Roger Bartra. Foto: Isaac Esquivel, Cuartoscuro.

El intelectual en comento, desde enero de este año, propagó que publicará un libro intitulado Regreso a la jaula: El fracaso de López Obrador, con el cual, en su prefacio, dice, se “trata de explicar de manera sencilla la compleja situación que vive México bajo la férula de un poder populista”.

Lo leí de pies a cabeza. Me llamó en especial el capítulo 3 intitulado “Sorpresas y rarezas” de las elecciones presidenciales de 2018, las cuales son muy similares a las que los intelectuales orgánicos de la derecha promueven ahora en las elecciones intermedias del 6 de junio de 2021, las cuales –al igual que las anteriores– nada tienen que ver con la “intelectualidad” que se supone se dedica al estudio y la reflexión crítica sobre la realidad, no a promover los intereses de las clases a las que sirven.

Eso sí, Roger Bartra divulga sus ideas con la pretensión de influirlas de nuevo a la opinión pública con la finalidad de recuperar su estatus de autoridad intelectual, que tiempos atrás, le reconocimos y aplaudimos.

No por nada se incorporó como editorialista al periódico Reforma y la revista Letras Libres dirigida por Enrique Krauze que, como es de dominio público, es un fúrico y grotesco “intelectual orgánico” de la corriente de derecha.

Lo que me sorprende más de ese viraje de su ejercicio intelectual es que se haya enfocado radicalmente en lo electoral, sin ser un experto político, en contra del Presidente de la República (AMLO) al que califica absurdamente ya no sólo de “populista” sino también de “derechista”, y al PAN de un “partido liberal” “ligeramente de izquierda”.  

En las elecciones presidenciales de 2018, en sus artículos del periódico Reforma, daba por descontado el triunfo de los candidatos presidenciales del PRI y Morena –el “tecnócrata” José Antonio Meade Kuribreña y el “populista” Amlo— y daba por hecho que el panista “liberal” Ricardo Anaya, con el apoyo del “Frente” integrado por el Partido de la Revolución Democrática y Movimiento Ciudadano, sería el elegido.

Periodísticamente difundía también insólitas reseñas del proceso electoral. La más grotesca fue la de considerar que pese al creciente porcentaje electoral a favor de López Obrador patentado por las encuestadoras no iba a ganar, “pues una masa social muy grande no está siquiera interesada en el funcionamiento del sistema político y poco le importan las elecciones. A veces nos olvidamos de que las inquietudes políticas están poco extendidas en México. Otros problemas son más agobiantes y para muchos la imagen del mañana no incluye la cara adusta o los discursos aburridos de los líderes políticos”.

Le salió el tiro por la culata. Para sorpresa de él y sus “intelectuales orgánicos” afines a la derecha, esa “masa social muy grande”, a la que insultó calificándola de desinteresada e ignorante, fue la que más aportó a los 30 millones de votos (53.19 por ciento), que dieron el triunfo a López Obrador y no al “canalla” de Ricardo Anaya, a quien promocionaba reiteradamente en sus artículos en Reforma.

No le quedó de otra más que reconocer que no comprendió bien “la enorme fuerza que estaba adquiriendo el desencanto (el triunfo de Morena). “Me parecía que aun siendo muy amplio el desaliento especialmente en los sectores intelectuales y en las clases medias, no llegaría a invadir masivamente a la ciudadanía”.

“Mi entusiasmo por la creación de un nuevo frente compuesto por el PAN, el PRD y el MC me hizo pensar que esta sorpresiva alianza podría frenar al populismo” (Uff).

No obstante, “se lavó las manos de su desilusión”, acusando a Margarita Zavala de haber abandonado el partido y postularse como candidata independiente, lo cual, dijo, “produjo una ruptura en el PAN y en consecuencia un fragmento conservador y cercano al PRI”.

Y no solo eso. Sin fundamento alguno acusó también al “gobierno priista” de haber hecho todo lo posible para evitar que cristalizara el Frente. “Pareciera indicar que el candidato del Frente, Ricardo Anaya era mucho más temido que el candidato de Morena”.

Concluye su leyenda con un absurdo colosal_ “Ahora observamos un extraño fenómeno: tanto el PRI como Morena se corren a la derecha, mientras que el PAN se mueve ligeramente hacia la izquierda (sic)”.

Pero eso no fue todo, agregó que: “El gobierno de Peña Nieto había decidido que el candidato del Frente era mucho más peligroso para el PRI que el líder de Morena. Por ello el gobierno priista decidió hundir a Ricardo Anaya, algo que logró más adelante cuando la procuraduría lo acuso de corrupción, una maniobra completamente sucia, pero dejó mal herido al candidato del Frente…”

Aquí estaba la clave de lo que soterradamente estaba ocurriendo: el gobierno priista fue abriendo las puertas para un triunfo de López Obrador… con tal de evitar la llegada del candidato del Frente a la presidencia”

¡Hágame usted el favor!

El regreso a la Jaula, de Roger Bartra, sí que es un ejercicio intelectual de la derecha, colmado de absurdas y ridículas “sorpresas y rarezas” del triunfo de López Obrador, las que –ténganlo por seguro–, volverá a repetir en el proceso de las elecciones intermedias que han iniciado y, seguramente también, en la revocación del mandato del Presidente el próximo año.

Veremos y diremos que más “sorpresas y rarezas” va a sacar de las mangas, este mago de la intelectualidad orgánica de la derecha, en las elecciones intermedias en curso de este año.