En estos cuentos, Lucía Berlín realiza una cáustica celebración de ser mujer, de estar sola y de sentir que después de haber vivido todas la calamidades del mundo, ya nada puede detenerte. La humanidad y ternura con la que delinea a sus personajes marca un estilo literario que la coloca entre las más inusitadas exponentes del relato breve americano.

La vida de Berlin fue extravagante e itinerante. Además de habitar 33 casas, tuvo una vida amorosa turbulenta que incluye dos divorcios y cuatro hijos. Trabajó como asistente médico, como mujer de la limpieza y como maestra, todo para mantener a sus hijos. Ah, cuando podía, escribía.

Por América Gutiérrez Espinosa

“…como si esta fuese la última carta que me queda por jugar, arreglar las cosas a base de intentar no ser mezquina, no sentirme culpable o abatida …”
Lucía Berlin

Ciudad de México, 25 de abril (LibreríasElSótano).- En Abril de 2016 llegó a mis manos la primera edición de Manual para mujeres de la limpieza. En aquella época trabajaba para un grupo editorial que recién se había hecho del legendario sello literario Alfaguara; esa portada salmón chillante con la llave de un motel americano al centro, venía incluida en el paquete editorial que se había adquirido, sin imaginar que su contenido era cínico, rebelde, alcohólico y que en pocas palabras, era poseedor de todas cualidades de los libros que permanecen en tu vida.

Esa primera lectura de Lucía Berlín, fue una cáustica celebración de ser mujer, de estar sola y de sentir que después de haber vivido todas la calamidades del mundo, ya nada puede detenerte. La humanidad y ternura con la que delinea a sus personajes marca un estilo literario que la coloca entre las más inusitadas exponentes del relato breve americano.

La mayoría de sus protagonistas son madres solteras o solitarias, que enfrentan al mundo con determinación, aunque siempre estén exhaustas y que su único consuelo sea el consumo etílico nocturno después una larga jornada de trabajo o de arrullar a sus pequeños.

Hace unos días terminé su tercera publicación en español: Bienvenida a casa y entendí que Berlin tomó prestado mucho material de su propia vida y además lo hizo en forma insolente y libre. Incluso contagiaba a sus personaje de las enfermedades que sufrió a lo largo de su vida como la escoliosis crónica que padeció desde que era una adolescente.

Todas estas historias, insólitas o ruinosas, son episodios que en mayor o menor medida recopiló desde su infancia, durante los oscuros días de invierno en Alaska, como el episodio donde cuenta sobre aquella tarea de empapelar con revistas una covacha. En ella, mezcló páginas para que las posibilidades de lectura en ese espacio se volvieran infinitas. Cada vez que terminaba una página, tenía que inventar la continuación o el desenlace. Iba y venía dentro de aquel cuarto, cuando agotaba las posibilidades, volvía a tapizar con más páginas en aleatorio y ese ejercicio fue su primera gran lección de literatura.

La vida de Lucía Berlin fue extravagante e itinerante, además de inteligente era una mujer considerablemente bella, con una vida amorosa turbulenta que incluye dos divorcios y cuatro hijos. En sus cartas, es notorio que aunque estaba rodeada de gente, vivió periodos de profunda soledad, en los que daba cuenta de que las historias mejoran cuando se fracturan, cuando hay una herida grave que amerita una intervención, no para curarlas, sino para evitar la catástrofe.

Bienvenida a casa es el testimonio de una vida nómada, de una curiosa lista de los problemas de las 33 casas en las que vivió, de pasar un buen rato al volante de una combi Volkswagen entre El paso, Nueva York, México y Guatemala. Además, trabajó como asistente médico, como mujer de la limpieza y como maestra, todo para mantener a sus hijos, sobra decir que cuando podía escribía.

Si nos ponemos rigurosos podríamos colocar la narrativa de la autora de Una noche en el paraíso en lo que ahora se llama metaficción o autoficción. Pero al mirar con atención, Berlín escribía sin el privilegio de la ironía, escribía acerca de lo que le preocupaba, de su día a día, sus historia son incontenibles porque ella se desbordaba de realidad, sin medir que tan peligroso podía ser tocar tal o cual tema en los años 60, sobre todo, viniendo de la prosa de una dama singular.

En Bienvenida a casa, percibimos los sonidos y los humores de los lugares y la gente que amó y los que no tanto. Hay detalles sensoriales que nos permiten cambiar de escenarios y personalidades, pero entre lo desopilante y la risa que nos causa voluntaria o involuntariamente una escena llena de sangre o un comentario descarado, ahí, exactamente ahí, es donde se percibe la desesperación y la melancolía.


América Gutiérrez es Coordinadora de contenidos de Librerías El Sótano. Ha trabajado para Discovery Channel LANat GeoA&E, IMER y Penguin Random House. Siempre se pregunta: ¿en qué se parece un cuervo a su escritorio? Actualmente estudia las leyes que rigen las excepciones.