“Viví en una familia atípica en la que mis papás nos educaron igual a hombres y mujeres. Nos hicieron creer que éramos iguales. Digo que nos hicieron creer porque cuando salí de mi casa y me fui a la Ciudad de México, me enfrenté al mundo laboral y universitario y me di cuenta que no era cierto: no teníamos las mismas oportunidades”, contó Rosina Conde en la Mesa de Escritoras de la Frontera Norte de México. 

Ciudad Juárez, Chihuahua, 25 de mayo (SinEmbargo).- “Desde todas las plataformas de las que disponemos, nos seguiremos manifestando contra el patriarcado en la industria editorial”. Ese fue el mensaje con el que inició la Mesa de Escritoras de la Frontera Norte de México.

Después de leer fragmentos de sus textos, Rosina Conde y Sylvia Aguilar Zéleny hablaron sobre las formas en que han dado cara a un ámbito, el literario, aún controlado por hombres.

“Escribir es un acto político. Desde el instante en que todas nosotras decidimos escribir y luego comenzar a mover el texto para que se publique, hay un paso. En los últimos años, algo que ha fortalecido mi trabajo como escritora ha sido estar en mesas como estas, compartir con otras escritoras”, dijo Aguilar Zéleny, autora del libro Basura.

“Las escritoras tenemos un diálogo, nos escuchamos, nos decimos cuando el texto no va o cómo debe ir. Cuando empecé a escribir, recuerdo que quería tener un personaje masculino, pues eso iba a dar el cambio y así me iban a dejar ser escritora. Cuando entendí que yo podía escribir de lo que yo quería escribir, sobre las mujeres, mi escritura tomó otro rumbo”, explicó desde la Feria del Libro de la Frontera.

Señaló que “las denuncias de feminicidios y acoso han servido para construir el discurso de “¡ALTO!” a invisibilizar el trabajo de las mujeres”.

Por su parte, Rosina Conde contó que desde muy chica se movió “independientemente del mundo masculino”.

“Viví en una familia atípica en la que mis papás nos educaron igual a hombres y mujeres. Nos hicieron creer que éramos iguales. Digo que nos hicieron creer porque cuando salí de mi casa y me fui a la Ciudad de México, me enfrenté al mundo laboral y universitario y me di cuenta que no era cierto: no teníamos las mismas oportunidades. Por eso asimilé y tomé consciencia sobre la escritura”, narró.

“Después de que me di cuenta lo difícil que era leer a las mujeres, decidí que me iba a dedicar a la escritura como oficio y creé una editorial independiente, donde comencé a escribir a autores que estaban fuera del canon. Hasta la fecha, a mí las editoriales comerciales no me publican. No me publican porque soy escritora feminista, porque escribí sobre menstruación, sobre el aborto y el cólico menstrual… Les parecía que yo hablaba de cosas sucias”, dijo.

Cristina Rivera Garza, autora de Nadie me verá llorar, dijo que hoy aún es difícil leer escritoras. “Se ha dicho que ahorita se están publicando muchas mujeres, pero hay datos que muestran que eso no es cierto. Las editoriales del Estado aún publican más hombres que mujeres”, denunció.

“Recomiendo que lean mujeres. Busquen a mujeres. Siempre acusan a las mujeres de que quieren que lean por género y no por la calidad de la escritura, yo lo que creo es lo contrario: los que leen por género son los varones, los que leen a hombres por ser hombres. Lean a hombres y mujeres por igual. No nos dejen de lado”, pidió.