Francisco y Alejandra ahorraron 10 años para comprar su departamento en el edificio ubicado en la calle Emiliano Zapata, número 56, colonia Portales Sur, en la Delegación Benito Juárez, Ciudad de México. El pasado 19 de septiembre, el inmueble de seis pisos no aguantó la sacudida del sismo y en su derrumbe murieron dos mujeres.

La joven pareja llegó a habitar el departamento apenas en marzo pasado y señala que el primer inquilino llegó en enero de este año. La constructora Canada Building Group, reclaman, se ha limitado a enviarles un comunicado en el que “se lavó las manos” bajo el argumento de que cumplió con el reglamento y con la calidad de los materiales.

“El sismo tuvo unas características únicas en la historia, pero ¿por qué el edificio de al lado, que está sobre el mismo tipo de suelo, que tiene el mismo tiempo que este, no tiene ni una grieta? Son cosas que te hacen pensar mal. La constructora no se aparece, no tenemos comunicación con ellos […]. Al final de cuentas, la constructora no está sola, se supone que la Delegación tiene una responsabilidad y si hay algo mal, se equivocó tanto la empresa, como las autoridades”, acusa la joven mujer.

Ciudad de México, 25 de septiembre (SinEmbargo).- Años de trabajo y ahorro quedaron reducidos a un montón de escombros. Alejandra y Francisco trabajaron durante años para comprar su primer hogar y amueblarlo, pero la tarde del 19 de septiembre, la tierra se sacudió y derrumbó aquel sueño.

La joven pareja habitaba el departamento 104, una de las 24 viviendas con que contaba el edifico de 6 pisos en la calle Emiliano Zapata número 56, colonia Portales Sur, en la Delegación Benito Juárez, Ciudad de México.

Francisco y Alejandra ahorraron durante una década para realizar el enganche del departamento y amueblar. “El fruto de 10 años de trabajo se quedó allí dentro. Por suerte hemos tenido apoyo de familiares y amigos, pero no tenemos dónde vivir, perdimos nuestra casa, nuestro patrimonio, absolutamente todo. Nuestro departamento desapareció, quedó debajo del escombro de seis pisos”, dice consternada mientras señala la montaña de tierra, concreto y unicel.

“Tenemos planeada la boda religiosa y la fiesta para el 7 de octubre, todas las cosas están allá dentro: el traje de Francisco, sus zapatos, el alcohol […] y todo nuestro patrimonio”, recordó con nostalgia.

La construcción fue realizada por Canada Building Group, empresa que vendió el proyecto como sustentable, resistente y de alta tecnología.

Alejandra cuenta a SinEmbargo que sobre su departamento, con un costo de 2 millones 780 mil pesos, cayó la totalidad de los pisos, aquel que apenas en marzo de este año, o sea, hace 6 meses, les fue entregado y por el que mes a mes pagaban 20 mil pesos mediante un crédito otorgado por Scotiabank e Infonavit.

“En enero se entregó el primero, o sea, el edificio no tenía ni un año habitado. Tengo entendido que el término de la obra se dio entre junio y julio del año pasado. Cuando compras una propiedad nunca te imaginas que algo así pudiera ocurrir, mucho menos cuando es nueva”, señala.

La constructora Canada Building Group, recuerda, presumió que ya había desarrollado cuatro edificios más en la misma Delegación administrada por el panista Christian von Roehrich de la Isla.

Alejandra y Francisco: 10 años de ahorro derrumbados y en la incertidumbre. Foto: Ivette Lira, SinEmbargo

Labores en el edificio de condominios que se colapsó. Foto: Cuartoscuro

Hasta ahora, a casi una semana del fuerte sismo, que hasta el momento ha dejado 186 muertos,  la empresa se ha limitado únicamente a enviar una carta a los residentes en la que -de acuerdo con Alejandra- “se lavó las manos”.

El mail enviado a las familias que hoy se encuentran en el desamparo señala, entre otras cosas: “este caso fortuito es un suceso frente al cual no se puede hacer nada, ya que frente a fenómenos geológicos, humanamente no es previsible ver su futuro resultado. Por tal motivo, nos unidos a su dolor y a las pérdidas económicas que hayan sufrido por este temblor (sic)’’.

La empresa asegura además que la construcción fue desarrollada en apego a la reglamentación vigente, la cual ha sido modificada y endurecida a partir de 1985, cuando el terremoto cobró la vida de más de 10 mil personas.

“Fundamentalmente queremos darles a conocer que la construcción del condominio que usted ocupa y reside fue edificado y construido conforme a reglamentos y leyes anexas que los rigen y que los materiales utilizados por la compañía fueron de la calidad óptima y exigible por las normas vigentes (sic)’”, se lee.

Pero, Alejandra recuerda que en los últimos días, una serie de cuadrillas de especialistas por parte de instituciones educativas como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Politécnico Nacional (IPN), además de ingenieros del Ejército, han visitado las ruinas del inmueble y “coinciden en que el simple hecho de que un edifico con menos de un año se haya colapsado no está bien, no es normal”.

La joven lamenta que “por responsabilidad de las autoridades y la constructora”, dos mujeres, quienes realizaban labores domésticas en el condominio el día del movimiento telúrico, hayan perdido la vida. Los rescatistas solicitaban los planos del inmueble, pero los documentos ahora se encontraban bajo tierra. Como pudieron, los vecinos apoyaron realizando dibujos para facilitar las labores.

“El sismo tuvo unas características únicas en la historia, pero ¿por qué el edificio de al lado, que está sobre el mismo tipo de suelo, que tiene el mismo tiempo que este, no tiene ni una grieta? Son cosas que te hacen pensar mal. La constructora no se aparece, no tenemos comunicación con ellos […]. Al final de cuentas, la constructora no está sola, se supone que la Delegación tiene una responsabilidad y si hay algo mal, se equivocó tanto la empresa, como las autoridades”, reclama.

Para ayudar en las labores de rescate, varios vecinos realizaron dibujos de cómo eran las plantas y cómo estaban diseñados los departamentos. “Estuvimos aquí durante la madrugada para reconocer muebles u objetos que pudieran darles pistas […]. Estamos hablando de dos vidas y eso no puede quedar así “, advierte Alejandra.

Por ahora, la pareja realiza trámites para saber si Scotiabank podría cubrir o no parte de la reconstrucción del patrimonio.

Ale y Paco, como son llamados por la gente que los quiere, están agredecidos porque si lo ocurrido hace una semana se hubiera dado en el temblor del 9 de septiembre que fue por la noche, cuando todos los vecinos se encontraban en casa, “no lo hubiéramos contado. Nuestro departamento se cayó todo, no hubiéramos salido vivos”, comenta la joven.

Por el momento, no han definido si el plan de la boda continuará, ya que sólo cuentan con el vestido que se encuentra en la tienda y el salón. “En momentos decimos que no y en otros que sí, no sabemos. Queremos hacerlo a manera de celebrar que estamos aquí, que estamos vivos, que estamos juntos y que nuestra familia está bien, que sea un parteaguas para todas las cosas difíciles que vienen”, explica Ale.