“Al menos desde Jorge Luis Borges, aunque suene redundante decirlo, los escritores somos más lectores que autores y muchos hemos crecido en sociedades totalitarias y claustrofóbicas. Los libros han constituido siempre la posibilidad de ser otros, de estar en otros sitios”, dice el joven autor argentino, quien ha derretido a la crítica y a los lectores con su reciente novela No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles, un tratado que explora las relaciones entre la literatura y la violencia política a lo largo de la historia.

 

El autor argentino presenta No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Foto: Especial

El autor argentino presenta No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Foto: Especial

Ciudad de México, 25 de junio (SinEmbargo).- No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (Literatura Random House), del argentino Patricio Pron, es una novela sobre el pasado que repercute con fuerza inusitada sobre el presente, además de evocar en forma a veces no tan sutil la literatura del chileno Roberto Bolaño (1953-2003), de la que el joven escritor nacido en Rosario en 1975 reconoce ser gran admirador.

Tal vez con la sombra de La literatura nazi en América, la duplicidad de la poeta Cesárea Tinajero (Los detectives salvajes) convertida en un escritor ficticio llamado Luca Borrello y que murió a fines de la Segunda Guerra Mundial y el paradigma que instituyó Bolaño en 2666 en torno a todo lo que puede pasar en un Congreso de Escritores (así, con mayúsculas), Pron construye su historia con grandes referencias literarias.

Después de todo, ya ha demostrado en el anterior impulso enciclopédico conocido como El libro tachado (un compendio de textos interrumpidos por la censura, el robo y el plagio, editado en 2015 por Turner) cuánto le interesa al también autor de la formidable El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (Mondadori) reflexionar a partir de la literatura sobre el mundo contemporáneo.

Lo que en Bolaño se deslinda por la descripción cruda y dura de la violencia social, en Pron es la violencia política –y su discutible pertinencia- lo que brilla como la gran pregunta de la historia, sobre todo por la convicción del joven escritor en el sentido de que la Segunda Guerra Mundial no ha concluido y, por el contrario, “algunas de sus manifestaciones de mayor relevancia se extendieron hasta tiempo después e incluso afectan a nuestras instituciones todavía hoy”, según afirmó en una entrevista con Edu Galán para eldiario.es

Allí, ante la pregunta de si eran más importantes los autores que los textos, Pron respondió: “Los textos, siempre lo han sido. Tengo interés personal por conocer a los escritores que son importantes para mí y tengo relación de amistad con muchos autores, pero los textos son los que nos permiten que se nos disculpen decenas de errores y dislates que cometemos diariamente”.

Encontramos a Patricio en Madrid, en ocasión de entregarse en la capital española el Premio Alfaguara al también argentino Eduardo Sacheri. La ocasión sirvió para que en una larga entrevista, el autor confesara sus obsesiones literarias, algunas de las cuales también cobraron la forma de imágenes en una muestra llevada a cabo en la librería madrileña Tipos Infames, sobre el proceso de escritura de No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles.

Sinopsis: El Congreso de Escritores Fascistas Europeos iba a celebrarse durante tres días de abril de 1945 en el norte de Italia, pero solo duró uno. Treinta años más tarde, sus supervivientes se ven obligados a recordar. ¿Por qué el Congreso terminó tan precipitadamente? ¿Quién fue el escritor Luca Borrello y en qué creía? ¿De qué forma su vida está relacionada con la de un partisano? ¿Qué vínculo hay entre este último y el hombre que interroga a los asistentes al Congreso? ¿Dónde está la obra perdida de Borrello y en qué se vincula con la decisión que alguien debe tomar en 2014, en medio de las revueltas de Milán contra la reforma laboral, acerca de la legitimidad de la violencia?

–No es inocente un libro como No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles, salido en medio de la gran crisis europea

–En absoluto, aunque agregaría que no hablo solamente de Europa sino también de todas esas sociedades post-autoritarias que también existieron en América Latina. En Colombia fue publicada, por ejemplo, antes que en España y la novela repercutía a nivel nacional entre los lectores. La novela habla del pasado europeo y lo hace sin embargo para hablar también de América Latina, la cuestión de la responsabilidad individual en contraposición a la idea de la culpa colectiva, la pertinencia o no de la violencia como herramienta de transformación política y sobre todo los vínculos entre la literatura y la política que son los temas que posiblemente sean también interesantes para el lector hispanoamericano. Yo pensaba, como bien decías al principio, que esta era una novela solamente sobre el pasado europeo, pero el hecho de que resuene en otras regiones no estaba en mis planes.

–Es cierto que literatura y política en este caso y en tu libro tienen una gran deuda con el azar que puede definir nada más ni nada menos que el destino de una nación

–Efectivamente, hay un gran componente azaroso, también en la forma que trata el tema. Yo tenía la impresión antes de escribir la novela que ésta consistía en una especie de objeto rodeada de una especie de vacío marginal, un objeto poliédrico, de muchas caras. Debía escribir el libro para comprender yo mismo las caras de ese poliedro. La superposición de estas caras permite obtener una imagen definitiva de ese objeto. Lo que descubrí que en realidad determinadas preguntas que se hacen los personajes en determinados contextos históricos repercutían de forma muy particular en hechos que se producían mientras se estaba escribiendo la novela.

–También hay nostalgia por una época en que el pensamiento y el debate de ideas todavía importaban, todavía definían gran parte de la realidad

–Sí, absolutamente. Ahora bien, en ese contexto donde la literatura recupera una naturaleza política que le había sido arrebatada en otros periodos históricos, adquiere también un carácter de resistencia, también se convierte en una especie de discusión sobre temas a partir de los cuales emerge un concepto de lo que podríamos denominar una inteligencia colectiva. No sólo se trata de una relación vertical con el lector, hacia el que se arroja desde un púlpito algunas “verdades”. Siempre he pensado incluso en mí como un escritor que forma parte de una comunidad en cuyo marco el autor tiene la tarea específica de alentar discusiones, siendo sencillamente un par del lector. Leer y escribir como una experiencia colectiva.

Patricio Pron nació en Rosario, Santa Fe, Argentina y vive en Madrid. Foto: Especial

Patricio Pron nació en Rosario, Santa Fe, Argentina y vive en Madrid. Foto: Especial

–Esta imprecación de no derramar lágrimas parece ser un reclamo a esa Europa que ha escondido durante mucho tiempo la basura bajo la alfombra y ante la crisis de refugiados en pleno corazón del continente se hace la sorprendida

–Sí. Se tiende además de considerar la violencia como una amenaza exterior sobre Europa cuando es evidente que la sociedad está presidida por la violencia. Toda la sociedad, tanto la europea como la latinoamericana, donde la violencia por cierto es más evidente. Los tres personajes de la novela descubren en distintos momentos de la historia que la violencia permea el contexto político. La violencia siempre está, sólo cambia de rostro.

–La violencia motivada además por un sentido de supremacía, donde siempre está el poder en juego y en ese juego no entra el hombre común

–Y un juego que se hace cada vez con más sutileza. En el País Vasco me pedían constantemente una postura frente a la violencia política, algo que se me hace imposible, en buena medida además porque no me parece importante qué pienso yo, sino más bien qué piensa el lector, tras la lectura del libro, de ese tema. Los tres periodos históricos que se narran en la novela dan cuenta de tres tiempos diferentes de articulación de la violencia en una sociedad determinada. El último de ellos, el actual, narra una violencia que ya no se ejerce desde un Estado totalitario, sino desde los poderes económicos que tienen en los partidos tradicionales europeos una herramienta. Para quien ha perdido su casa recientemente, como le ha sucedido a miles de personas en España, para quien pierde su trabajo y carece de posibilidades para obtener otro, para quien no puede ir a la universidad, padece la misma violencia de otras épocas. Los que somos más afortunados tendemos a no ver esa violencia y la novela, efectivamente, es un recordatorio de la violencia que está presente en toda la sociedad.

–Otra cosa es el tiempo. No ha terminado el nazismo porque se haya muerto Hitler, por ejemplo

–Ese es un tema central del libro, la percepción errónea que se tiene en general de que los acontecimientos históricos terminan en una fecha determinada. La idea de que la Dictadura en Argentina culminó el 10 de octubre de 1983 es errónea y soslaya los muchos elementos totalitarios que permean esa sociedad aún hoy y el esfuerzo enorme de decenas de actores políticos para por ejemplo enjuiciar efectivamente a los principales responsables.

–Si Argentina, que es ejemplo en materia de derechos humanos sólo ha podido juzgar al 20 por ciento de los militares responsables de la llamada Guerra Sucia, no quiero ni pensar en Guatemala o Chile…

–O la enorme cantidad de responsables civiles que fueron dejados de lado en los procesos de “desnazificación” de Alemania, sin mencionar a una sociedad como la italiana que ni siquiera llevó a cabo estos procesos. La complicidad del fascismo en Italia y la democracia posterior es absoluta. No ha sido evaluado en Argentina el lazo entre los grandes poderes económicos y los militares que gobernaron en los ’70 en dicho país. Es mucho más tranquilizador creer que las épocas culminan en determinado momento con un cambio de régimen que se produce de la mañana a la noche.

Patricio Pron y una novela sobre el pasado europeo que repercute en el presente del mundo. Foto: Especial

Patricio Pron y una novela sobre el pasado europeo que repercute en el presente del mundo. Foto: Especial

–Entonces también podemos encontrar algunos lazos de esta novela con aquella dedicada a los padres

–Bueno, yo pensaba que no tenían nada que ver el tema de la violencia política con el del pasado que no pasa, que no culmina, sin embargo todo eso aparece en No derrames tus lágrimas…y también aparece esa indagación de cómo la literatura ha sido cómplice en distintos momentos de la historia de la violencia política. Una indagación que como bien sabes parte de la obra de Roberto Bolaño y que cuenta cómo la literatura proyectó hacia un cono de sombra a ciertos autores cuyas ideas adhirieron al nazismo, al fascismo y que quizás merezcan ser reevaluados, para definir si hay que analizar los textos por la moral de sus autores o por la moral misma de los textos. Es un asunto que me interesa mucho.

–Sobre todo porque no necesariamente escritores fascistas escribieron textos fascistas. Ahí tienes el caso de Ezra Pound, cuya poesía es sublime

–Exactamente. Se produce la paradoja de que movidos por una misión moral que le correspondería a la literatura tendemos a despreciar a ciertos textos escritos por autores que adhirieron a ideas nefastas. No hace falta aclarar en este punto que no soy fascista. Mi interés era analizar este tema que nos influye. Autores como Pound, Louis-Ferdinand Céline, Curzio Malaparte, por no hablar de los futuristas que fueron brillantes, nos llevan a leer a aquellos autores con cuyas ideas políticas simpatizamos pero que producen textos conservadores y casi reaccionarios en sus formas literarias.

–Aunque es bueno saber que la nueva novela de Mario Vargas Llosa no está tan buena…él es sin duda nuestra gran contradicción en el continente

–Sí, es verdad que nadie puede decir que era un mal escritor, pero es cierto que en su cumpleaños había más políticos que escritores. Y varios de esos políticos que fueron al cumpleaños de Mario Vargas Llosa merecerían ser enjuiciados por delitos de guerra, sin mencionar, claro, los delitos económicos. En él se refrenda la leyenda que muestra que cuando los escritores se acercan al poder quedan escaldados, aniquilados. Una advertencia que tiene su manifestación en los futuristas, los primeros en prestarse a ese juego. Si no hubiéramos desoído esa advertencia no hubiéramos tenido por ejemplo el caso Heberto Padilla en Cuba, pero cometemos una y otra vez el error.

–No sólo la relación literatura-política, sino la relación literatura-mercado

–Bueno, la relación entre literatura-mercado se da en el hecho de que esos productos masivos para el consumo, pretendidamente a-políticos, establecen sin duda una posición política del mercado y, por ende, del poder.

–Eres lo que llaman “un bolañito”, tal como lo demuestra tu reciente novela y no te pesa

–No, no sólo no me pesa, sino que autores que ponen el listón tan alto constituyen un aliciente y mi desafío al escribir No derrames tus lágrimas…era redoblar la apuesta de Bolaño, es decir, escribir un libro cuyos autores fascistas y nazis fueran reales. De tal forma que yo careciese de la libertad que tuvo Bolaño al escribir La literatura nazi en América, pero al ritmo de los hechos narrados pudiese yo, con mayor documentación a la mano, que no es necesario ficcionalizar las cosas, puesto que las cosas existieron efectivamente.

–Tengo para mí que tu real obsesión es la literatura, más que la política. Que todos tus libros tienen como motivación y destino la literatura en sí. ¿Es así?

–Absolutamente. Es así. Al menos desde Jorge Luis Borges, aunque suene redundante decirlo, los escritores somos más lectores que autores y muchos hemos crecido en sociedades totalitarias y claustrofóbicas. Los libros han constituido siempre la posibilidad de ser otros, de estar en otros sitios. Algunos hemos seguido el canto de sirena de los libros y hemos vivido en los sitios donde los libros que nos interesaban habían sido escritos. La literatura siempre ha sido la mejor parte de mi vida y es la única parte que me interesa.