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María Rivera

25/05/2022 - 12:03 am

No ha acabado

“Lamentablemente, como decía, el virus seguirá entre nosotros, mutando, esa es la verdad. Mientras contemos con la suerte de que la vacunación tenga efecto, los gobiernos del mundo podrán seguir administrando la crisis (…)”.

“(…) la gente, comprensiblemente ansiosa de recuperar la vida, está dispuesta a creer, incluso, que la pandemia ya terminó, olvidándose de las medidas de protección”. Foto: Edgar Negrete, Cuartoscuro

Pues no, parece que este año no saldremos de la racha que comenzó con la pandemia, querido lector, la nueva ola del COVID ya está entre nosotros y aunque la vacunación disminuyó la letalidad de la enfermedad, las nuevas variantes de Ómicron que actualmente se transmiten en el mundo retan la eficacia de los biológicos, así como la inmunidad, incapaces de frenar los contagios.

Ni el clima, ni la inmunidad, natural o inducida, han evitado que el virus continúe causando picos epidémicos en distintos países, previamente azotados por las distintas variantes, en un par de meses. Si algo sabemos ya, es que la inmunidad de rebaño es imposible, y que las poblaciones no gozarán de inmunidad duradera, ni a través de ella seremos capaces de detener el avance del virus. Las vacunas, por desgracia, no evitan la transmisión y por ello estaremos continuamente expuestos al contagio. Ante este fatal escenario, la asunción de que todos nos terminaremos contagiando, es la prueba más fehaciente del estrepitoso fracaso de los gobiernos, y sus políticas irresponsables desde que comenzó la pandemia.

Debido a ellas, millones de personas se contagiarán, una y otra vez, como estamos ya viendo en el mundo, convencidos de que será benigna la enfermedad, sin tener conciencia de que incluso personas sanas que cursen con enfermedad aparentemente “leve” podrían desarrollar graves secuelas, patologías silenciosas como micro coágulos capaces de afectar el cerebro, el hígado o el corazón; presentar una enfermedad grave aún estando vacunados, o dañar su sistema inmune, infección tras infección, sin enterarse.

Y es que hay que decirlo muy claramente: las personas con diversas enfermedades, las metabólicas entre ellas, muy extendidas en el mundo, siguen siendo vulnerables de desarrollar una enfermedad más grave, aun estando vacunados y deberían evitar exponerse a la ruleta rusa del COVID. Por ello, las medidas de protección como el uso de cubrebocas en espacios cerrados no deberían ser retiradas porque nos ponen en riesgo a todos, pero especialmente a los más vulnerables. El discurso, de tipo fascistoide, de que las siguientes olas serán “leves”, no implica que la gente no enfermará severamente ni morirá, solo que serán menos personas, lo cual es un consuelo inadmisible como política pública.

Aún estamos lejos de conocer los efectos a largo plazo de la infección por COVID, producidas por las distintas variantes del virus en el cuerpo humano, aunque la ciencia poco a poco va descubriendo que el virus produce una enfermedad sistémica que no cede en la fase aguda, aunque lo aparente. Es muy probable que en los próximos años veamos muchos de sus efectos, sin poder siquiera relacionarlos, en principio, con el COVID persistente, como parece estar sucediendo con la hepatitis fulminante que este año ha atacado a niños en todo el mundo. Lo preocupante, además de la enfermedad misma, es la política de negación que gobiernos y medios promueven entre la gente, esparciendo mentiras tranquilizadoras como que el covid es una leve gripa, que se volverá endémico, que se concentrará en los meses invernales, etc..

Nada de esto es así, por supuesto, pero la gente, comprensiblemente ansiosa de recuperar la vida, está dispuesta a creer, incluso, que la pandemia ya terminó, olvidándose de las medidas de protección. Por su parte, a los políticos les urge cerrar el capítulo para establecer una falsa narrativa de éxito al enfrentar la pandemia, como es el caso del Gobierno de la Ciudad de México, una de ciudades más golpeadas por el virus debido a su catastrófico manejo.

Lamentablemente, como decía, el virus seguirá entre nosotros, mutando, esa es la verdad. Mientras contemos con la suerte de que la vacunación tenga efecto, los gobiernos del mundo podrán seguir administrando la crisis, que es lo que realmente han hecho desde que surgió el virus, a costa de la salud y la vida de millones. Su terrible manejo en un inicio, posibilitó que hoy, dos años después, millones de personas se estén infectando rutinariamente, poniendo en riesgo su vida y su salud. La decisión de muchos de ellos de retirar las medidas de protección, solo causará un alza en los contagios y el desarrollo de covid persistente, sin que muchos países cuenten con una infraestructura de salud capaz de atender la emergencia.

México, lo sabemos, no tiene ninguna previsión para ello. No hay ningún programa específico, ni clínicas especializadas para atender a quienes desarrollen la versión larga de la infección y prácticamente no hay información pública sobre los riesgos, su prevalencia, etc… La Secretaría de Salud, así como el gobierno, han asumido que la pandemia terminó y que la vieja normalidad será posible, en una muestra más de ese catastrófico pensamiento mágico que nos trajo hasta aquí.

Por ello, querido lector, mejor sígase cuidando, use su cubrebocas, la pandemia aún no ha acabado.

María Rivera
María Rivera es poeta, ensayista, cocinera, polemista. Nació en la ciudad de México, en los años setenta, todavía bajo la dictadura perfecta. Defiende la causa feminista, la pacificación, y la libertad. También es promotora y maestra de poesía. Es autora de los libros de poesía Traslación de dominio (FETA 2000) Hay batallas (Joaquín Mortiz, 2005), Los muertos (Calygramma, 2011) Casa de los Heridos (Parentalia, 2017). Obtuvo en 2005 el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes.
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