su máquina; aún lo hago. Sigo sin comprender quién programó a quién.